El doloroso regreso asturiano desde Barcelona

La gijonesa María del Carmen Cardín junto a sus padres y su hijo, Carlos Mariñón.
La gijonesa María del Carmen Cardín junto a sus padres y su hijo, Carlos Mariñón. / MARIETA

Familiares y amigos reciben en el aeropuerto a sus seres queridos que llegaron a Asturias «conmocionados» y «muy tristes»

CAROLINA GARCÍAAEROPUERTO DE ASTURIAS.

Sara García y su pareja decidieron que Cataluña era una buena opción para disfrutar de sus vacaciones. Ayer, aterrizaron en el aeropuerto de Santiago del Monte, casi 24 horas después de que un ataque terrorista acabara con la vida de al menos 14 personas y causara decenas de heridos. El destino quiso que antes de que una furgoneta conducida por un islamista del Daesh provocara un atropello masivo en La Rambla, decidieran cambiar su rumbo. «Había mucha gente y pensamos que era mejor visitar otras zonas de la ciudad. Estuvimos justo en la zona antes del atentado», explica la ovetense a su llegada al aeropuerto.

El avión procedente de la ciudad condal llegó a Asturias con un retraso de 20 minutos. Familiares y amigos de los viajeros aguardaban con ansia a los suyos. El matrimonio formado por el catalán Jordi Mesa y la asturiana Amelia Fernández esperaban a cuatro amigos que decidieron viajar al Principado para asistir este fin de semana al descenso folklórico del Nalón, en Laviana. La pareja y su hija, Aina Mesa, de cuatro años, cogieron el vuelo que salió de Barcelona rumbo a Asturias horas después de la matanza terrorista. «No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar en el aeropuerto. Salimos de casa con mucho tiempo porque había muchos controles», detalla Jordi Mesa. Como muchos de los asturianos que residen en Cataluña, el joven coincidió en el sentir de que «tarde o temprano iba a suceder».

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Para la joven mierense Lucía Lorenzo da Silva, el del jueves es el segundo atentado terrorista que vive. El primero fue el de París, donde se encontraba por trabajo. «Estaba a solo dos calles. En ese momento únicamente pensaba en salir de ahí», recuerda. Ahora lleva un año trabajando en Barcelona. «La verdad que es duro. El miedo siempre está donde hay aglomeraciones de gente». Ese miedo fue el que sintió ayer la asturiana Joaquina Bobes, que vive al lado de La Rambla. «Es un shock muy gordo», relata. Horas después del atentado tuvo que salir a la calle. «Me encontré una ciudad sitiada, una ciudad desierta», lamenta.

Y aunque a María del Carmen Cardín y a su hijo Carlos Mariñón les tocó lejos, ya que residen en la localidad catalana de Arenys de Munt, el suceso les ha dejado muy «conmocionados y apenados», señaló María del Carmen que, antes de regresar a su casa, disfrutará de unos días de vacaciones junto a sus padres que residen en Oviedo. Con «una tristeza terrible», aterrizaba la gijonesa Juana Martínez. «Me estremecí nada más enterarme», cuenta Juana, que llegó el mismo jueves a Barcelona en ferry desde Génova.

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