Laura Ponte: «He pasado un infierno de complejos»

Laura Ponte, en su estudio madrileño. / IÑAKI MARTÍNEZ
Laura Ponte, en su estudio madrileño. / IÑAKI MARTÍNEZ

La modelo diseña trajes de novia y de fiesta y trabaja ya en una colección. Pero, por el momento, sin firma propia

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Laura Ponte (1973) es un ser libre. No tiene ataduras ni pelos en la lengua esta mujer que un buen día se metió en el mundo de la moda y sin darse cuenta se quedó atrapada en él. Ahora diseña sus propios vestidos.

-Dicen que su vida es pura poesía.

-Dicen muchas cosas. Hay buena literatura, buenos amigos y buen oficio.

-La vida tiene lado prosaico y poético. ¿A dónde se inclina?

-Son lo mismo. Depende del tono, de la lectura que se haga. Yo voy como el ying y el yang, bien equilibrada.

-¿Más equilibrada que nunca?

-No sé. Siempre creemos que estamos en el punto de equilibrio, pero en realidad vamos haciendo ajustes.

-¿La edad no influye?

-Los procesos de cada uno son distintos. Hay quien con ochenta años tiene una frescura inmensa. Siempre hay que estar descubriendo cosas.

-¿Usted qué descubre?

-Pues igual las mismas, pero se me olvida que las he descubierto. Voy conociendo los tiempos que quiero quedarme en los oficios, las inquietudes. Uno nunca sabe: de pronto, en un sitio en el que creías que iba a estar de paso te quedas un largo rato.

-¿Eso le pasó a usted con la moda?

-Eso me suele pasar. Estoy ahí, curioseando, y la vida y las circunstancias te llevan. Pensé durante años que no pertenecía al mundo de la moda y...

-Sigue en él.

-Sí. Estoy diseñando trajes de novia y fiesta, he hecho temas de estilismo, fotografía, producción. Es un mundo en el que he estado mucho tiempo y he visto en todos sus flancos. Me interesa de muchas maneras, no solo por la parte estética, y ahí sigo.

-¿Diseñadora de trajes de novia?

-Es algo que tenía toda la vida en la cabeza, me resulta muy fácil, soy obsesiva compulsiva. Hoy tengo una cita con una novia y he dibujado 32 vestidos. Tengo esa facilidad con todo lo que me gusta.

-¿Cómo son sus novias?

-Hay de todo. Cada novia es un mundo, lo que no hago es imponer. Con sus ideas, que son también las de la familia entera, trato de orientarla, de que vea cosas que en principio no imaginaba, de luchar para que esté guapísima y la familia, contentísima.

-¿Va a crear su propia firma?

-No. Me puse con Sole Alonso, que lleva haciendo novias 20 años y su hermana es socia mía en Urgel 3, el espacio de coworking. Siempre estuvo la idea ahí, un día la llamé, este verano, y esta vez sí. Ella tiene su firma, yo hago mis vestidos y vamos a hacer una colección. Pero no, el nombre del producto se me hace muy raro. Esto es como tener una modista, nada más.

-Pero su nombre tiene peso.

-Pero no quiero. No sé si voy a pasarme 20 años haciendo vestidos o voy a hacer 27 y digo 'sueño cumplido' y de repente hay algo que me pica más la curiosidad. No quiere decir que no me lo tome en serio, pero tampoco sé a dónde me va a llevar. Igual acabo haciendo faldas plisadas. No busco la marca, solo hacer un vestido y otro vestido, y eso acaba haciendo sello. Las cosas crecen con mucho trabajo.

-Está también en Urgel 3.

-Es un espacio de estudios de artistas y una galería en la que hacemos exposiciones.

-¿Viene mucho por Asturias?

-Voy al dentista cada mes y medio. Me he puesto brackets, me ha convencido el marido de una amiga mía, y ahora iré en Semana Santa. Mi plan en Asturias es La Isla, Sotrondio, Oviedo. Para mí es la familia, la mitad de mi vida, mis raíces, mis referencias. Es entrañable, fácil, acogedor, un pulmón que me da descanso.

-¿Qué es para sus hijos?

-Para ellos es el mes de julio, son las vacas y el prado, un verano muy sano, de libertad.

-¿2018 es el año de las mujeres?

-Espero que unos cuantos más. A mí me da rabia que las cosas se queden en un día. Ahora estamos en una época de gran cambio y confío en los jóvenes. Son más libres.

-¿Vivió alguna situación de acoso en su carrera?

-En mi caso no sé si estaba superprotegida porque parecía más frágil de lo que era, pero no. Era un mundo donde convivían gente mayor y joven sin tener cierta tutela, un mundo muy libre, donde todo el mundo podía ser quien quisiera, abierto a todo tipo de circunstancias personales, culturas, nacionalidades y, de alguna manera, lo veía con mucha curiosidad, pero también con cierto respeto. He sido una persona cauta, daba poco juego.

-¿Pero vio algo extraño?

-Yo una vez tuve un señor que llegó borracho y no trató a nadie bien. Pero no quiero pensar que el mundo de la moda provoque más esas situaciones. Lo que escucho y veo en otras profesiones es lo mismo. No he vivido esas situaciones, y también en esto hay que tener mucho cuidado, no quiero ser machista, pero hay que ser justos, no se puede demonizar al hombre con este tema, la mujer también acosa. Me da mucho miedo este tema. Es como que ya no puedes decirle a nadie «qué guapo estás, qué fachón tienes».

-¿Se puede vivir entre el 'low cost' y la alta costura y no estar loca?

-El tipo de consumo que estamos provocando me parece peligroso. Es consumo, consumo, consumo, y la gente no se da cuenta cómo se produce el 'low cost', a dónde va a parar todo eso. No digo que no use nada 'low cost', pero en general no compro mucho. Este año creo que me he comprado tres jerséis de cuello vuelto. Uso las mismas sandalias todo el verano, no tengo esa necesidad, igual es que estoy un poco saturada. Soy de comprar piezas buenas, que tampoco quiere decir súper caras, y me las sigo poniendo, son básicas que han envejecido bien.

-¿Su look perfecto?

-Americana grande llena de bolsillos y una camisa blanca, un pantalón de pinzas o pitillo y un zapato plano. A mí los tacones no me sientan bien a la circulación y me encuentro torpe. Son morfologías y cuerpos, el mío es de plano.

-¿Para estar guapa hay que sufrir?

-Depende de lo que entiendas por guapa. Yo no soy muy de sufrir y tampoco es que me considere muy guapa. ¿Sufrir dónde?, ¿en el gimnasio?

-O en el quirófano...

-Hay gente que ha sufrido mucho porque ha tenido complejos. Cada uno que haga con su cuerpo lo que le dé la gana. Pero sí que es verdad que tenemos que evolucionar un poquito más y ver que la diferencia nos hace especiales. ¿Qué es la belleza? Si te pones a ver la historia ha cambiado el concepto, no sabes ni lo que es. El consumo vive de la inseguridad.

-Muchos dirán que es muy fácil decir eso siendo Laura Ponte.

-He pasado un infierno de complejos toda mi vida. No voy a la playa prácticamente. Son cosas que me ha costado superar. Yo no le parezco guapa a mucha gente, tengo un físico curioso y fotogénico y he caído en buenas manos. Todo el mundo tiene un punto.

-¿La receta para dar con ese punto?

-Supongo que es un tema de emociones más profundas, de sentirse querido. No es tanto la estética como el corazón.

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