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El presunto parricida de Ubrique dice que sus hijos se mataron entre ellos

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Juan Márquez Fabero, acusado de matar a puñaladas a sus dos hijos. / Efe | Vídeo: Atlas

  • Márquez Fabero ha ofrecido la misma versión que durante la instrucción del caso de que confesó el asesinato porque la Guardia Civil le había pegado cuando le detuvo

Juan Márquez Fabero, acusado de matar con un cuchillo a sus dos hijos en su domicilio de Ubrique (Cádiz), ha negado hoy haberlo hecho y ha asegurado que fueron ellos los que se mataron entre sí y que solo intervino para separarles y quitarles los cuchillos.

En su declaración en el juicio que se sigue contra él por este doble parricidio en la Audiencia Provincial de Cádiz, Márquez Fabero ha ofrecido la misma versión que durante la instrucción del caso de que confesó el asesinato porque la Guardia Civil le había pegado cuando le detuvo. Durante su declaración se ha mostrado muy tranquilo, pero ha roto a llorar cuando relataba los hechos, ocurridos el 6 de octubre de 2010, y por los que el fiscal pide 42 años de cárcel.

El pasado vieres, durante la primera sesión del juicio, todas las acusaciones relataron cómo este doble parricidio se produjo casi un año después de que muriera de cáncer la esposa del acusado y madre de las víctimas. La defensa pidió la libre absolución del procesado, mientras que las acusaciones señalaron que cometió "una auténtica carnicería humana" con sus hijos y mantuvieron que es responsable de un delito de abandono familiar y dos delitos de asesinato, por lo que reclaman penas que van de los 42 a los 52 años de cárcel.

La acusaciones -la Fiscalía, familiares de las víctimas que ejercen la acusación particular y el Ayuntamiento de Ubrique como acusación popular- destacaron el agravante de "alevosía", puesto que los crímenes se produjeron a altas horas de la madrugada, cuando las víctimas estaban durmiendo y no tenían posibilidad alguna de defenderse.

Según expusieron, el acusado se vistió poco antes de las cinco de la madrugada, se puso guantes de látex y cogió un "cuchillo de matanza" de 37 centímetros de largo y 22,5 centímetros de hoja. La hija, de 19 años, presentaba 26 heridas de las que 15 eran defensivas. El niño, de 16 años, presentaba catorce heridas, diez de ellas defensivas. Significaron que el cuerpo de la hija quedó en el rellano de la entrada, ya que en un momento dado consiguió zafarse y trató de huir para pedir ayuda, momento en el que su padre la habría atacado de nuevo por la espalda con el cuchillo.

La acusación particular afirma que hubo ensañamiento, entre otras cuestiones porque el procesado "era cazador" y utilizó un cuchillo de matanza que manejaba "de forma eficaz" porque "estaba entrenado".

La defensa, por su parte, se limitó a solicitar la libre absolución de su patrocinado al no estar de acuerdo con los cargos que se le imputan, ajustándose así a la declaración que hizo el acusado en febrero de 2015 -compareció a petición propia en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Ubrique para cambiar su versión de los hechos y asegurar que sus hijos se apuñalaron entre sí-.

El desencadenante

Todas las partes apuntaron como posibles desencadenantes de los hechos una disputa sobre la herencia de la casa en la que residían los hijos y que éstos no aprobaban la relación que mantenía su padre con una mujer a los pocos meses de morir su madre.

Según detallaron las acusaciones durante la sesión, la madre de las víctimas falleció en noviembre de 2013 y el acusado instaló a su nueva novia en la casa familiar en marzo de 2014. La negativa de la hija hizo que pagara un piso de alquiler a su novia, con la que vivía los fines de semana. Entre semana permanecía en el domicilio familiar, si bien se habría desentendido de los gastos de la casa y de la manutención, acumulándose deudas por impago de facturas y provocando riesgo de embargo de la vivienda.

Además, relataron que, pese a que abonaba el alquiler de su novia y a que solicitó un préstamo de 5.100 euros para pagarle unos implantes mamarios, el hijo menor del procesado "ni siquiera tenía comida en la nevera". La situación "dramática" provocó que la hija mayor abandonara sus estudios universitarios en Sevilla para volver a Ubrique y dedicarse a su hermano, sobreviviendo con la ayuda que recibían de los servicios sociales del Ayuntamiento.

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