La Guardia Civil no contempla más que los celos o la venganza como móvil del asesinato de Gabriel

La Guardia Civil no contempla más que los celos o la venganza como móvil del asesinato de Gabriel

Los investigadores sospechan que Ana Julia culpaba al niño y a la madre de alejarle de Ángel Cruz

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

«Celos o simple venganza. O las dos cosas al mismo tiempo». Los expertos de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil no contemplan otros móviles en el asesinato del pequeño Gabriel, según han revelado fuentes de la investigación.

Los funcionarios, que al cierre de esta crónica siguen sin tener una confesión de Ana Julia Quezada, sospechan que la presunta asesina quería deshacerse del crío, con el que mantenía una relación cada vez más tensa, porque, a su juicio, le obstaculizaba en su relación con el padre del menor, Ángel Cruz.

La otra tesis es que el asesinato del niño fuera una suerte de venganza por el rechazo que mostraba hacia ella, a pesar de que Quezada se empeñaba en que le considerara como su «madrastra» (término que en Sudamérica no tiene las connotaciones negativas que tiene en España) y que siempre le llamaba «mi niño». Esa misma venganza –apuntan las mismas fuentes- con la muerte del menor se extendería a la madre, Patricia Ramírez, con la que no guardaba una relación íntima y de la que sentiría celos por su excelente relación con su exmarido.

En algunos medios se ha especulado con la posibilidad de que Quezada quisiera volver a su país y que el niño sería un obstáculo para que en ese viaje sin retorno próximo le acompañara Ángel Cruz. Sin embargo, esa tesis –afirman los investigadores- tiene dos lagunas: la primera es que Ángel Cruz y la asesina habían comenzado a reformar la casa de la finca de Rodalquilar para trasladarse a vivir allí. La segunda es que Quezada, aunque volvía con cierta asiduidad a República Dominicana, no parece el perfil de persona que regresaría a sus humildes orígenes tras más de dos décadas en España, subrayan los operativos.

El móvil económico no aparece entre las principales hipótesis de los investigadores 48 horas después de la captura de Ana Julia, aunque no lo descartan al cien por cien. La detenida presionó a la familia en varias ocasiones para ofrecer 10.000 (y hasta 30.000 euros) de recompensa para quien facilitara una información fiable sobre el paradero del niño. Pero los agentes creen que esas presiones (ella incluso llegó a anunciar en una radio que existía esa recompensa, que nunca existió) no era más que una treta, como otras tantas, para «emborronar» la investigación y provocar una avalancha de pistas falsas.

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