La historia de Naira, la pequeña que nació en un sofá en Vitoria

El hospital Txagorritxu, a donde acudieron Iara y su pareja en dos ocasiones. / Rafa Gutiérrez

Llegó al mundo en casa, después de que su madre acudiera dos veces al hospital y fuera enviada de vuelta a su domicilio

SARA LÓPEZ DE PARIZA

Iara Colmenero y su novio Adrián Rodríguez jamás olvidarán la madrugada del 5 de octubre de 2017. Lo cuenta www.elcorreo.com.

El jueves no sólo nació su hija Naira sino que lo hizo en unas circunstancias muy poco habituales. Después de acudir dos veces al hospital Txagorritxu, a las pocas horas Iara dio a luz en el salón de su vivienda de Zabalgana asistida por su pareja y dos sanitarios de una ambulancia que llegó justo a tiempo. Una vez superado el susto y ya con la pequeña entre sus brazos, esta madre primeriza no se explica qué falló para que su parto no se produjera de la manera ordinaria.

La pareja ha preferido no interponer una denuncia formal contra el hospital porque está convencida de que se escudará en que se siguieron los protocolos. Sin embargo, Adrián admite que «lo de la primera vez lo puedo entender, pero la segunda vez que nos mandaron a casa me sorprendió muchísimo porque se veía que Iara no podía ni andar y tenía unos dolores enormes». Se refiere a la segunda visita, cerca de la medianoche, a Txagorritxu. Llegaron en su coche particular y los médicos dictaminaron que todavía no era el momento de ingresar a la embarazada. «Me dijeron que estaba dilatada de un centímetro y medio, y las contracciones eran la mayoría cada diez minutos. Aunque tenía muchísimos dolores, me repitieron que estaba muy verde. Me pincharon un calmante y nos echaron de allí, fue una situación extraña», recuerda la joven de 28 años.

Segundo caso en Vitoria en apenas una semana

Durante su relato de los hechos, el padre de la pequeña Naira recuerda lo excepcional de la situación; «nos dijeron que esto ocurre una vez entre un millón», apunta. Y lo cierto es que no resulta habitual que hoy en día una mujer dé a luz en casa si no es por elección propia. Por eso no deja de ser curioso que este caso sea el segundo en Vitoria en apenas una semana. El pasado 27 de septiembre una patrulla de la Policía Local ayudó a una pareja durante el nacimiento de su segundo hijo en la vivienda familiar. Minutos antes de las nueve de la mañana, la mujer llamaba al 092 indicando que se encontraba de parto. Mientras se le ponía en contacto con un médico de urgencia, una patrulla llegó al domicilio. Uno de los agentes y el marido se encargaron de asistir a la mujer durante el parto de un niño que nació sin complicaciones antes de que llegara el personal sanitario.

Esa misma mañana ya había acudido al centro haciendo caso a las señales de su cuerpo que avisaban de la llegada inminente del bebé, pero la respuesta fue la misma: «Estás muy verde». Ante la segunda negativa del personal sanitario a ingresar a la madre, la pareja regresó a su hogar sin imaginar que su próxima visita al hospital ya sería con Naira llegada al mundo.

«Rompí aguas hacia las tres de la madrugada, pero no quise decirle nada a mi chico porque ya nos habían mandado dos veces para casa y no íbamos a volver una tercera al hospital... Cuando se despertó a las cinco de la mañana para ir a trabajar se lo conté», relata Iara. Se prepararon de nuevo para emprender el viaje hasta la clínica, pero la madre apenas podía dar dos pasos seguidos. «Ella me decía que ya notaba la cabeza así que llamé al 112 y enseguida llegó la ambulancia. Estábamos nerviosísimos y los sanitarios se portaron genial con nosotros», agradece Adrián.

Madre e hija, en buen estado

La primera reacción de los sanitarios fue negar que el parto se fuera a producir en ese instante porque, al parecer, la dilatación no era suficiente todavía. Sin embargo, en 40 minutos el bebé ya había nacido en un sofá del piso. «Me pidieron que sacara a los perros del salón y que llevara toallas. No tenía ni idea de qué hacer, pero la chica de la ambulancia demostró ser una profesional. Con su ayuda y apenas tres empujones de Iara nació la niña», cuenta el orgulloso padre. En pleno proceso de parto se dio aviso a la UVI móvil, pero para cuando llegaron los refuerzos la criatura de dos kilos y medio, ya estaba prácticamente fuera.

Sin anestesia y sin el material médico adecuado, la joven reconoce que «lo pasé muy mal». Madre e hija se encuentran ahora en perfectas condiciones, pero los padres de la pequeña no se quitan de la cabeza qué habría pasado si el parto se hubiera complicado. «Nadie me ha sabido explicar cómo la dilatación fue tan rápida. ¿Por qué me mandaron a casa la segunda vez? Soy madre primeriza, el parto se podía haber complicado de mil maneras diferentes y entonces no hubiéramos tenido los recursos suficientes. Después, además oigo que no había camas en el hospital...», lamenta Iara.

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