«México nos está dando una lección»

En primer término, Enrique Varela Caso ayuda a cargar un tráiler de la Asociación Nacional de Charros con provisiones para los afectados por el terremoto. /E. C.
En primer término, Enrique Varela Caso ayuda a cargar un tráiler de la Asociación Nacional de Charros con provisiones para los afectados por el terremoto. / E. C.

Al ingeniero gijonés Enrique Varela Caso el terremoto le pilló en una novena planta | «Estoy más impactado por la solidaridad impresionante de la gente que por el temblor», relata desde el DF

A. VILLACORTA GIJÓN.

Un silencio atronador. Enrique Varela, ingeniero gijonés de la multinacional alemana Siemens que lleva cinco meses en México, ya nunca podrá olvidar el «silencio sepulcral» que se hace cuando los equipos de rescate -Los Topos- señalan con el puño en alto que puede haber una persona con vida bajo los escombros del terremoto. «Alrededor de ellos, hay 100 o 150 personas, pero, en ese momento, no se oye absolutamente nada», en un intento desesperado de escuchar cualquier indicio de vida bajo tierra. Una lucha contra el reloj, a vida o muerte, porque, cada hora que pasa, disminuye la probabilidad de hallar supervivientes entre las ruinas de las decenas de edificios derrumbados.

Enrique pudo ser uno de ellos, porque, en el momento del temblor que ha dejado 286 muertos, alrededor de 1.900 heridos y cerca de 7.000 casas y 5.000 escuelas con severos daños, se encontraba reunido en una novena planta, cerca del paseo de la Reforma, una de las avenidas emblemáticas de Ciudad de México.

«Hacía poco que habíamos hecho un simulacro y sabíamos que las alarmas sísmicas suelen saltar treinta o cuarenta segundos antes de un terremoto, pero la cercanía del epicentro impidió que anticipasen con suficiente tiempo el seísmo», relata este hombre con raíces mexicanas que se dio cuenta de la magnitud de lo que estaba pasando cuando consiguió salir al punto de encuentro de esa novena planta, situada en la zona de ascensores. «Entonces fue cuando vi a gente muy veterana, que había vivido el terremoto del 85, llorando y rezando en voz alta. Esa sensación fue muy fuerte. Sientes que todo escapa a tu control. Imagínate todo lo que se te pasa por la cabeza».

«Afortunadamente, el brigadista encargado de tomar el mando era un auténtico profesional que consiguió que todo el mundo mantuviera la calma» mientras bajaban las escaleras. Una calma tensa que se rompió cuando al fin lograron salir del edificio y Enrique asistió a «verdaderas escenas de pánico. Olía a gas, así que empezaron a pedir a la gente que apagasen los motores de los coches y que no fumasen. Me quedé en shock por lo que nos estaba pasando y por las noticias que empezaban a llegar a cuentagotas de Morelos y Puebla, donde todo el mundo tiene amigos o familiares».

Con las líneas telefónicas colapsadas, tampoco había tiempo que perder. Así que, «desde el primer minuto, tanto la sociedad civil como la comunidad internacional se pusieron en marcha, codo con codo». Y ese es el mensaje que Enrique Varela, «más tocado por la reacción de la gente que por el terremoto», quiere hacer llegar a los gijoneses: «México nos está dando una lección de solidaridad y de coraje impresionante».

«Era increíble ver a chavos de 12, 14, 16 años formados en grupos para ir a ayudar. Cómo los chicos de la universidad nacional cogían sus motos para ir a llevar médicos y comida donde se necesitaban. Podían haberse quedado jugando a la consola, porque las clases quedaron suspendidas, pero no lo hicieron. O cómo los padres les daban cascos y guantes y les animaban en lugar de decirles que se quedasen en casa, a salvo».

Este ingeniero también ha visto a «voluntarios poniéndose a regular el tráfico para liberar a los policías, también volcados, a personas ofreciendo sus coches particulares, a gente que tiene muy poco llenando de víveres los centros de acopio hasta desbordarlos». Así que a lo único que le da vueltas estos últimos días es «a no poder estar ayudando más por culpa del trabajo» y a un mensaje que se ha hecho viral: «Vivo en este maravilloso país que se llama México (...), donde veo a la gente dando toda su fuerza por los suyos, y no van a parar».

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