«Estuvimos a un paso de Venezuela»

Inés Alvano y Jorge Sobrido, con sus dos hijos.

Jorge Sobrido se ha convertido en un auténtico gaucho en la Pampa argentina | «La gente decía que una mujer y un gallego no durarían nada al frente de una ganadería», recuerda este ingeniero técnico agrícola avilesino

A. VILLACORTA

La historia de amor del avilesino Jorge Sobrido, de 43 años, «es como de novela», resume entre risas su mujer, la argentina Inés Alvano, de 41, desde Azul, en plena pampa argentina, a 300 kilómetros de Buenos Aires y a 18 del primer pueblo donde comprar el pan. Allí, el asturiano se ha «convertido en «un auténtico gaucho» al frente de una ganadería con 200 vacas.

Este relato empezó a escribirse en 1998, cuando Jorge, ingeniero técnico agrícola, se marchó a América gracias a un intercambio universitario y allí conoció a Inés, con la que estuvo «tonteando sin llegar a nada serio». Hasta que, a los tres meses, tuvo que regresar a Asturias y pasaron seis años sin saber nada uno del otro, porque una carta que él le remitió nunca llegó a su destino. Así que un día, sin esperar nada, Jorge volvió a intentar ponerse en contacto con Inés para preguntarle «qué era de su vida». Aquella vez, a través de un mail. Y, a vuelta de correo, ella le informaba de que seguía soltera, «algo que no es muy habitual en Argentina, donde las chicas suelen comprometerse y tener hijos jóvenes». Y él empezó a llamarla por teléfono todos los días. Y tanto hablaron de un lado al otro del océano que la compañía telefónica le ofreció un descuento del 25% en las facturas «por ser tan buen cliente».

«Así estuvimos un año. Hasta que, en 2004 me invitó a conocer a su familia en Avilés», relata Inés, que llegó a Asturias por otros tres meses y que, cuando su visado estaba a punto de caducar, recibió «una propuesta de lo más romántica»: «Me acuerdo de que veníamos del Mercadona, con las bolsas en la mano, y me preguntó: '¿y si nos casamos'?». Dicho y hecho: hubo enlace en Azul y, poco después, la pareja estableció su residencia en Asturias, donde nació su primer hijo.

Pero, cuando se quedaron embarazados del segundo, supieron que era tiempo de regresar a la Pampa, donde el padre de Inés, enfermo, tenía una ganadería repartida en 450 hectáreas, 600 ejemplares de razas británicas. Y se hicieron cargo de buena parte de ellos contra viento y marea.

«La gente decía que una mujer y un gallego no durarían nada». Se equivocaron. Y hoy, ya superado el gélido invierno austral, Sobrido vuelve de un remate, «una especie de subasta» donde ha conseguido vender a buen precio varias de sus terneras. De esas que, según los entendidos, tienen una de las mejores carnes del mundo. Y Jorge desvela el secreto: «Tienen más grasa que las de Asturias».

Eso sí: «En Argentina, tener 200 vacas significa que eres un microganadero. Tenemos amigos con 4.000 y 5.000 y una extensión de terreno superior a todo el municipio de Avilés. La fórmula para tener éxito es tener ganas de aprender, leyendo, informándote y, sobre todo, trabajar mucho y ser humilde».

La prueba es que, desde que Inés y Jorge se pusieron al frente de las 350 hectáreas de terreno de su hacienda, y quitando las vacaciones en Avilés, solo han tenido un fin de semana libre, que han aprovechado para viajar a la capital de un país que, según cuentan, «en realidad son dos países: uno es el de la gente ingeniosa, que lo son y mucho, de los emprendedores con ganas de trabajar y el otro, el de aquellos que viven de las ayudas sociales y creen que cualquier empresario de clase media como nosotros es un explotador, cuando nos dejamos el lomo todos los días».

Jorge es bastante crítico con lo que supuso el peronismo, primero, y los gobiernos Kirchner, después, con «unos niveles de corrupción que hacen que los corruptos españoles se queden en aprendices». Una corrupción, subraya, que impregna «todo el país», lo que provoca que «el dinero público no llegue a donde tiene que llegar». Y va más allá: «Antes de la llegada de Macri, Argentina estaba a un paso de Venezuela». Y pone solo un ejemplo que a él le resulta ilustrativo: «Inés fue a hacer el pasaporte y le dijeron que tardaba quince días. Bueno, pues, acto seguido, se le acercó un policía y le ofreció tenerlo listo en dos, a cambio de una cantidad de dinero. Esto es un mundo aparte si hablamos de este tipo de chanchullos».

Pero, en su opinión, las cosas han empezado a cambiar y el tiene un lema filosófico para combatir lo que menos le gusta del país del mate, que ya se ha acostumbrado a desayunar: «Me gusta lo que hago y lo de alrededor son circunstancias colaterales». Así que espera que, al final, se imponga la Argentina «moderna, del siglo XXI, de las oportunidades, que intenta avanzar, donde todas las facturas son 'online' y donde los cultivos se controlan con fotos de satélite». Inés, entre tanto, sueña que con «ojalá existiese un puente que conectase Asturias y Azul».

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