«Solo me desnudo con la pandereta»

Eva Tejedor, con su Amas y su pandereta. / E. C.
Eva Tejedor, con su Amas y su pandereta. / E. C.

Eva Tejedor (Panderetera) vuela en solitario grabando un disco en el que fusiona el instrumento tradicional con la Banda de Música Ciudad de Oviedo

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

Lo que Eva Tejedor hace con una pandereta en las manos es de otro mundo. La Jimi Hendrix del instrumento tradicional, que desprende buen rollo en cada toque, nació en Avilés un 29 de diciembre de un año «que no importa», pero se le quiebra la voz cuando recuerda a su madre, de la que todavía le cuesta hablar en pasado. «Ella fue la persona que me puso la primera pandereta en la mano, la que siempre creyó en mí, en mi trabajo y en mi saber hacer. Cuando me venía abajo, siempre estaba ahí para apoyarme con un: 'Tú vales'. Y el 29 de diciembre de 2016, cogiéndome la mano y diciéndome 'Felicidades, amor mío', se fue». A ella le dedicó Eva el Premio Amas en la categoría 'Otros instrumentos' que recogió en el Filarmónica el pasado febrero.

-Subió a por el Amas con sus «dos amores»: la pandereta y su hijo Nel.

-Sí. No llevaba un discurso preparado porque pensaba que no iba a ganar. Nunca lo hubiera soñado. Cuando me nombraron, Nel se quedó blanco y gritó: «¡Mamá, que eres tú!». Y siempre diré que ese premio no lo gané yo: lo ganaron la pandereta y toda esa gente que lleva toda la vida defendiendo este instrumento tan minoritario y tan poco reconocido.

-Hábleme de los inicios.

-Toco la pandereta desde los dieciocho meses. Mi madre, Ana, era del concejo de Peñamellera Baja y allí sigue viva la tradición de la ofrenda del ramu. Así que, cuando pudieron poneme de pie, un traje de aldeana y una pandereta en la mano para cantar la ofrenda, fue cuando empezó mi periplo. Hasta hoy. Toda mi vida ha girado siempre en torno a ella. Me he dedicado a conseguir la mejora del sonido y de la interpretación. Lo que hice fue partiturar todos los toques y todas las canciones para poder dar clase en las escuelas de música municipales de la forma más reglada posible y dignificarla como se merece. La pandereta es mi amor, mi pasión y mi gran inquietud.

-¿Cuántas tiene?

-Más de medio centenar. Desde la primera hasta la última. Cada una me dura seis meses o un año. Se me rompe, se me caen las sonajas... Y lo que hago es no repararla. La guardo tal y como queda y me compro otra. Porque, además, veo cada pandereta y cuenta su historia, su trayectoria, sus viajes en mi maleta... Siempre la llevo conmigo, en el bolso, como una extensión de mí. Muchas veces, cuando me hacen una entrevista, la agarro y me da fuerza y seguridad. Cada una tiene algo especial y, además, no puedo llegar a un artesano y decir: «Quiero esta». No. Yo doy la medida, el color... Cada cosa está pensada. Busco un sonido específico en cada una.

-¿Qué le da ella a cambio?

-Es la que me quita las penas, la que sabe si estoy triste o nerviosa en el escenario. Yo, en las distancias cortas, soy muy tímida y muy solitaria, pero, cuando me subo al escenario, pierdo esa vergüenza. No sé cómo sucede. Es inexplicable. Me siento yo en toda mi esencia. Soy cien por cien Eva, esa panderetera que quiere transmitir todo eso que sabe y que ama. Y, sin embargo, cuando bajo al suelo, vuelvo a ser esa tímida que se pone roja cuando le dicen: «Enhorabuena» o «qué buena energía desprendes». Solo me desnudo con la pandereta.

-Con sus hermanos formó Tejedor y ahora ha decidido impulsar su carrera en solitario. ¿En qué anda?

-Estoy terminando un disco con la Banda de Música Ciudad de Oviedo porque hace meses que rondaba por mi cabeza darle un giro a todo esto, hacer una locura, algo diferente. Mientras esté aquí, quiero coger el instrumento y hacer todo lo que pueda con él. Sin límites. Así que me lancé a cumplir uno de mis sueños, que era adaptar temas que había compuesto para bandas de música y poder tocar con 50 o 60 intérpretes detrás mis propias obras, unir músicos clásicos con un instrumento tan simple y tan ancestral como es una pandereta.

-Menuda mezcla explosiva.

-Sí. Y, además, tuve la suerte de que el director de la banda, David Colado, me llamó para proponerme exactamente lo mismo que yo tenía en la cabeza. Cuando terminó de hablar, me temblaba todo. Siempre le estaré eternamente agradecida por ayudarme a cumplir este sueño de mi vida profesional. Un sueño que se transformará en un disco que antes de que termine esta primavera se presentará en el Teatro Campoamor.

-Pero no es ese su único proyecto.

-No. En el año 2015 decidí hacer un parón en mi vida y publicar un libro-disco de los ramos en Peñamellera Baja, un trabajo de investigación que tenía pendiente por falta de tiempo. Y, cuando lo terminé, lo que quería era refalfiame con lo que más quiero, coger a un grupo de pandereteras y disfrutar con ellas al máximo, hacer algo digno y que musicalmente mereciera la pena. Y en otoño grabaremos el primer disco de 'Eva Tejedor & Les pandereteres' para poder culminar todo este trabajo con ellas y porque se lo merecen.

-¿Qué dicen sus hermanos Javi y José Manuel de que la pequeña se haya independizado?

-Aunque sean mis hermanos, tengo que decirlo: los admiro profundamente y estoy muy agradecida y muy orgullosa de todo lo que me han enseñado. Javi y yo somos como mellizos, siempre tuvimos una conexión muy especial. Siempre digo que es mi genio, mi protector, el que me aconseja, el que me da la colleja, el que me enseñó humildad y a trabajar bajo presión, el que me para si tiene que pararme y el que me empuja si tiene que empujarme.

-¿Y su hijo Nel?

-Mi hijo, a los tres años, me dijo que no sabía para qué lo llevaba al colegio porque él iba a ser músico. Tuve que darle una charla y decirle que para ser músico hay que estudiar mucho. Está en tercero de percusión en el Conservatorio de Avilés. Lo lleva en la sangre. Yo no quería de ninguna de las maneras que le gustara la música, pero los genes son los genes. Así salió y, a pesar de tener once años, es muy maduro, está siempre pendiente de mí, me cuida mucho, me mima, me acompaña siempre. Y yo siempre le digo: «Gracias, hijo, por entender mi profesión». Porque prescinde de pasar mucho tiempo conmigo para que yo esté cumpliendo mis sueños.

-¿Que el asturiano sea lengua oficial también es un sueño o se convertirá pronto en una realidad?

-Llevo más de veinte años cantando por todo el mundo en asturiano y esa es mi mejor manera de luchar y de decir: «Aquí estoy yo». Imagínate si creo en Asturias, en nuestra cultura, en lo nuestro, que llevo toda mi vida cantando en una lengua que los políticos no son capaces de hacer oficial y me moriré cantando en asturiano. Voy a luchar hasta el final.

-¿En Asturias hay cantera de pandereteres?

-Muchísima. Y de pandereteros, que también los hay, aunque sea un instrumento tan femenino. En mis clases, tengo lista de espera y siempre digo que, cuando ya no esté aquí, no quiero que se recuerde mi nombre, sino que hubo una chiflada que dedicó su vida a ese instrumento en cuerpo y alma y que trabajó por su dignificación. Siempre les digo a mis alumnos que prometo no llevarme nada de lo que sé. Que lo dejaré todo aquí.

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