«Desde que me retiré no paro»

Eladio de Pablo, en el café Gregorio de Gijón y en 1997./CITOULA / E. C.
Eladio de Pablo, en el café Gregorio de Gijón y en 1997. / CITOULA / E. C.

Eladio de Pablo, dramaturgo, director y traductor, dejó la enseñanza pero no el teatro, la pasión y la vocación para la que no hay jubilación posible

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Eladio de Pablo (León, 1950, aunque asturiano de adopción, llegó a Gijón con seis años) hace tres años que dijo adiós a las aulas, pero ni por asomo ha echado el cerrojo a la vida de teatrero de pro, de esos que disfrutan escribiendo, dirigiendo, actuando y traduciendo. El que fuera director de la ESAD no se aburre. Ni mucho menos.

-Jubilación viene de júbilo. ¿Son tiempos de júbilo para usted?

-Sí, estos son años de no tener más horario que el que te impone aquellas cosas que no tienen que ver con el trabajo, como la familia, que nunca es una imposición. Yo tengo dos nietas maravillosas y disfruto muchísimo de ellas.

-¿O sea que eso de que el trabajo dignifica es una gran mentira?

-No, tampoco es eso. El trabajo es importante y yo siempre he trabajado en lo que me gustaba. Me he dedicado a la enseñanza 35 años, 24 en Secundaria y once en la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD). En los dos hacía lo que me gustaba, y en los últimos años, lo que me gustaba con recochineo. No solo daba clases si no que además lo hacía sobre mi mayor vocación, intentando formar profesionales del teatro y al tiempo escribiendo y dirigiendo.

-¿Qué enseñanza se lleva usted de 35 años de enseñanza?

-No sé si es la enseñanza que me llevo o la que que puedo transmitir, pero es que los de mi generación no trabajamos en el horario establecido, enseñar era nuestra vocación, le dedicamos mucho tiempo, dábamos vida a los centros en que trabajábamos. Eso me he llevado: no hacer en tu trabajo estrictamente lo que te corresponde sino que forme parte de tu vida.

-Ejerza de profe y póngale nota a la educación en Asturias.

-En los últimos años que yo di Secundaria las cosas se pusieron más difíciles, y eso que estamos en una región en la que la educación, pese a todo, ha estado muy bien atendida. Para mí ha sido frustrante no ver el mismo entusiasmo de los nuevos que el que teníamos los veteranos. Pero, en general, en el mundo de la enseñanza que yo he vivido, el profesorado siempre ha estado por encima de la media.

-¿Usted prohibiría el móvil en las aulas?

-Uff. Complicado. Esa pregunta no me la sé. Pasapalabra.

-¿Del teatro no se jubila?

-No, al contrario. Desde que me retiré no paro. Exalumnos que montan compañía me llaman para colaborar con ellos, así que he tenido un trabajo bastante continuado. Este último año he escrito para Quiquilimon 'Stanb By', he dirigido para Saltantes Teatro 'Equipaje', he escrito la parte teatralizada de las visitas al Campoamor, también piezas de teatro para el Jardín Botánico, microteatro para unas alumnas que se fueron a Barcelona... Me están dando bastante cancha, sí... Así estoy.

-¿Y qué dice Montoro de esta profusa actividad postjubilación?

-Se hacen muchas cosas pero al final el número de funciones es muy pequeño, es un dolor, de modo que los derechos de autor no ponen en peligro mi pensión.

-Debía ser usted el típico profe enrollado para que le llamen tanto.

-Yo era muy exigente. No deja de ser que les apetece hacer cosas conmigo.

-Hombre, pero eso mola...

-Claro que mola. Pero quede claro que mi asignatura era exigente, había que estudiar en un plano más universitario, no era expresión corporal o interpretación, siempre les decía a los alumnos que tenían que aprender a analizar, saber leer los textos dramáticos para sacar los personajes de ahí.

-¿Escribe más ahora que antes?

-Para escribir necesito estímulos externos. El teatro es diferente a la novela. Yo siempre escribí teatro porque iba a montar la obra y además iba a dirigirla, cuando no tienes perspectiva de hacerla es más difícil. Si sé que la voy a poner en escena, escribo como un loco, porque además en realidad la obra acaba de componerse en los ensayos.

-Iba a preguntarle a qué dedica el tiempo libre, pero no sé si tiene.

-Hay tiempo para todo. Para hacer deporte, para pasear, para haraganear, para leer, para ver series...

-Arturo Fernández dio la lección inaugural en la ESAD. ¿Qué me dice?

-Le digo lo que le dije a él: que estuvo magnífico. Fue genial. El señor vino a contar su peripecia desde los inicios hasta el momento actual con sinceridad y honestidad admirables.

-¿Iba con reticencias?

-Iba con curiosidad y vi un actor hablándole a otros candidatos a actores con una cantidad de verdad tremenda.

-¿Quién quiere ser actor quiere también ser famoso?

-La gente es muy realista. Los alumnos saben que es un trabajo como otro cualquiera, tan precario como son los trabajos ahora, que o le echan voluntad, dedicación y ganas o mejor se dedican a otra cosa.

-¿Se le cae la baba cuando ve a sus alumnos en televisión o en otros medios?

-Es un placer, sí, es un gustazo verles.

-¿El teatro asturiano qué?

-Esta no sé si me la sé tampoco. Ahora hay generaciones muy formadas, la técnica ha mejorado muchísimo, el problema del teatro son las infraestructuras, hay muchas compañías, mucha gente dedicada a esto, pero sigue siendo precario.

-¿Y el cine?

-No soy de adjetivos. El cine es cine. Hay cine de mayor o menor calidad y, como dice Juan Gona, hay asturianos que hacen cine.

-¿El profe tiene alguna asignatura pendiente?

-Siempre quieres haber hecho más.

-Pues a tiempo está.

-Eso espero. Toco madera. Me hubiera gustado poder hacer las cosas en mejores condiciones y tener la ocasión de haber estado un mes en una sala para probar que eso que sabes que funciona bien, efectivamente funciona bien.

-¿Y de Cataluña no hablamos?

-Da para un Monty Python total. ¿No hay cierto parecido entre el César de 'La vida de Brian' y Puigdemont?

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