Los records más extravagantes de los Guinness

Los records más extravagantes de los Guinness

Pestañas de 12 centímetros, una ración de jamón que ocupa una plaza, el país con más muertos por selfis...

J. A. GUERRERO

Los récords siguen fascinando y la mejor prueba es que el libro Guinness no deja de publicarse año tras año con notable éxito. Seguramente nadie lo leerá de un tirón, pero pasará un rato entretenido buceando entre noticias superlativas y estadísticas de locura, esas por las que no nos darán el Nobel, pero que te permiten salir airoso en una charla de barra de bar. Que la señorita You Jianxia luzca una pestaña tan larga como un boli Bic, o que a un tipo llamado Johnny Strange le conozcan como el hombre de las orejas de acero por levantar con sus soplillos un barril de cerveza de 21 kilos puede que ni aporte ese milímetro de espesor del pozo de la culturilla general. Y sin embargo uno no deja de asombrarse de la recopilación de récords (unos más frikis que otros) que aparecen a lo largo de las 250 páginas de la presente edición, de ellas solo cuatro con acento español. Ahí está la mayor ración de jamón serrano jamás servida, que alfombró la Plaza Mayor de Toledo con sus 390 kilos de lonchas; o el vaso con 1.525 litros de zumo de naranja que 400 valencianos exprimieron durante una hora; o la imagen humana más grande de una botella que, con tal fin, reunió en Valladolid a 3.128 voluntarios, o, ya por terminar, la escultura de mazapán más alta, un azucarado Quijote que supera los tres metros y medio.

Todo en este libro está consagrado a lo más. Lo deja bien claro su director en una carta a los lectores en la que da la bienvenida a una edición «superpoderosa y superlativa». Imbatible. En esta ocasión han sido 45.000 solicitudes evaluadas, 3.000 récords nuevos y mil fotografías que ilustran doce capítulos donde se repasan desde las especies más desconcertantes del mundo animal (no puede faltar Freddy, el gran danés que puesto en pie sobre sus patas traseras supera en diez centímetros los 216 de Marc Gasol), a los récords deportivos más espectaculares (sí, aparece la remontada del Barça frente al PSG). Lo abras por donde lo abras encuentras una anécdota (uno de cada diez islandeses publicará un libro a lo largo de su vida) que solo sorprende hasta que unas páginas más adelante asoma una nueva por aquí (Bush ganó menos con sus memorias que su perra ‘Millie’ con su autobiografía) o por allí (el salto con cuerda elástica desde más altura para mojar una galleta en una taza de té).

Los del Guinness han querido dedicar la presente edición (que incluye récords hasta abril de 2017) a los ‘Superman’ de carne y hueso. Por eso abren su primera página con uno de estos superhéroes reales, el campeón francés de moto acuática Franky Zapata, que logró recorrer 2.252 metros en una especie de patinete volador sobre las aguas de la Costa Azul.

Hoy, Día Mundial de los Récords Guinness, lo celebrarán con la catalana Moon Ribas, una artista-ciborg que percibe todos los terremotos del mundo mediante vibraciones gracias al sensor sísmico que se implantó en el brazo. El libro es prolijo en récords de todo pelaje, pero mantiene los tradicionales: el hombre más alto de la historia, honor que corresponde a los 272 centímetros de Robert P. Wadlow, del que en 2018 se cumplirán cien años de su nacimiento; o la persona viva de más edad, Violet Brown, de 117 años... que no ha podido ver su foto publicada. Falleció hace tres semanas. Y no por culpa de un selfi fatal, como sí les ocurrió a 76 despistados en la India, país que acapara los ‘killfies’. En tres años ha habido en el mundo más muertes por selfis (127) que por ataques de tiburón.

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