Fallece Simone Veil, la voz de las mujeres que sobrevivió al horror

Simone Veil recibe el Premio Príncipe de manos de don Felipe. / AFP
Simone Veil recibe el Premio Príncipe de manos de don Felipe. / AFP

La primera presidenta del Parlamento Europeo fue galardonada con el Premio Príncipe de Cooperación Internacional

ENRIQUE RUBIO PARÍS.

Ni el campo de exterminio de Auschwitz consiguió apagar la voz firme de Simone Veil, fallecida ayer a los 89 años tras haber convertido su vida en un testimonio de lucha por los derechos de la mujer y por la dignidad del ser humano.

La biografía de la francesa está llena de jalones que recuerdan su carácter de pionera. En Francia gozó de una reputación moral a la altura de muy pocas figuras públicas, como evocaron ayer mismo personalidades como el actual presidente, Emmanuel Macron, o el jefe de Estado que confió en ella para legalizar el aborto, Valéry Giscard d'Estaing.

Esa trayectoria singular tiene sus raíces en Niza, en la Costa Azul francesa, donde Veil nació como Simone Jacob en 1927 y donde pasó una infancia feliz en el seno de una familia judía no practicante.

La llegada del régimen filonazi de Vichy, en 1940, acaba de forma abrupta con el trabajo como arquitecto de su padre y supone el comienzo de las penalidades para la familia, que será arrestada cuatro años más tarde.

Su padre, su madre y su hermano no sobrevivirán a los campos nazis. Ella logra mantenerse durante un año con vida en Auschwitz-Birkenau y en Bergen-Belsen, gracias, en parte, a haber mentido sobre su edad al decir que tenía 18 años (los menores eran directamente derivados a las cámaras de gas).

Tras la liberación de los aliados, regresa a Francia para estudiar en el Instituto de Estudios Políticos de París, donde conoce a su futuro marido, con quien se casa en 1946 y con quien tendrá tres hijos. Y, tras ingresar en la carrera judicial, donde llega a ser secretaria general del Consejo Superior de la Magistratura, sus ideas próximas al gaullismo y a la derecha liberal moderada le acercan a la política, aunque su nombramiento como ministra de Sanidad en 1974 pilla por sorpresa a muchos.

Giscard d'Estaing pone en sus manos la defensa de la polémica norma que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo, bautizada para siempre con su nombre, la 'ley Veil'.

La ministra pronuncia un histórico discurso ante la Asamblea Nacional en el que lleva a la tribuna la voz de cientos de miles de mujeres que cada año «se ven obligadas a mutilar sus cuerpos» para abortar, lo que le vale los insultos y amenazas desde su propia bancada.

En 1979, marcará un nuevo hito en el avance de las mujeres al convertirse en la primera presidenta del Parlamento Europeo, además en la primera ocasión en que este es elegido por sufragio universal.

Firme defensora de la causa europeísta, fue distinguida por ello con el Premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional en 2005 por «la defensa de la libertad, la dignidad de la persona, los derechos humanos, la justicia, la solidaridad y el papel de la mujer en la sociedad moderna».

Veil permanece en la Eurocámara hasta 1993, cuando el primer ministro Édouard Balladour la recupera para el Gobierno como ministra de Asuntos Sociales y Sanidad. Y, tras su salida del Ejecutivo, pasa a ser miembro del Consejo Constitucional desde 1998 a 2007, año en que -fuera ya del órgano judicial- defiende con fervor la candidatura presidencial de su amigo Nicolas Sarkozy. En paralelo, preside la Fundación para la Memoria de la Shoah, desde donde mantiene vivo el recuerdo del Holocausto.

Las instituciones de la Unión Europea (UE) expresaron ayer sus condolencias por su fallecimiento. El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, se refirió a Veil como «una luchadora infatigable de las causas más nobles» que vivió «en su carne» las desavenencias europeas y «ayudó a construir un continente de paz».

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