«El fútbol es hablar y hablar todo el día de lo que hay y de lo que no hay»

Víctor Hugo Doria, hoy, y con Castro en el Sporting de finales de los años setenta./E. C.
Víctor Hugo Doria, hoy, y con Castro en el Sporting de finales de los años setenta. / E. C.

Víctor Hugo Doria «Cuando veo lo que ganan los futbolistas de ahora, pienso: ¿cómo no me tocaría a mí un año de esos, aunque solo fuera uno?», afirma el que fuera defensa del Sporting

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

No es asturiano. Pero casi. Tiene un hijo nacido en Gijón y en una de las últimas fiestas del Centro Asturiano de Buenos Aires, ahí estaba él, Víctor Hugo Doria (Comodoro Rivadavia, Chubut, Argentina, 1948), recordando los tiempos de gloria que vivió en el Sporting entre 1973 y 1983. El exdefensa ha dedicado su vida a encontrar el talento de jóvenes jugadores en su país, donde el fútbol se vive más si cabe. Y eso que su plan, tras abandonar el juego activo en el Sporting, era otro. Quería quedarse en Gijón y trabajar en Mareo, pero la enfermedad de su padre le hizo volver al sur del sur.

-¿Por qué se fue de Gijón?

-Cuando me hicieron el partido homenaje tenía un preacuerdo con el presidente para dirigir, me iba a quedar en Asturias, pero mi papá se enfermó y me vine. Estaba muy grave, mi hermana destruida, mi hermano haciendo lo que podía, así que decidí que tenía que volver a mi pueblo a echar una mano. 'Imaginate' (léase con acento en la segunda a), con 35 años, me aburría y tenía la puerta abierta para volver a Gijón, pero mi papá estuvo siete años en los que no se pudo recuperar.

-¿Y qué hizo?

-Empecé a trabajar en fútbol. Hicimos una escuela, llegamos a tener 280 alumnos. Luego aquello se quedó chico, empezamos a traer jugadores de distintas provincias, montamos como una especie de pensión de jugadores. La Comisión de Actividades Infantiles, la CAI, se llamaba, y de allí salieron muy buenos jugadores. Luego me contrató el San Lorenzo de Almagro, uno de los grandes del fútbol argentino, como coordinador general de todas las divisiones. Fue muy lindo, me forjó en un ámbito más profesional. Y estos últimos años, este ya es el sexto, estoy en Defensa y Justicia. El 20 de junio cumplí los 69 años y estoy pensando más en la retirada que en seguir. Vamos a ver qué pasa.

-¿Qué hará cuando se jubile?

-La verdad es que no sé hacer otra cosa que esto, así que... Estoy físicamente bien, no me puedo quejar. Y tengo dos hijos: Adrián, que nació allá y ahora está en Arabia Saudí trabajando, y Gerardo, que es ingeniero.

-¿No han seguido sus pasos?

-Lo intentaron. Yo nunca les obligué a que fueran futbolistas, lo que quería era que estudiaran. Y tengo un nieto de 16 años que juega muy bien al basket, mide casi dos metros. Así que ahora solo puedo rogar que a alguno de mis nietos le dé por la pelota.

-¿Le haría ilusión?

-Sí, me haría ilusión. Aunque he peleado tanto por la pelota que sé que es complicada la vida del jugador. Hay que tener un temple grande para mantenerse y bregar con todo. La gente exige mucho.

-¿Vio al Sporting bajar?

-Lo seguí. La verdad que me dio pena.

-¿Cómo ve El Molinón desde lejos?

-Lo veía en las transmisiones cambiado. Fue una cosa extraordinaria lo que yo viví allí. Tuvimos la suerte de luchar, de llegar a posiciones tan altas y pelear campeonatos. Cuando el equipo baja se pasa mal. Uno lo sabe bien porque también nos tocó, con la suerte de que subimos inmediatamente el año siguiente y así el trauma fue menor. Además, vinieron una sucesión de años buenísimos. Me da muchísima pena por la afición, los jugadores, los directivos... Es un bajón.

-¿Volverá a Primera?

-Sí, no hay otra. Va a ser peleada, pero espero lo mejor.

-¿La receta?

-Ganas e ir partido a partido. Es la única manera, sin fisuras ni malos entendidos.

-¿Qué recuerdos tiene de Gijón?

-Conservo muchos amigos. Mi hijo estuvo el año pasado, me decía 'papá, tenemos que volver, aunque sea una vacación'. Igual me aparezco por allá. Hace poco me invitaron acá del Centro Asturiano a una celebración...

-¿Le invitan al Centro Asturiano?

-No soy muy dado a los festejos y esas cosas, pero era un aniversario y fui. Había políticos, estaba el embajador de España... Y me presentaron: «Nos acompaña un exjugador del Sporting...». Cuando me nombraron me quise morir porque la verdad ni yo me lo creía, pero la gente se empezó a levantar de las mesas y venía a la mía a recordarme un partido que había visto, el día que yo había metido gol... Me dio mucha alegría.

-¿Cómo fue el año que no ganamos la Liga?

-Le diría que hoy viendo cómo se pelean el Madrid y el Barcelona con los grandes equipazos que tienen, que nosotros hayamos estado ahí, a punto de pegar el alirón como dicen ustedes... Qué grandes éramos. Claro que eran otros momentos.

-Mucho ha cambiado la cosa.

-Entre el periodismo y la televisión, el fútbol hoy es hablar y hablar todo el día de lo que hay y a veces de lo que no hay. Eso nosotros no lo vivimos. El fútbol ha crecido, pero nosotros teníamos nuestras armas. Me tocó jugar con compañeros que realmente marcaban una diferencia grande.

-¿Por ejemplo?

-Nosotros teníamos un planteamiento que era jugar al cero. Y lo hacíamos porque sabíamos que un gol lo metíamos. No teníamos la menor duda de que iba a ocurrir. Con el cero en el arco podíamos hablar de un partido puntuado y ganado.

-Argentina y el fútbol. ¿Qué dice?

-Somos muy muy futboleros, a veces nos pasamos un poco y no hay mucho raciocinio. Aquí se exige todo, hay que ganar como sea. Y no se puede ganar siempre. El jugador no es un robot, no puede jugar todos los días, todos los partidos...

-A Messi le tienen loco.

-Acá a Messi me lo pelean todo seguido. Pero yo no. Un equipo son once. Si 'podés' contar con Messi, fantástico, pero todos tienen su función. No hay nadie que gane un partido solo.

-¿La presión en Argentina es más incluso en categorías inferiores?

-Sí. Y mire que yo no tengo problema. No sé si es que tengo cara de malo pero a mí nadie me reclama nada, a mis técnicos los dejan tranquilos y acá los que juegan son los mejores. Pero hay gente que no lo entiende, quiere que el hijo juegue, gane fortunas, y lo sufren y se enferman porque el hijo triunfe. Es recontraproducen para la carrera del chico.

-¿Lo ha vivido muchas veces?

-Sí. Apuestan al bienestar del hijo y a salvarse todos. No es así. Hay que tener carácter, temperamento, voluntad, y después Dios dirá. Hay muchos jugadores que con muy pocas condiciones juegan en Europa. Lo consiguen con carácter y una entrega máxima. Un Doria.

-¿Usted era así?

-Yo no era la figura del equipo. Jugaba de defensa, me tocaba meter algún gol de tiro libre, le daba la seguridad a mi arquero y ahí estaba. Y mi rol lo tenía que cumplir a rajatabla.

-Ahora son más estrellas.

-Sí. Nosotros no teníamos ni la popularidad ni los millones de hoy, pero tampoco me quejo. Claro que uno mira a estas cifras y piensa: ¿cómo no me tocaría a mí un año de esos, aunque solo fuera uno?

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