Espartaco: «Ojalá pudiera poner de pie a todos los toros que he matado»

Espartaco: «Ojalá pudiera poner de pie a todos los toros que he matado»
EFE
Juan Antonio Ruíz Espartaco. Torero

«La fama nos perjudicó, si fuéramos anónimos mi mujer y yo ni nos habríamos divorciado, se dicen muchas cosas en caliente y eso luego se paga»

ARANTZA FURUNDARENA

Ahora que los animales son reconocidos como seres vivos sensibles, Espartaco confiesa que ha sufrido matando toros que consideraba amigos... «La muerte es muy difícil defenderla», reconoce. Pero él sigue apoyando que el toro bravo debe morir en la plaza.

Una reciente visita de Espartaco al Club Cocherito de Bilbao sirvió para descubrir que el célebre matador es un consumado monologuista... Contando anécdotas no tiene rival. Cortó las dos orejas y el rabo y dejó al respetable llorando de risa. A sus 55, dos años después de cortarse la coleta, el que fuera primera figura intenta explicar en esta entrevista su amor al toro, y explicarse a sí mismo la peor cornada de su vida: su divorcio.

¿Cómo mata el tiempo un matador retirado?

–Echando muchas horas en el campo. Y los fines de semana que ellos pueden, con mis hijos. Antes uno era artista y torero y ahora es un trabajador. Estoy en la lucha continua. Me faltan horas. Hay días que se me olvida hasta comer.

¿Más ‘cornás’ da la ganadería de bravo?

–Sí, más que el toreo. La mayor parte de mi ganadería es de carne, pero tengo una punta importante de ganadería brava con la que pierdo dinero. Para un toro que va a la plaza, tienes que mantener a diez de su generación. Pero como les digo a mis hijos, no le pidamos al toro muchas ganancias que bastante nos ha dado.

Como ganadero de carne, los veganos le caerán fatal...

–No tengo ninguna antipatía por ellos. La gente tiene que ser como es, tener esa pureza interior. Lo que sí me gustaría es que ellos me respetaran también.

¿Tiene mono de toro Espartaco?

–No, de verdad que no. Toreo de vez en cuando en el campo, en algún festival... Si volviera no sería justo conmigo mismo ni con el público, porque no podría estar a la altura de las circunstancias. Y siempre he sido muy responsable.

¿Se siente parte de un mundo que se desmorona?

–Es verdad que el mundo del toro vive momentos difíciles. Hoy es totalmente desconocido. Y a la gente que nada más ve la sangre en las corridas de toros cuesta explicarle lo que pasa en un ruedo, porque la muerte es muy difícil defenderla.

Pero usted la defiende.

–Si a mí me aseguraran que todos los toros y los animales en general iban a vivir para toda la vida yo lo firmaba. Pero eso en la naturaleza es imposible. Si tienen que morir en el matadero o en otras situaciones, yo defiendo que el toro bravo muera en la plaza. El amor y el respeto que le tenemos los toreros al toro es increíble. Pero yo también respeto a los antitaurinos, porque entiendo que desde su punto de vista lo ven como lo ven.

¿No entra al trapo ni cuando le llaman asesino?

–No, porque cuando las personas no conocen lo que están diciendo son perdonables. A los antitaurinos siempre los invito al campo. Me gustaría que a la gente se le abrieran las puertas de la dehesa. Dejarían de vernos a los toreros como bichos raros, gente capaz de maltratar a un animal. Yo ahora más que torero me siento protector del toro bravo.

Y eso que con la espada era infalible.

–He sido bueno. Y me ha costado muchas veces matar a un toro, no se crea... Porque al toro siempre lo he tenido por un amigo. Es muy difícil entender cómo matas a un amigo que te ha dado tanto. Ha habido momentos en los que al toro hubiera querido indultarlo. Ojalá yo pudiera poner de pie a todos los toros que he matado. Me han dado tantas cosas bonitas...

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