El peregrino que abandonó El Camino al robarle su bicicleta en un convento

José Luis Merino con sor Piedad Cuadrado.
José Luis Merino con sor Piedad Cuadrado.

A José Luis Merino le robaron la bicicleta con la que realizaba el recorrido | «Cómo es posible que roben una bici en un convento», asegura

MIGUEL G. MARBÁN

Todos los peregrinos coinciden que el Camino de Santiago es fuente inagotable de buenos recuerdos, de experiencias gratificantes y de gente maravillosa. Así lo estaba siendo también para el madrileño José Luis Merino, arquitecto y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, de 53 años, desde que el pasado domingo salió de su casa rumbo a la tumba del apóstol peregrino. Todo iba bien hasta que el martes llegó al convento de clarisas de Medina de Rioseco para pernoctar en su albergue.

Al levantarse para hacer una nueva etapa hasta Sahagún fue cuando tuvo la amarga sorpresa de ver que se habían llevado su bicicleta, pero también la posibilidad de seguir el camino a pie al haberse llevado todas sus cosas que había en las alforjas, que también fueron sustraídas llevándose además un ipad. Su sorpresa fue mayúscula. “Cómo es posible que roben una bici en un convento”, pensaba José Luis, mientras se daba cuenta con gran decepción y desilusión que su primera peregrinación había llegado a su fin en Medina de Rioseco en su cuarta etapa, cuando todavía le faltaban más de 400 kilómetros para llegar la próxima semana a Santiago de Compostela.

Por su cabeza pasaban todos los años que llevaba pensando que alguna vez tenía que hacer el Camino. Su ilusión se desvanecía. Además, a la pérdida material, solo la bicicleta tenía un valor de 2.000 euros, se unía otra sentimental y anímica por el hecho de que “era mi bici, algo muy personal que me ha acompañado en momentos difíciles”, indicaba el madrileño, para el que será difícil sustituirla para continuar con su afición a practicar el deporte de las dos ruedas, incluso cuando nieva.

Sor Piedad

Por lo demás, su carácter afable y alegre hacía más llevadero el desagradable incidente. La misma sor Piedad Cuadrado, la monja hospitalera, explicaba que al llegar el día anterior había visto en José Luis “un peregrino especial, con una luz singular”. Esta religiosa, con su espíritu franciscano, invitaba al madrileño a quedarse en el albergue una noche más antes de partir hoy hacia su casa. Por eso José Luis no dudaba en manifestar que se llevaba “un maravilloso y excelente recuerdo del albergue, del convento y de las religiosas”, indicando que “es un gran albergue que lo llevan con gran amor, un lugar donde me he sentido acogido, como en casa”.

La tarde la dedicaba a visitar Medina de Rioseco, con su calle Mayor, sus grandes iglesias y los Museos de Semana Santa y san Francisco, que deslumbraban a José Luis en su faceta de arquitecto. Era la mejor forma de mitigar su desconsuelo. Es posible que de no haberle robado la bicicleta no hubiera entrado en la iglesia de Santiago, espacio jacobeo de suma belleza en el que, de seguro, pudo sentir la emoción que en unos días iba a tener el entrar en la gran Catedral de Santiago de Compostela. Hoy, tras escuchar misa junto a las clarisas, José Luis partía hacia Madrid con la certeza de que volverá a hacer este Camino y de que tendrá en Rioseco una parada obligada, donde por unas horas sintió el calor de la verdadera hospitalidad.

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