Esperando por la Cosechona

María Cardín, directora comercial del Grupo El Gaitero y Samuel Trabanco que defiende que es el momento de definir «qué sidra es asturiana y cuál no».
María Cardín, directora comercial del Grupo El Gaitero y Samuel Trabanco que defiende que es el momento de definir «qué sidra es asturiana y cuál no». / DAMIÁN ARIENZA

Llagareros y productores auguran una campaña de manzana similar o mejor que la de 2015 con la mirada puesta en el futuro del sector

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

En tres o cuatro semanas comenzará la recogida de la manzana de sidra en Asturias, una campaña que tanto llagareros como cosecheros prevén importante en cuanto a cantidad de frutos y también en calidad de los mismos. Dos factores parecen jugar a favor: la climatología en estos últimos meses de maduración y el fenómeno conocido como 'vecería', que afecta a distintas variedades pomológicas y que vendría a resumirse en que, si un año hay escasez de frutos, al siguiente tocaría abundancia. La temporada de 2016 no fue especialmente buena y, si se cumple la regla del año par escaso, en la campaña que está a punto de comenzar, lo esperable es una cosechona.

Cuando se sondea a los profesionales del sector hay unanimidad. «Sabemos con un porcentaje de garantía muy elevado que va a haber una cosecha grande, similar a la de hace dos años, y la ventaja de ahora es que la manzana parece más sana, la climatología la favoreció», explica Celestino Cortina, gerente de Sidra Cortina Coro y presidente del Consejo Regulador de la Denomiación de Origen (D. O.) Sidra de Asturias.

Tino Cortina, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Sidra de Asturias / DAMIÁN ARIENZA

De la misma opinión es Samuel Trabanco, responsable de Sidra Trabanco: «Si la de hace dos años fue 'la del siglo', esta por ahí se anda y no solo en cantidad, sino en calidad». Aún así, el llagarero de Lavandera se muestra prudente: «Habría que esperar hasta que tenga la maduración completa para confirmarlo».

Por su parte, María Cardín, directora comercial del Grupo El Gaitero y miembro del Consejo Regulador de la D. O., aventura igualmente que la cosecha «puede ser importante, como la de hace un par de años. El tiempo de verano la hizo crecer bastante, a ver qué sucede en el último tirón», señala.

La cosechona de 2015 suena en labios de los llagareros como una referencia en volumen de producción y, aunque se superaron los 15 millones de kilos, los resultados no fueron tan positivos, como detalla Cortina: «Sobró muchísima manzana, los llagares nos llenamos, hubo quienes respondieron de forma correcta con los cosecheros y otros que no. Nosotros hicimos un esfuerzo en mayar toda la manzana comprometida». Ese es el temor que expresa el representante del sector cosechero, Álvaro Juan Menéndez, presidente de los productores agrupados en la cooperativa Campoastur y que se declara «pesimista», porque, «con la cosechona, no se pensaba que iba a haber tanto y se trajo manzana de fuera, mientras la de aquí se pudría. Temo que vuelva a pasar», apunta.

Diego Agüera, gerente de Sidra Cabueñes. / DAMIÁN ARIENZA

El precio del fruto es otro asunto que inquieta a Menéndez: «Me preocupa que se pueda aprovechar el que haya más manzana para pagarla menos» y es que, en su opinión, «hay una guerra a la baja. No todos los llagares entran en ella, pero, al competir en igualdad de condiciones, quien lo hace mal arrastra al que lo hace bien».

A pesar de lo expresado por el cooperativista de Campoastur, las empresas elaboradoras son conscientes de la inquietud de los productores por el destino de sus cosecha, tal como recuerda Cardín, de El Gaitero: «Hasta hace dos años solo comprábamos a los proveedores habituales. Tuvimos que abrirnos a más porque las manzanas se quedaban en las pumaradas». Samuel Trabanco habla de la experiencia de su llagar: «Mis proveedores son los de siempre y sé lo que produce cada uno. Eso es lo que les compramos al precio pactado. Con previsión no hay problema». La buena gestión de la cosechas es clave para otro elaborador, el gijonés Diego Agüera, gerente de Sidra Cabueñes: «Hay mucha manzana y no creo que vaya a repercutir en los precios. El asunto va a ser cómo gestionarla, no va a ser fácil». Y es que la campaña depende, a su juicio, de otro factor externo, el tiempo, en sus dos acepciones: «Si hay malas condiciones, hay que recoger con prisa y eso perjudica a la calidad de la manzana». Un hecho contra el que poco se puede hacer, remarca con ironía Agüera, ya que «el tiempo, de momento, no lo controlamos».

El fenómeno de la 'vecería', en cambio, sí admite la intervención en su control. Así opina Celestino Cortina: «Es un reto pendiente y en la D. O. intentamos darle respuesta con formación. Si en Asturias se hubiera corregido, no tendríamos que buscar la manzana fuera». Aunque María Cardín es bastante más positiva: «Sigue habiendo pumaradas antiguas sin atender, pero aumentan los profesionales y el rendimiento mejorará».

Álvaro Juan Menéndez, representante del sector cosechero. / DAMIÁN ARIENZA

En el horizonte de todos estos retos está el futuro de la sidra y la manzana asturianas en la Denominación de Origen. La reciente incorporación de más de cincuenta variedades a la marca ha animado a más llagares a sumarse, entre ellos Trabanco. Su gerente lo ve así: «Hasta hace poco, solo era susceptible de D. O. el 10% de la manzana de Asturias. Eso ya no es así, prácticamente toda la que se recolecta puede acogerse a la denominación». Él parece tenerlo claro: «Acabo de incorporarme y, si en dos años viese que se pueden alcanzar los kilos necesarios, sacaría toda la sidra con denominación». Para Trabanco es ahora el momento de «definir claramente qué sidra es asturiana y cuál no, sin trampas». Cortina, como presidente del Consejo Regulador, cree que «el futuro pasa por la D. O., aunque queda mucho por hacer». En el último año la producción bajo el sello obtuvo cifras record: 1,9 millones de kilos de manzana y un 10% más de ventas.

María Cardín relaciona la apuesta por la especificidad de la marca con la comercialización exterior: «Hay mercados que lo valoran mucho, igual no el asturiano, pero en el mundo sí. Nuestros clientes exigen conocer la trazabilidad de los productos». Y Diego Agüera defiende que el futuro del sector también está en casa: «Habría que extender la cultura de la sidra. No hace falta ir a China. Con llegar a Tapia ya estaría bien».

Para el cosechero Álvaro Juan Menéndez la D. O. ofrece un panorama halagüeño e insiste en su temor por el precio: «Hay manzana para satisfacer la marca y se abren grandes expectativas, pero quedarían minadas si se tiende a la baja». María Cardín ve un clima favorable para el diálogo entre sectores: «Cada vez nos entendemos mejor las partes implicadas, dialogamos más, nos escuchamos», algo que hasta ahora no parecía posible, y es que «Asturias es una potencia mundial en sidra. Tenemos que trabajar todos en la misma dirección. Si no, al final, se anulan las fuerzas», remarca.

La respuesta de los consumidores y su aprecio de la calidad es esencial -coinciden todos los consultados- para asegurar el futuro de nuestra sidra. Lo expresa Samuel Trabanco con claridad: «Si al final el consumidor dice que quiere la sidra más barata porque para él es buena, entonces ya el último que apague la luz. No hay más que hablar».

Aunque el aumento de las ventas de la D. O. en 2016 invita a un moderado optimismo, lo que sí parece claro es que la cosechona previsible de este año dará unas cuantas miles de toneladas para ello. Eso sí: si el tiempo -nuestro imprevisible clima asturiano- no lo estropea.

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