Groenlandia | La isla helada, en llamas

Los satélites de observación de la Tierra vigilan el mayor incendio observado nunca en Groenlandia

ARACELI ACOSTA

Groenlandia es sinónimo de nieve y hielo. Su glaciar interior (inlandis) es una masa de 1,8 millones de kilómetros cuadrados de hielo, el segundo casquete polar después de la Antártida. Sin embargo, algunos científicos que trabajan en teledetección han dedicado lo que llevamos de agosto a seguir de cerca un incendio forestal de gran tamaño en la tundra de la costa occidental de la isla, a unos 150 kilómetros al noreste de Sisimiut y a solo 65 kilómetros al oeste de esa cubierta de hielo. No es la primera vez que se registran incendios en la isla durante el verano, pero suele tratarse de fuegos pequeños –éste se estima que cubre ya más de 1.200 hectáreas– y no arden durante tanto tiempo.

Y es que este incendio fue detectado por los satélites el pasado 31 de julio y fue fotografiado por última vez el 16 de agosto, cuando aún seguía creciendo. Se espera que pueda estar activo hasta mediados de septiembre, cuando la lluvia y la nieve provoquen su extinción, pues al tratarse de una zona remota no se enviarán medios para apagarlo.

Los últimos incendios forestales en Groenlandia solo han durado de uno a tres días, explica Jessica McCarty, profesora adjunta de geografía en la Universidad de Miami en Oxford, Ohio, y experta en análisis de datos satelitales. Por su parte, Stef Lhermitte, experto en teleobservación de la Universidad de Tecnología de Delft, en los Países Bajos, afirma que este es el mayor incendio detectado por el instrumento MODIS de los satélites Aqua y Terra de la NASA desde que comenzara su actividad en el año 2000. En agosto de 2015 se produjo un gran incendio en el sur de la isla, pero el de este año lo supera. «Hay informes de un incendio importante en 1966, aunque no hay forma de saber lo grande que fue», matiza Lhermitte.

Pero lo cierto es que no hay registros a largo plazo de actividad de fuegos en la zona. «Los que nos dedicamos al estudio de incendios forestales nunca habríamos pensado que sería necesario ponernos a revisar décadas de datos satelitales sobre Groenlandia para entender los patrones de fuego en uno de los últimos lugares que esperábamos. Así que solo por eso es evidente que la situación es inusual», considera McCarty.

Aunque no se sabe lo que ha provocado este incendio, se baraja la acción fortuita de un rayo o que haya sido causado por una hoguera o un cigarrillo de algún cazador de renos, pues cuando se inició acababa de empezar la temporada de caza de estos animales.

Las zonas costeras de Groenlandia suelen quedar libres de hielo durante el verano, dejando al descubierto una vegetación de arbustos, pequeños árboles y musgos cuanto más cerca se está de la costa, mientras que las áreas menos distantes de la cubierta de hielo son más secas y más parecidas a praderas frías.

Fuego en la turba

El área que está ardiendo está cerca de la transición entre el clima más húmedo de la costa y el clima más continental a medida que nos acercamos al inlandis. Jessica McCarty cree que lo que está ardiendo es una mezcla de hierba y musgo y también turba, puesto que el color blanco del humo vendría a indicar que el combustible está húmedo. Un incendio de turba es difícil de controlar, y además vendría a demostrar que el permafrost (suelo permanentemente helado) se ha derretido, dejando la turba al descubierto.

Sea como fuere, Ruth Mottram, del Instituto Meteorológico danés, explica que la isla está sufriendo un verano particularmente seco, que podría explicar el origen y la extensión del fuego. «El inicio del incendio estuvo precedido por temperaturas relativamente altas –dice Mottram–. La temperatura media mensual fue de 7,1ºC en comparación con una media de 6,3ºC entre 1961 y 1990, una tendencia que ha continuado en agosto».

¿Es el cambio climático?

La pregunta del millón es si estos incendios están relacionados con el cambio climático. McCarty se muestra cauta: «Es difícil decirlo porque nuestro sistema climático es complejo y rara vez se puede atribuir algo a una sola cosa, pero en este caso lo que sí sabemos es que no se esperaba que el permafrost estuviera tan pronto en las condiciones que sugiere este fuego».

Por su parte, Marco Tedesco, experto en Groenlandia y autor del Boletín Ártico que elabora anualmente la Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA), ha realizado un análisis preliminar de los posibles cambios en las condiciones climáticas en la ubicación exacta del incendio. A su juicio, durante la última década las temperaturas de verano han estado por encima de la media, mientras que la precipitación se ha situado por debajo, lo que sugiere que «las condiciones pueden haberse vuelto más favorables a los incendios».

Desde la NOAA advierten, además, de que aunque todos los incendios son una fuente de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, en este caso preocupa la emisión de carbono negro, que viaja con el humo a grandes distancias para acabar depositándose en la cubierta helada, oscureciéndola y haciendo que refleje menos radiación solar y, en consecuencia, atrapando más calor, lo que vendría a retroalimentar el calentamiento.

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