«Esti partido voy velu por narices»

Raúl Otero prepara el autobús del Sporting que hoy llevará al equipo hasta el Tartiere. / PALOMA UCHA
Raúl Otero prepara el autobús del Sporting que hoy llevará al equipo hasta el Tartiere. / PALOMA UCHA

Raúl Otero llevará a los de Baraja desde Mareo, donde comerán, al Tartiere | El conductor del autobús del Sporting lleva dieciséis temporadas viajando con el equipo. El derbi de El Molinón lo acabó viendo en casa tras los disturbios

JESSICA M. PUGA GIJÓN.

Aficionado al fútbol de siempre, turonés de cuna aunque gijonés de adopción desde los once años, Raúl Otero lleva dieciséis temporadas conduciendo el autobús del Sporting. Con el equipo disfruta, sufre y, sobre todo, se emociona. Hoy llevará a los de Baraja de Mareo, donde comerán todos juntos, al Tartiere.

Más allá de resultados, lo único que pide es que «la jornada transcurra sin incidentes». Lo dice desde la experiencia, para que no ocurra lo del derbi anterior, cuando unos aficionados atacaron su autobús. «Cosas así te fastidian mucho porque tú vas con toda la ilusión y te das cuenta de cómo algo que debería ser una fiesta acaba mal; y claro, te enfadas», asegura, y cuenta que el partido disputado en septiembre lo acabó viendo en casa tras los disturbios que le dañaron el autobús. «Esti partido voy velu por narices, de Oviedo no me voy hasta que acabe», manifiesta quien ha viajado con los rojiblancos a estadios de toda España.

El Sporting es «como una familia». Por eso Otero no tarda en describir lo que ocurre dentro del autobús en los viajes largos. «Hay quien juega a las cartas, que normalmente son Mariño, Viguera y el fisio, Pablo del Fueyo; quien va con su tablet y pasa el tiempo viendo películas; el que prefiere no perderse ninguna tertulia y hasta quien aprovecha el tiempo para estudiar», cuenta el conductor. «Son muy tranquilos y se respira un ambiente muy bueno», confiesa. Tranquilidad hay más, señala, desde que se fue Cuéllar. «¡Buah! Era una fiesta viajar con él, la hostia. Tan pronto se ponía a contar chistes o a cantar como a hacer imitaciones; la de Eugenio, el humorista, le salía genial. Empezaba 'Saben aquel que diu...' y ya se arrancaba», confiesa Otero, que compagina su labor con el Sporting con sus otras obligaciones, pues como conductor de ALSA, completa su jornada con colegios o líneas.

Raúl Otero ha soltado varias lagrimillas viendo a su equipo y le duele mucho cuando la afición critica a los jugadores si pierden asegurando que a ellos no les duele. «El viaje de vuelta de esos partidos es horrible, los jugadores ni tienen frío ni calor, a veces no comen ni el bocadillo y van calladinos, calladinos. En el viaje de vuelta de Lugo parecía que venía vacío el bus», revela el primer testigo ajeno al vestuario que se topa con los jugadores.

Dieciséis años de trabajo y buen hacer dan para muchas cosas, empezando por ser considerado como uno más del equipo. Otero estuvo en el Villamarín en el partido en el que el Sporting se garantizó el ascenso a Primera. «Eso no lo olvidaré nunca. Me dijeron que les acompañara en el avión, y para allá que fui», cuenta Otero, quien hoy estará en el Tartiere «sin manifestarme porque soy de los que veo el fútbol y ni se me nota de qué equipo soy». La procesión va por dentro.

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