Mikel Erentxun: «Haría hogueras en las calles con los discos de reguetón y acabaría con las redes sociales»

Mikel Erentxun. / E. C.
Mikel Erentxun. / E. C.

El donostiarra presenta esta noche en Gijón su nuevo disco, 'El hombre sin sombra': «Hay mucho más rock and roll en criar a cinco hijos que en la música»

A. VILLACORTA GIJÓN.

Tímido de libro, arquitecto con título, cineasta frustrado, coleccionista de chupas, amante de Londres, Mikel Erentxun (Caracas, 1965) aspira además a ser 'El hombre sin sombra', como reza el título de su último disco, en el que se desnuda para hablar del amor y sus dolores. Doce canciones «escritas con sudor y lágrimas, a lo largo de un año difícil», en el que pasó una grave crisis de pareja que ya ha superado. A esos vaivenes del corazón dedicará el concierto que ofrecerá hoy, después de la Noche de los Fuegos, en el Real Club Astur de Regatas, donde tampoco faltarán los grandes temas de Duncan Dhu. «Buscaremos las gaviotas en Gijón».

-La primera es obligada: ¿cómo está?

-Muy bien. Haciendo lo que me gusta, que es subirme a un escenario y tocar. Siempre pensé que iba a trabajar de arquitecto, que la música sería circunstancial, pero hace mucho que me atrapó y ya no hubo escapatoria.

-El bache en su relación es el protagonista de sus últimos temas.

-Sí. El disco está dedicado a las relaciones de larga duración, como la mía. A ver cómo se deterioran y cómo se arreglan, y cómo se vuelven a deteriorar y cómo se vuelven a arreglar las parejas de más de diez, quince años... Al final, escribir es una terapia, como sentarse en un diván.

-Ha dicho que lleva treinta años huyendo de sí mismo. ¿Superado?

-(Ríe) Sí. Ya lo he dejado. Me refería a que no me gustaba mi voz, pero Paco Loco me convenció de que estaba muy bien y volví a cantar de una manera normal, sin tratar de huir de mí mismo ni tratar de sonar a otra cosa.

-¿No tiene un poco de complejo de Julio Iglesias, con cinco hijos?

-Complejo no, pero en estos tiempos no es normal tener cinco hijos a no ser que seas Julio o del Opus. Y yo no soy ninguna de las dos cosas (Ríe). Aunque es verdad que, con dos madres, tiene mucho menos mérito.

-Desmiente, por tanto, el tópico de músico 'destroyer'.

-Ya pasé por esa fase y ahora estoy en la de padre. Y te diré que criar a cinco hijos, la casa llena, tiene mucho más rock and roll que la música. Sobre todo, ahora que son pequeños. La última, Dakota, tiene cuatro años.

-He leído que le da bastante pereza el mundo 'indie'.

-Estoy por encima de todo eso. A partir de cierta edad, te dejan de importar las etiquetas. Y realmente yo ya no sé dónde estoy ni me importa. Solo me importa hacer buenos discos.

-¿Y la cosa política le importa?

-La verdad es que paso bastante. Es imposible pasar del todo porque está en todos los sitios, pero trato de que me afecte poco porque es para cortarse las venas. Tanta corrupción, robo y engaño son un disparate.

-¿Mayor que el reguetón?

-Me horroriza. Es una invasión sonora, pero es verdad que ha habido otras invasiones. A mí esta no me gusta, pero cuando nos invadió el punk estuvo muy bien. Si en los 50 había gente que quemaba los discos de Elvis, yo quemaría los discos de reguetón. Haría hogueras en las calles.

-Ahora las piras son digitales.

-Soy reacio a las redes. Las tengo porque siento que hay que tenerlas, porque algunas compañías incluso te lo exigen. Si no las tienes, no existes. Pero me encantaría que hubiese un apagón digital y volver a la época analógica, a los tocadiscos, los vinilos y los teléfonos con cable. Yo estoy a punto. Soy un viejo joven, que es un estado que mola mucho. Cuando cumplí los 30 años pasé mi gran crisis, pero los 40 me cayeron muy bien y a los 50 estoy estupendo (Ríe).

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