«No somos vándalos egocéntricos»

Un grafitero asturiano, a punto de ‘bombardear una pared./HUGO ÁLVAREZ
Un grafitero asturiano, a punto de ‘bombardear una pared. / HUGO ÁLVAREZ

Cuatro grafiteros asturianos dan la cara para defender las pintadas, que se han convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza de las ciudades

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

Bombardear. Así se denomina en el argot grafitero salir a pintar paredes urbanas. Generalmente, aprovechando la oscuridad de noche, en pandillas (o ‘crews’) de chavales entre los 15 y los 25 y, en ocasiones, con sofisticados sistemas de vigilancia que consiguen dar la voz de alarma antes de que llegue la Policía. Es la guerra. «Bombardeando, guarreando. Así es como se empieza. Porque los inicios siempre son sucios, oscuros, ilegales», resume ‘Bitxo’, el seudónimo de Laura Lara, avilesina, 30 años, una de las pocas grafiteras asturianas que se atreven a dar la cara. Un mundo –tampoco se le escapa– «superpatriarcal, dividido en castas» –de los ‘firmeros’ a los ‘treneros’, que pueden pintar un vagón un minutos, unas de las categorías más peligrosas y valoradas– y vedado a los ojos de los extraños.

Así que, cuando ella empezó a dejarse seducir por los grafitis de su barrio, Versalles, por aquellos colores, aquellas técnicas y firmas que la «enriquecían visualmente», era eso:un bicho raro que, muchas veces, sintió «miedo de salir a pintar sola». Pero su pasión pudo más.

«Aquello para mí era la bomba. Si lo ves y lo mamas desde niña, ya no hay quien se escape», cuenta esta treintañera que defiende que «el grafiti es algo que existe y existirá siempre, y la calle, la ley de la jungla. Una reivindicación del espacio público. Un círculo vicioso entre ‘yo pinto’ y ‘tú limpias’ que en los últimos tiempos, además, está en auge y con el que habría que acabar con iniciativas que den alternativas a los chavales y despenalizándolo». Una contienda que se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza de muchos equipos de gobierno municipales a pesar de que en el Ayuntamiento de Avilés aseguran que en 2017 únicamente hubo una denuncia por pintadas y en lo que va de 2018, ninguna.

César Frey, ‘El séptimo crío’, retoca el mural dedicado a Tupac Shakur, restaurado por el Ayuntamiento de Mieres.
César Frey, ‘El séptimo crío’, retoca el mural dedicado a Tupac Shakur, restaurado por el Ayuntamiento de Mieres. / J.M. PARDO

Que «el grafiti esta de moda gracias a que ahora, con internet y las redes sociales, puedes ver lo que se está haciendo en Berlín o Buenos Aires» tampoco se le oculta al ovetense Bastián Prendes, otro de los grafiteros más reconocidos de Asturias. Ysi ‘Bitxo’ ha hecho de los botes de pintura «una herramienta de transformación social», impartiendo talleres en centros de menores, cárceles y junto a colectivos feministas o asociaciones vecinales, ‘Bastián’ ha logrado convertirlos en su medio de vida. En su «pan». Porque, desde que empezó ‘taggeando’ (o ‘firmando’) paredes a los trece años, ha decorado ya más de cuatrocientos murales en todo tipo de espacios que incluyen casas, sidrerías, discotecas, panaderías, desguaces, talleres y hasta una nave industrial de 260 metros cuadrados en Olloniego y la entrada del IESFleming, que pintó a cambio de que le cediesen también una medianera del centro educativo, «el mejor lienzo para cualquier grafitero por su impacto y por sus dimensiones».

«Algunos hemos puesto mucho esfuerzo, mucho dinero y mucha salud en esto y luchamos por tener libertad creativa», afirma quien empezó como empiezan muchos adolescentes:«Es una manera de canalizar tus ganas de hacer algo, de que te vean». Y de ahí que este sea «un mundo muy competitivo en el que se lucha por dejar un sello. Eso sí, intentando no pisar a los demás».

Bastián Prendes, junto a una nave de su autoría.
Bastián Prendes, junto a una nave de su autoría. / HUGO ÁLVAREZ

Tanto ha puesto ‘Bastián’ en esto que un día descubrió que, al mirar hacia una pared blanca, le lloraban los ojos. El diagnóstico:«Queratitis crónica por pintar sin gafas durante años en interiores». Y, por eso, agradece mucho iniciativas como Parees, el festival de intervención mural de Oviedo, que, en su primera edición, el año pasado, le permitió desarrollar sin límites su arte sobre una medianera de la Ronda Sur.

Proyectos como ese son los que hacen falta, dice Prendes, que sostiene que la pintura «aporta color y alegría al paisaje» y que sueña con salir de la región para crecer en lo suyo, consciente de que «la situación económica en Asturias es la que es en todos los sectores».

Lo sabe bien Marcos Fernández, alias ‘Brus’, un veterano que intervino en Parees con un mural en Montecerrao y que preside Paint Pression, una de las tres asociaciones de la región que persiguen dignificar el grafiti como una expresión artística más. Él también reclama más apoyo municipal de una ciudad que se gastará 63.000 euros en limpiar el Antiguo. La misma en la que un estudio de la Universidad ha logrado catalogar cerca de mil pintadas e identificar ochenta firmas. Un estudio cuyos autores inciden en que, además de limpiar, «hay que actuar en la parte educativa y en que el Consistorio ceda espacios» frente a una serpiente que se muerde la cola en la que las pintadas y la degradación llaman a las pintadas y al gamberrismo.

Laura Lara, ‘Bitxo’, en plena creación de una de sus obras.
Laura Lara, ‘Bitxo’, en plena creación de una de sus obras. / E.C.

«Las ciudades deberían invertir el dinero público en necesidades más urgentes como que los ciudadanos vivan mejor y no en que las calles estén impecables», apunta ‘Brus’. Una obsesión que a este licenciado en Bellas Artes con un máster y dos módulos le parece propia de una urbe «agabinada» que «todavía considera el grafiti una lacra». Yeso, a pesar de que «es un fenómeno que está extendido por todo el mundo, con artistas tan reconocidos como Banksy», y de que «Oviedo no una de las ciudades más afectadas ni mucho menos. Solo hay que mirar hacia Bilbao».

Que «limpiar no es la solución» es lo que defiende también César Frey, que, de guaje, ‘reventó’ cientos de paredes. Aquello era su «bombona de oxígeno diario», el impulso que necesitaba aquel chaval nacido en Bruselas hijo de emigrantes que a los diez años regresó. Un adolescente «obsesionado por la pintura» que, con el paso del tiempo, se convertiría en ‘El séptimo crío’ y llevaría a la feria de arte madrileña, Arco, sus obras de la mano de la casa de subastas Durán. «Cuando vi pasar a Tita Thyssen, flipé. Me di cuenta de que, en el mundo del arte, esa mujer es Dios. Compró una obra de un autor y a las pocas horas ya lo había vendido todo». El mismo que consiguió que el Ayuntamiento de Mieres –donde el equipo de gobierno, en manos de IU, considera las pintadas callejeras una forma más de expresión– se convirtiese en «el primero de mundo en encargar la restauración de un grafiti con dinero público», con la cara del rapero Tupac Shaku y pintado por el mismo Frey en 2005. Unos trabajos que para él supusieron un shock:«Imagínate lo que era guardar los botes de pintura cada noche en la comisaría de la misma Policía que antes me perseguía».

Marcos Fernández, ‘Brus’, ante uno de sus murales.
Marcos Fernández, ‘Brus’, ante uno de sus murales. / ÁLEX PIÑA

Todos ellos se enfrentan a multas que, en el caso de Gijón y en virtud de la ordenanza de convivencia, oscilan entre los 1.500 y los 3.000 euros. Aunque, como reconoce Esteban Aparicio, concejal de Seguridad Ciudadana, la teoría choca contra el muro de la realidad:«Si se trata de personas insolventes, les puedes poner mil multas que les da igual. Y luego está el problema de la identificación, ya que solo cuando se ha producido una persecución en caliente, en la que les hemos pillado con las manos en la masa, prospera la sanción».

Yesa frase viene a dar la razón a César Frey:«Los problemas no se solucionan ni con multas ni limpiando. Porque, detrás de esto, no hay cuatro descerebrados. No somos vándalos egocéntricos, sino gente con cosas que decir. El grafiti es una de las expresiones de la cultura hip hop, un movimiento bastante anárquico que se enfrenta a un sistema que censura y agrede a los más desfavorecidos».

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