Un matrimonio de veinteañeros de viaje hacia Avilés, víctima de un kamikaze en Cantabria

Uno de los vehículos siniestrados, completamente destrozado, lo que revela el fuerte impacto del accidente. / JAVIER ROSENDO

El siniestro tuvo lugar en la A-8, a diez kilómetros de San Vicente de la Barquera, y en él también falleció el conductor que provocó el accidente

TEODORO SAN JOSÉ

El viaje se truncó el viernes por la noche, apenas a 50 kilómetros de casa. Ana Capellín iba a cumplir ayer 25 años y ella y su marido, David Duque, se dirigían por la autovía A-8 hacia Asturias, a Avilés, donde pensaban disfrutar del fin de semana y celebrar el cumpleaños. Pero poco después del enlace de Cabezón de la Sal y ya en terrenos de Caviedes (Valdáliga), a diez kilómetros de San Vicente de la Barquera, el Citroën C4 en el que viajaban se topó de frente con un Seat Toledo. Pocos minutos después de las nueve de la noche ambos vehículos se habían convertido en un amasijo de hierros y los bomberos y la Guardia Civil necesitaron dos horas para despejar la carretera y excarcelar los cuerpos. La joven pareja, de 26 y 24 años, matrimonio desde hacía tan solo cinco meses, residía en Los Corrales de Buelna y la fatalidad quiso que quien les vino de frente y segó sus vidas fuese otro vecino de Los Corrales, Rafael Quevedo, de 48 años.

Ese Seat Toledo, con Rafael de conductor, había estado moviéndose por el área de servicio que existe a la altura de Caviedes, en la mano de la carretera en sentido Asturias. En un momento determinado se puso en marcha y tomó un camino equivocado. Por dirección prohibida. Un testigo, Miguel Ángel Álvarez, vecino de Caviedes, que se encontraba en la cafetería de la instalación, se dio cuenta de la maniobra y dio un respingo. «¡Pero bueno! ¿qué hace ese coche? ¿Por qué tira para Santander?», dijo en voz alta y advirtió de la operación a los otros clientes que se hallaban en el establecimiento, Cafestore Valdáliga. «Eran las nueve menos veinte o poco menos. Estaba aquí, tomando un café como hago habitualmente, y en esas veo que un coche grande, de color oscuro (por el Seat Toledo) sale del aparcamiento que se encuentra entre la gasolinera y esta cafetería, y que echa a andar en dirección a Santander», relata Miguel Ángel.

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En el establecimiento había, dice, otras siete u ocho personas que, tras escuchar su grito, fueron testigos como él de cómo se marchaba el vehículo por donde no debía. «Un camionero y yo salimos corriendo a la calle con la idea de advertir al conductor, pero ya solo pudimos ver que se metía hacia la autovía y le perdimos cuando entró en el túnel». Miguel Ángel relata que el otro testigo, el camionero, llamó inmediatamente al 112 para dar aviso y que ambos vieron cómo el vehículo infractor salía despacio y que una vez en lo que sería el carril de desaceleración para entrar en el área de servicio, prosiguió la marcha. «Entró despacio, pero cuando superó las señales que advierten de que va en dirección prohibida no paró, y aceleró», señala el testigo.

A partir de ahí se supone que los numerosos vehículos que a esa hora circulaban por aquel tramo de la autovía A-8 se vieron obligados a sortear este automóvil. Algo que se aprecia claramente en el vídeo tomado de las cámaras que vigilan el túnel de Caviedes, unas imágenes que colgó el director general de Tráfico en su Twitter. Justo en el momento en el que el vehículo que marchaba en dirección prohibida entra en el citado túnel, dos coches que iban en sentido Asturias en paralelo por un adelantamiento tuvieron que abrirse bruscamente, uno para cada lado, para no chocar. Al momento el infractor se cruzó con un camión, e inmediatamente después con otro vehículo, todo ello a gran velocidad.

Si entró inadvertidamente en la autovía, si lo hizo por error o equivocación, el conductor del Seat Toledo continuó avanzando en sentido contrario tras cruzarse con esos primeros automóviles en el túnel del kilómetro 255 de la autovía. Yasí anduvo conduciendo otros dos kilómetros y medio más –esquivando o siendo esquivado–, hasta que a la altura del hito 252,400 el C4 con David y Ana a bordo camino de ese fin de semana de asueto en Asturias no pudo esquivarle y acabaron empotrados uno contra el otro.

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