«No necesitamos superhéroes, solo gente más honesta»

Faustino Rodríguez Arbesú hoy y en 1999./DAMIÁN ARIENZA / P. UCHA
Faustino Rodríguez Arbesú hoy y en 1999. / DAMIÁN ARIENZA / P. UCHA

Faustino Rodríguez Arbesú: «En el cine de hoy son todo golpizas y batacazos, y además mal hechos; no saben dirigir y mueven la cámara de un lado para otro»

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Su vida es cómic y cine, son imágenes y letras que aún hoy se conjuran para hacer realidad su último libro, 'Winsor McCay' (autoedición), que profundiza en la figura de un personaje fundamental más allá de sus trazos certeros y que configuró con ellos el lenguaje audiovisual. Faustino Rodríguez Arbesú (Gijón, 1939) creador y director del Salón del Cómic del Principado de Asturias hasta su desaparición en 2014, aún hoy lamenta su adiós definitivo y reprocha la falta de ayudas para mantenerlo en pie, lo mismo que su proyecto para hacer en Gijón un museo del cómic cuando aún no existía en ningún otro lugar del mundo salvo Nueva York. Lleva unos años malos, dice que ha sobrevidido dos veces a la muerte, así que mira hacia adelante sin miedo.

-¿Qué pasa cuando uno le ve las orejas al lobo?

-Deja de importarte todo. Yo siempre fui una persona poco conformista, si no no hubiera hecho el Salón del Cómic ya en 1973, pero ahora lo soy mucho más. No tengo nada que perder en este mundo; ya lo perdí todo: el Salón, el Wendigo...

-Algo habrá aprendido de todo ello.

-Que la vida es muy problemática, que estás todo el día viviendo problemas.

-Y también alegrías...

-También, como haberme casado con la mujer que me casé. Fueron cincuenta y pico años. Fue la mejor mujer que pude haber encontrado: era guapa por fuera y por dentro. Me enseñó muchas cosas, entre otras, a escribir. Yo era un técnico.

-¿Cómo acaba un perito industrial metido en el mundo artístico?

-Pues en parte gracias a mi mujer. Las primeras novelas que leí me las dio ella. Eran de Vargas Llosa, a ella le gustaba mucho y en una ocasión le llegamos a conocer.

-Y luego llegó el amor al cómic y una colección inmensa que guarda en su casa y que quiso hacer museo.

-Desde el 76, que se dice pronto, intentando hacer un museo del cómic. Y además cuando lo ofrecí solo había uno en el mundo, en Nueva York. Si se hubiera montado, Gijón hoy tendría un turismo de entre 500.000 y un millón de personas. El cómic mueve lo que no se puede imaginar. Pero además en aquella época los autores te regalaban los originales que quisieras. ¡Podría tener Gijón incunables! El cómic entonces no estaba considerado, era un atraco a la cultura, estaba mal visto que leyeras tebeos.

-¿Tiene todavía esa espina clavada?

-Sí, y con el Salón del Cómic ni le cuento. La actividad cultural detrás de los Príncipe de Asturias más aireada y la machacan de manera vil. Hubo un movimiento terrible contra el Salón del Cómic. Fueron 40 años de acoso y derribo.

-Antes de llegar todo esto, ¿cómo recuerda usted su primer cómic?

-Pues no sabía leer, eran 'El hombre enmascarado', 'Flash Gordon', los tenían mis hermanas y me los leían ellas. Esa fue mi cultura. No tuve un libro hasta los 17 años.

-¿Tiempos duros para los tebeos los que usted vivió?

-Sí. A los críos nos quitaban los comics, eran de retrasados, estaban perseguidísimos, ya de mayores muy pocos se atrevían a decir que habían leído tebeos, te consideraban un tarado.

-¿Ahora qué?

-Posiblemente ahora el cómic viva un mejor momento que el cine, y se lo digo yo, que soy un amante del cine y monté un cineclub que llegó a tener tres mil socios.

-¿Y el cómic español?

-Bueno... Nunca se hizo buen cómic en España. Pero hay excepciones, como Alfonso Zapico, que es un fuera de serie, o Gaspar Meana, otro genio del cómic. Y Neto, que es también un fuera de serie.

-O sea, que Asturias no está mal.

-Nunca estuvo mal.

-¿Cómo va a ser el cómic del futuro?

-Ahora es muy limitado. Las ediciones son pequeñísimas.

-¿Qué tal se llevan el cine y el cómic?

-De maravilla. Mi libro habla de eso. Yo lo que creo demostrar es que el lenguaje del cine se inventó en el cómic.

-¿Cine y literatura no tan bien?

-No. No tienen nada que ver. El lenguaje es totalmente diferente, y por eso se cometen grandes errores. Hay problemas cuando la literatura se quiere imponer a la imagen; eso ocurre con el cine que se llama de élite. Yo soy de imagen con palabras, pero las palabras en el cine tienen que ser muy medidas, tienen que acompañar al otro lenguaje, no imponerse a él.

-¿Cuál es su superhéroe favorito?

-El hombre enmascarado, que no es un superhéroe, es un héroe, no tiene poderes.

-Tal y como está España, ¿estamos necesitados de superhéroes?

-No. Necesitamos gente más honesta en todos los sentidos. A la religión la sustituyeron por la política. No se vota porque haya un buen programa, sino por un estigma, con eso vale.

-Póngase en la piel de Superman.

-Había que dar una vuelta a este país y ponerlo del revés.

-¿Y al mundo en general?

-Al mundo también; pero a España más.

-¿Por qué?

-No hacemos más que hablar de Trump, Trump y Trump y lo de Cataluña es mil veces peor.

-Un peliculón lo de la Cataluña...

-Sí. Pero el cine español no es autocrítico en ningún sentido. En EE UU sí que lo saben hacer bien.

-Si el cómic está mejor que el cine, ¿es porque el cine de hoy no está bien?

-Es que el cine hoy es todo golpizas y batacazos, pero mal hechos. No saben dirigir y mueven la cámara de un lado para otro. Yo ya no voy al cine, antes iba dos veces por semana, pero ya no hay nada que me atraiga.

-Pues hay quien ve pelis en el móvil.

-Verá cosas moviéndose. ¡Casi no se puede ver en la televisión! El cine requiere concentración.

-Ve cine en casa, ¿pero qué ve?

-De todo. Pero clásico más, porque es lo mejor. En el cine cualquier tiempo pasado fue mejor.

-¿Asignaturas pendientes?

-Otro libro, pero ya no puedo. Además estoy cansado, el mundo de la cultura es muy complicado, o llevas el carné en la boca o no hay nada que hacer. Salvo excepciones.

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