Charles Dayot, el alcalde francés obligado a comer una rata por perder una apuesta de un partido del Barcelona

El regidor había apostado que el Barça no remontaría al Paris Saint-Germain en la Champions League, pero le metió seis goles

JULIÁN MÉNDEZ

Será porque acaba de ser elegido alcalde y no es cuestión de empezar a dar que hablar. O porque, en el fondo, es un hombre de palabra. El caso es que Charles Dayot, primer edil de Mont-de-Marsan, población de 30.000 habitantes famosa por sus patos y sus festejos taurinos situada al otro lado de la frontera y atravesada por el río Midouze, ha tenido que comerse una rata ante el regocijo de sus vecinos.

No podemos decir que Dayot sea un suicida o un tipo de pasiones desenfrenadas. No. Más bien el alcalde Dayot es un híbrido entre Farolín y Segurolas. Cuando el pasado mes de marzo el Paris Saint-Germain hizo hincar la rodilla al Barcelona endosándole un sangrante 4-0, Dayot galleó y aseguró que se zamparía un roedor si los parisinos no lograban pasar la eliminatoria. Era, casi, casi, apostar sobre seguro. Pero se produjo la remontada en el Camp Nou, los franceses cayeron por 6-1 en el tiempo de 'súper descuento' y el equipo blaugrana consiguió alzarse con la ansiada victoria. A Dayot el resultado se le atragantó. Seguro que pasó una mala noche. Quién sabe si hasta soñando con Rémy, Alfredo Lingüini, y los demás personajes de la película Ratatouille...

La cosa no fue a más... hasta que, en las pasadas elecciones, la alcaldesa de Mont-de-Marsan Geneviève Darrieussecq obtuvo el acta de diputada por el MoDem (Movimiento Democrático) y fue nombrada Secretaria de Estado por la nueva ministra de los Ejércitos. Hubo movimientos. Con 31 de los 38 votos del Consejo Municipal Dayot se hizo con el sillón de alcalde... y los vecinos empezaron a recordarle la apuesta que había publicado en su muy activa cuenta de Facebook.

«Está suculenta, parece un guiso de liebre», exclamó Dayot ante las risas de los vecinos

Monsieur Dayot decidió cumplir la promesa en el inicio de las fiestas de la Madeleine, que se celebran a finales de julio. Pero antes intercaló algunos mensajes para crear ambiente. «Unos buenos amigos cocineros me han enviado ya varias recetas para el guiso y algunos colegas de Mont-de-Marsan han encontrado ya varias buenas ratas de campo para mí», señaló. El día grande de la fiesta, bajo una carpa en la plaza y con una negra txapela calada en la cabeza, el alcalde se comió su correspondiente guiso de rata con cuchillo y tenedor. Camiseta del Barça presidiendo la mesa y camiseta del Paris Sant-Germain, en el cuello, a modo de babero, rodeado de flashes, Charles Dayot, con su amplia sonrísa, estaba listo. Unas patatas, soplos antes de llevarse el animal a la boca y unos buenos vasos de vino le ayudaron a pasar el trago. A su lado, como recordatorio terrible de la baladronada, sendos seguidores de ambos equipos, ataviados con las respectivas vestimentas. «Está suculenta, parece un guiso de liebre», exclamó ante sus alborozados vecinos. Hecho. Apuesta cumplida para los confínes de la historia.

Luego se le pudo ver en la feria, colocándole en el morrillo la divisa a un toro bravo que sería lidiado luego en el coso landés, filmando las carreras de burros y jugando con la familia a coger patitos en las barracas. Nadie podrá decir ahora que Dayot no es un hombre de palabra. Aunque dudara un buen... rato.

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