El caso de la niña de Valladolid muerta por los abusos transitó 24 días por el limbo burocrático

Llegada de uno de los detenidos a los Juzgados de Valladolid.
Llegada de uno de los detenidos a los Juzgados de Valladolid. / EFE

La madre de la pequeña de 4 años fallecida el jueves y la actual pareja ingresaron ayer en prisión preventiva

M. J. PASCUALValladolid.

Solo su hermana A. , ahora a salvo en un centro protegido de la Junta de Castilla y León, sabrá con dolorosa certeza cuándo empezó el viacrucis en la corta vida de S., pero el periplo de su expediente por el limbo burocrático de tres administraciones públicas ha durado exactamente 24 días y ha tenido un desenlace fatal. Cuando a D. M. G., vestida de militar al pie de la cama de Urgencias Pediátricas del Clínico donde yacía su pequeña de 4 años ya en situación de muerte cerebral, le comunicaban el miércoles la retirada de la tutela, ya era demasiado tarde: habían fallado todos los protocolos de protección. La menor fallecía a la mañana siguiente, víctima de la enésima paliza recibida en el hogar familiar de la barriada vallisoletana de Rondilla. Poco después, su madre, de 35 años, cabo del Ejército de Tierra, junto a su actual novio, eran detenidos por la Policía. Al mediodía de ayer pasaron a disposición del Juzgado de Instrucción 6, que se ocupa del caso desde que se conoció la hospitalización de la pequeña. Por la tarde se decretaba el ingreso de la pareja en prisión preventiva, comunicada y sin fianza. La orden judicial contempla también la medida de alejamiento de ambos respecto de la otra niña, de 12 años.

Los responsables de los servicios sociales del Ayuntamiento de Valladolid y de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades de la Junta de Castilla y León insistieron ayer en que en sus ficheros de protección no aparecía la menor. «Esta familia nunca entró en la Red Integral de Protección ni solicitó ninguna ayuda, de manera que era invisible para el sistema», señaló el gerente de Servicios Sociales, Carlos Raúl de Pablos. Tampoco hasta ahora nadie en el colegio de la niña detectó nada extraño que hubiera alertado a los servicios municipales, indicó la concejala de Servicios Sociales, Rafaela Romero. De hecho, el Ayuntamiento se enteró de lo ocurrido prácticamente en la víspera de la muerte de la pequeña por los técnicos de la Junta, que quisieron informarse si había rastro de la menor en los expedientes municipales de atención social. No era así.

Sin embargo, desde el 11 de julio, la pequeña S. tendría que haber dejado de ser una víctima invisible. El pediatra de Urgencias del hospital Campo Grande dio la voz de alarma. Después de pasar por el centro de salud de Íscar –aunque ello no consta en el informe de la clínica vallisoletana, donde se atendió a la pequeña pero no fue ingresada–, la madre llevó a Campo Grande a la pequeña, comentando allí con total naturalidad que la niña tenía los labios hinchados y que se encontraba mal, que podía tratarse de una alergia. El facultativo sospechó de inmediato de las lesiones que presentaba la pequeña y del estado de abandono e higiene y, junto a una compañera, le realizaron un examen exhaustivo. Decidieron llamar al 112, donde les animaron a denunciar el asunto a la Policía. Y así lo hicieron.

El pediatra, al día siguiente, fue a ratificar la denuncia voluntariamente. La madre, en su declaración, comentó a los agentes del servicio policial especializado en mujeres y menores que su expareja la maltrataba psicológicamente y que «menos mal» que la había abandonado. De inmediato se activó el protocolo para que el asunto pasara al Juzgado de Violencia de Género y se pone el foco sobre la madre, que se niega a ratificar la denuncia y el asunto se archiva. Fuentes próximas a la investigación apuntan que esta prioridad pudo eclipsar la denuncia sobre el maltrato de la niña.

Cierta o no esta hipótesis, la realidad es que hasta el 21 de julio la Gerencia de Asuntos Sociales de la Junta no recibió el expediente «por la vía ordinaria y no de urgencia», que fue remitido por la Fiscalía, y no fue hasta el lunes 24 cuando los técnicos lo estudian y se llamó a la madre y a las niñas.

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