El inquietante mensaje del comandante de un vuelo de Vueling que vació parte del avión

Los pasajeros del Airbus no ocultaron su malestar a la tripulación. /Rafa Gutiérrez
Los pasajeros del Airbus no ocultaron su malestar a la tripulación. / Rafa Gutiérrez

Una veintena de pasajeros desistió de viajar ante la advertencia del piloto de un avión que cubría la ruta Gran Canaria - Bilbao

SALVADOR ARROYO

«El avión está aparentemente normal y podemos intentar el vuelo, pero no podemos obligar a nadie a permanecer dentro. Quienquiera puede desembarcar si lo desea». Éste fue el inquietante mensaje que lanzó por megafonía el pasado lunes el comandante de Vueling del aparato que debía cubrir la ruta Gran Canaria-Bilbao y que acumulaba ya un serio retraso como consecuencia de «problemas técnicos». Su aviso logró que una veintena de viajeros desembarcaran y que hubiera que retirar de las bodegas sus equipajes. Finalmente, despegó y aterrizó sin incidencias, pero con un retraso de tres horas y en una aeropuerto diferente al previsto (Foronda en vez de Loiu).

El aparato tenía la salida programada para las 18.45, hora peninsular. No lo hizo hasta las 21.43. Una espera interminable para los pasajeros, que debieron permanecer alrededor de tres horas dentro de un avión inmovilizado en el aparcamiento de la terminal canaria por una sucesión de incidencias que acabó con la paciencia de más de uno. Una veintena, de hecho, se negó a volar.

Un problema tras otro

Nada hacía presagiar ese episodio. El Airbus A370 iba a despegar casi en hora. Pero cuando se disponía a posicionarse en pista, viró de manera inesperada y regresó a la plataforma de estacionamiento. «Problemas leves». Esa fue la explicación que se recibió en cabina. «Se nos dijo que se trataba de un tema eléctrico y del aire acondicionado», relató uno de los viajeros a El Correo. En torno a una hora después se les habló de un nuevo fallo. Éste, informático.

El suma y sigue de «problemas técnicos» pareció acabar a eso de las 20.30 horas. El comandante se lo comunicó al pasaje, pero en estos términos: «El avión está aparentemente normal y podemos intentar el vuelo, pero no podemos obligar a nadie a permanecer dentro. Quienquiera puede desembarcar si lo desea». La inquietud se apoderó de quienes ya no aguantaban más. Ya entonces llegaban SMS a los viajeros con el cambio de aeropuerto. Destino: Foronda. Todo estaba a punto «aparentemente». Pero la renuncia de algunos usuarios cargó más dilación al despegue. El equipaje facturado también debía abandonar la bodega.

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