«Mi padre fue mi maestro de vida»

Ana Nebot, junto al estudio que regenta su hermano José Carlos. A la derecha, su padre, José Manuel Nebot. / PABLO LORENZANA
Ana Nebot, junto al estudio que regenta su hermano José Carlos. A la derecha, su padre, José Manuel Nebot. / PABLO LORENZANA

Ana Nebot: «Yo soy como era él, pero menos diplomática. Quizá porque todavía hay mucho machismo y la diplomacia se interpreta como que eres blanda»

AZAHARA VILLACORTA OVIEDO.

Dicen que Ana Nebot (Oviedo, 1975) es, en muchas cosas, un calco de su padre, José Manuel Nebot, fotógrafo, comunista, un referente social y cultural de una ciudad que acaba de quedarse huérfana de su humor y su bonhomía. «Él se llevaba bien con todo el mundo porque siempre decía que había que ponerse en la piel de los demás. Mi padre tenía amigos pescadores, intelectuales, médicos... Y eso lo heredé yo». Eso sí, la soprano ovetense -que dejó la carrera de Medicina para dedicarse al canto tras cursar Historia del Arte y que hoy da clases en la escuela municipal de música de Llanes, además de triunfar en medio mundo- es «mucho menos diplomática que él», avisa. «Quizá es porque soy mujer y porque todavía hay un machismo muy grande en esta sociedad. Si una mujer es demasiado diplomática, la gente piensa que es blanda. Te toman el pelo. Entonces, tienes que marcar tu terreno. Tengo una forma de ser que confunde mucho a los paisanos».

-¿A los hombres les asustan las mujeres con carácter?

-Cada vez lo tengo más claro. Conozco a hombres que, de puertas para afuera, son muy defensores de la mujer, pero, cuando les toca a ellos tener una relación con una mujer con las cosas claras, independiente... la cosa cambia. Lo decía Pedro Zerolo y es una frase que me gusta mucho: estamos en un momento muy complicado para las relaciones heterosexuales, porque las mujeres buscan hombres que aún no han llegado y los hombres buscan mujeres que ya no existen. Estamos en un desequilibrio. Y lo decía también Galeano: el machismo es el miedo de los hombres a las mujeres sin miedo.

-¿Qué busca en un compañero?

-No busco a alguien para que me proteja, porque ya me protejo yo, ni para que me solucione económicamente la vida, ni por estatus. Yo quiero estar con una persona por amor, por cariño, por afecto, porque hay compatibilidad a muchos niveles, porque aprendo con ella. Pero no por interés. Y de lo que me doy cuenta es de que lo que funciona todavía, en muchos casos, son las relaciones en las que la mujer está un paso por detrás.

-Su padre y su madre, Rosa, formaron un tándem perfecto.

-Si me hablas de tener una relación como la de mis padres, firmo ya. Creo que la vida es mejor compartida, pero solo cuando es con la pareja adecuada. Si no, mejor estar sola y no pasa nada. Y tampoco siento esa necesidad que veo que en muchas mujeres de realizarse siendo madres.

-También salió a Nebot en lo combativo. ¿Tuvieron alguna discrepancia importante?

-Solo le di una pequeña decepción, que fue cuando dejé Medicina. Dijo: «¿Otro artista en la familia?». Pero, como me fue bien, iba a todos los sitios donde yo cantaba y estaba orgulloso. Le pude decir todo lo que le quise, todo lo que lo admiraba. Por eso, mi madre y yo estamos muy serenas. Porque murió rodeado de amor, de todo tipo de atenciones y de dignidad. Yo pasé su penúltima noche a los pies de la cama. La última la pasó mi madre. Y, al final, cuando su cuerpo estaba muy rígido y era complicado vestirle, ella, aunque sudase, le ponía su camisa, su jersey, sus zapatos de atar. Ahí dices tú: «Yo quiero esto para mí». Una persona que me mantenga el cariño y la dignidad hasta el final.

-¿Hubo algo que la reconfortase en mitad de esta pérdida?

-Fue muy reconfortante ver a todas esas personas que subieron al tanatorio, darles un abrazo, que me contasen las cosas que vivieron con mis padres. Me enteré de muchas cosas de él que no sabía, de cómo marcó mucho la vida de las personas. Y, claro, tener un padre así, que aportó algo a tanta gente, es muy guapo.

-¿Qué más lecciones le dejó?

-Mi padre fue mi maestro de vida. Me enseñó a vivir sin miedo, algo que considero muy importante. Vivir rodeada de amor del bueno te da una enorme fuerza y seguridad para mantenerte en tus principios. Él, por ejemplo, decía siempre: «Hay que hacer más agradable la vida a los demás». Y lo practicó. Era siempre de: «Al mal tiempo, buena cara». Y de pensar: «Yo no tengo seguridad de que después de esta vida haya otra, así que vamos a disfrutar esta». Por ejemplo, durante la enfermedad, nunca le vi una mala cara, un gesto de dolor. Llevó la enfermedad como fue su vida: intentando agradar. Hasta el último momento, mantuvo la esencia de Nebot. Mi padre no leyó nunca a Paulo Coelho ni ningún tipo de libro de autoayuda y ahora está lleno de gente con las estanterías plagadas de libros de autoayuda y analizas su vida y tienen problemas en las relaciones a todos los niveles... Veo a la gente despistada, irascible, a la que salta. Veo crispación y a las personas muy perdidas sobre qué es lo esencial de la vida. Hoy lo marca todo el dinero. A mi padre, por ejemplo, nunca le importó. A mí, tampoco. Te das cuenta de que hay fachadas tan estupendas, pero luego rascas un poco y ahí no hay nada.

-¿Cómo recuerda su infancia?

-Feliz y sin rutinas. Me agobia hacer todos los días lo mismo porque no lo hacía ni de pequeña. A lo mejor, llegaba del cole y había reunión del Partido y no había con quien dejarme, así que me quedaba en el bar de la sede de Pumarín, con Teresa, la encargada, que siempre me regalaba una bolsa de almendras, encantada... Él siempre sacaba tiempo para nosotros y, cuando le decía «me aburro», me contestaba: «Aburrirse es de burros. Vamos a jugar a las damas». Y a eso hay que ir. No puedes delegar y darle al niño una tableta para entretenerlo.

-Fue siempre muy responsable.

-Sí. Y, además, fui a un colegio privado, con gente muy conservadora, y siempre tenía que demostrar el triple porque era la hija de un rojo. Eso me marcó bastante. Es igual que cuando eres de Oviedo y te llaman para cantar aquí. Tienes que demostrar el triple que fuera. Yo, si me implico con algo, me implico hasta el final. En la vida hay que mojarse y, si quieres, quieres. Eso de 'sí pero no' no me va.

-Vivió en Valencia, Barcelona, París... ¿Oviedo llegó a asfixiarla?

-Oviedo es mi ciudad y le veo muchas cosas positivas. Quizá peca de ciudad pequeña con mentalidades demasiado pequeñas. Se vive mucho de las apariencias. Tengo un amigo que dice que en Oviedo a la gente no le gusta la ópera, sino ir a la ópera.

-¿Ha habido muchos momentos duros a lo largo de su carrera?

-Cuando me separé. Fue una separación que me pilló un poco por sorpresa. Y joven. Adelgacé muchísimo. Toda la masa muscular que utilizaba para apoyar la voz desapareció. Psicológicamente tampoco estaba bien y me quedé sin voz. Y luego llevo mal los egos desorbitados y en mi profesión hay muchos, aunque no es algo exclusivo de los artistas. Nos han vendido el 'yo, yo, yo' hasta el límite del egoísmo, pero me considero muy afortunada porque a muchos de mis mejores amigos los he conocido a través de la música.

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