La Legión se pone a dieta

Legionarios de la Brigada Ligera despiden a un contingente en su base de Almería./EFE
Legionarios de la Brigada Ligera despiden a un contingente en su base de Almería. / EFE

El Ejército obliga a los militares con sobrepeso de esta unidad a variar su alimentación | No perder peso puede acarrear la exclusión de una misión internacional o la bajada del sueldo

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Cuando José Millán-Astray fundó el primer cuerpo de soldados profesionales de España, lo dotó de un credo implacable con el propósito de cohesionarlo, hacerlo temible y propulsar su moral por encima de la metralla. Lo que el comandante de Infantería probablemente nunca pensó es que sus mandamientos cuadrarían a la perfección con una hipotética misión bélico-gastronómica, que acaba de presentarse. La Legión ha entrado en guerra... con la cocina. El Ejército ha puesto a régimen a los militares de esta unidad de élite que padecen sobrepeso y ha intensificado su actividad física diaria. Se propone que pierdan entre medio y un kilo a la semana para así afinar cuanto antes el antiguo Tercio de Extranjeros.

El exceso de grasa corporal que presentan algunos de sus miembros, y que se asoma en forma de barrigas o michelines, contraviene el espíritu de marcha, sufrimiento y dureza impuestos por su fundador –el legionario «jamás dirá que está cansado, hasta caer reventado» y su cuerpo será «el más veloz y resistente»– y, además, resta eficacia a la unidad. Consciente de la situación, el pasado verano, el cuartel general de la Brigada de la Legión (Brileg) decidía tomar cartas en el asunto.

El primer paso del dispositivo para meter en cintura a sus soldados más curvilíneos consistía, precisamente, en someter a esta operación matemática a los más de 3.000 subordinados que integran la Brigada de la Legión. Los reconocimientos médicos, que se llevaron a cabo en septiembre, determinaron que el 6% de los efectivos arrojaba un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 30, lo que equivale a padecer obesidad leve. De ellos, un 2% tenía un IMC mayor a 35, lo que indica que la obesidad es severa. «Llevan ya un mes a dieta», confirman a este periódico fuentes autorizadas del Ejército de Tierra.

Las pautas de alimentación que han trascendido comprenden un primer desayuno compuesto de yogur y fruta que se completa a media mañana con infusión o café, tostada y fruta. Para el almuerzo les recomiendan una ensalada y un plato, y un postre a base de yogur o fruta. De beber, solo agua. Para la merienda, una infusión, leche, fruta o una barrita y, para la cena, verdura hervida o ensalada, más algo a la plancha. Además de este menú pobre en calorías, el plan IMC prescribe pruebas médicas periódicas (analíticas y prueba de esfuerzo), así como una tabla de ejercicio intensivo. El objetivo no es sólo velar por el bienestar y las condiciones físicas de los militares, tal y como mandan las ordenanzas que rigen el funcionamiento del cuerpo, sino «reaccionar con prontitud ante condiciones que podrían afectar en el futuro a la operatividad de la unidad».

El plan, recogido en un documento de más de 150 páginas que no se ha hecho público, no es voluntario. Incluye la aplicación de medidas coercitivas a quienes no puedan acreditar una pérdida de peso en los controles periódicos que pueden ir desde su exclusión del desfile de Semana Santa o de una misión en el extranjero, hasta una rebaja en el sueldo y, en última instancia, la expulsión del Ejército.

Temas

España

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos