Investigadores asturianos delimitan la zona del genoma que influye en la aparición de este conjunto de trastornos mentalesUna puerta a la cura de la esquizofrenia

Investigadores asturianos delimitan la zona del genoma que influye en la aparición de este conjunto de trastornos mentalesUna puerta a la cura de la esquizofrenia

J. L. GONZÁLEZ

Cuando los científicos que investigan formas de acabar con la esquizofrenia se centraban en el genoma se encontraban con un problema: los genes que sabían que influyen en la aparición de este trastorno psiquiátrico se encontraban en zonas separadas y nada hacía indicar que hubiera relación entre ellas. Con este panorama era imposible determinar cuáles y por qué lo provocaban. Hasta ahora. El genetista Antonio Fernández Pardiñas (Oviedo, 1985) lidera un estudio que acota estos genes a un 15% del total y que abre la puerta a «desarrollar nuevos fármacos que permitan incidir en aquellos que funcionan de manera diferente en personas que padecen esquizofrenia y así revertir los síntomas», explica este investigador que trabaja en la Universidad de Cardiff y cuyo estudio publica la revista 'Nature Genetics'.

El estudio se ha hecho a partir del análisis del genoma de 100.000 personas, de las que 40.000 están diagnosticadas de esquizofrenia. A través de la investigación han podido delimitar las zonas en las que se ubican los genes que, potencialmente, pueden desencadenar el trastorno, lo que permitirá «centrar el esfuerzo de futuras investigaciones», explica Fernández Pardiñas.

En el transcurso de la investigación han descubierto que una parte de los genes que pueden provocar esquizofrenia son «imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo». Estos genes no presentan mutaciones severas sino muy leves, algo que se desconocía hasta ahora.

No obstante, Fernández Pardiñas señala que, en este trastorno psiquiátrico, no es la genética lo único que influye. «La gente que, por ejemplo, tiene ciertos traumas infantiles, tiene más predisposición a padecerla. Pero es necesario saber qué ocurre en la base genética para conocer la base biológica, lo que pasa en nuestro cuerpo». En el trabajo participa otro asturiano, el profesor de Genética de la Universidad de Oviedo Enrique Santiago Rubio (Oviedo, 1956). Su labor se ha centrado en la aplicación de modelos matemáticos para establecer la correlación entre diferentes zonas del genoma en las que se ubican los genes potencialmente dañinos.

Su desembarco en esta investigación llegó a través de Antonio Fernández Pardiñas, quien fue su alumno. La investigación les llevó en una dirección en la que la selección natural se revelaba crucial para avanzar, un campo en el que este equipo no tenía conocimientos profundos. Una llamada al profesor, experto en esta materia, sirvió para incorporarlo a la investigación, lo que permitió descubrir que muchos de los genes clave en esta problemática se encuentran en regiones donde la selección natural no es muy efectiva. «La alta incidencia de la esquizofrenia en los humanos sería en parte consecuencia de la historia evolutiva de los últimos miles de años. Se trata de poblaciones pequeñas que acumulan mutaciones perjudiciales y no son capaces de eliminarlas por selección natural», explica el profesor de la Universidad de Oviedo.

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