Estudiante de medicina en el Hospital de Móstoles, actor, modelo... y violentísimo secuestrador

Andrei, posando como modelo.
Andrei, posando como modelo. / E. C.

Eduard Iosif dirigía la banda que raptó a un empresario, al que mantuvo sedado 11 días

carlos hidalgo
CARLOS HIDALGOGijón

Asegura en su currículum que ha estudiado cuatro años en la «Real Academia de Arte Dramático de Madrid», entre 2011 y 2015;una mala traducción, probablemente de la prestigiosa Resad (Real Escuela Superior de Arte Dramático). Pero lo cierto es que es actor, se promocionaba como tal e, incluso, ha protagonizado algún corto semiprofesional. Y, como muchos de estos jóvenes que superan la media de altura (mide 1,89) y se trabaja el cuerpo en el gimnasio, también difundía su «book» de modelo. Quienes le conocen lo definen como un narcisista de libro, rubio y con ojos azules.

Aunque lo que de verdad se le daba bien a Eduard Andrei Iosif (Rumanía, 3 de abril de 1983) son dos cosas: la medicina y los secuestros. ¿Increíble? Puede ser. Pero cierto. Quienes hayan pasado por el Hospital de Móstoles quizá le reconozcan de vista. Hasta que hace unos días entró en prisión, trabajaba en prácticas en el centro. Estudiaba quinto curso de la carrera en una universidad madrileña. Le consta una detención en el puesto de la Guardia Civil de Brihuega (Guadalajara), en 2015, por robo con fuerza.

Había reclutado a un ejército de compatriotas (junto a él, trabajaban tres rumanos y un latinoamericano) con el objetivo de secuestrar a algún empresario que consideraran que manejaba grandes sumas de dinero en efectivo. Su objetivo final fue un serbocroata con nacionalidad holandesa que reside en Lloret de Mar (Gerona). Hasta las inmediaciones de su domicilio se trasladaron el 13 de junio pasado. Cuando la víctima llegaba a su casa en coche, le tendieron una emboscada, vestidos como si fueran policías: a golpes y a punta de pistola, lo metieron en el maletero de un vehículo. Así comenzaba el secuestro.

A los cien kilómetros de iniciar el recorrido, cambiaron de coche e introdujeron por la fuerza en el portamaletas al empresario, bajo amenazas de muerte. Le habían atado, vendado los ojos e incluso le drogaron con barbitúricos y benzodiacepinas que Eduard, aprovechando su estancia en el Hospital de Móstoles, había robado para mantener sedado al maltrecho empresario durante tiempo.

Los primeros días de cautiverio, sospechan los agentes de la Brigada de Secuestros y Extorsiones de la UDEVCentral y los Mossos d’Esquadra, que han liderado la compleja investigación, los pasó probablemente en una vivienda de Madrid. Al menos, se ha constatado que las llamadas que la banda realizó a la esposa del rehén provenían de la capital de España. En ellas, le exigían el pago de 1,5 millones de euros: «Danos el dinero o le matamos de un tiro», amenazaban. La mujer denunció los hechos ante los Mossos, en Lloret. Así empezaba la operación Paloma. Los agentes tenían indicios de que el hombre podría estar en Madrid o Toledo, así que se pusieron en contacto con elCNP.

Mientras, Eduard Andrei y los suyos no paraban de atiborrar de medicamentos al empresario. Incluso le pusieron unas gafas tapadas con cartón y una gorra para que no pudiera ver ni ser visto, durante los distintos cambios de ubicación que realizaron. El último tramo del secuestro lo mantuvieron en una casa de Casarrubios del Monte (Toledo), donde los investigadores localizaron uno de los coches.

Los delincuentes concretaron lugar, fecha y hora con la mujer para el pago del rescate. Estaban convencidos de que guardaba dinero negro, circunstancia que no ha quedado probada por la Policía. El día acordado, los agentes les estaban haciendo la «troncha» (vigilancia) desde el exterior del inmueble. Vieron cómo salían con el secuestrado, en silla de ruedas, y cómo volvían a la casa, quizá sospechando que les observaban. Finalmente, el 24 de junio, asaltaron el piso y el rescate culminó con éxito.

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