Un pediatra dio la voz de alerta por malos tratos 23 días antes de la muerte de la niña

Concentración ante el Ayto de Pedrajas de San Esteban (Valladolid), de donde es la madre de la pequeña fallecida/AGENCIAS
Concentración ante el Ayto de Pedrajas de San Esteban (Valladolid), de donde es la madre de la pequeña fallecida / AGENCIAS

El expediente posterior de la Fiscalía de Valladolid llegó 10 días después á Servicios Sociales, que acordó medidas el día que fue hospitalizada

M. GAJATE Valladolid

Hacía un mes que sus llantos retumbaban en los muros del bloque de viviendas en el que vivía en el barrio vallisoletano de la Rondilla. Los vecinos se habían planteado llamar a los servicios sociales pero como estos ya estaban «al tanto» y estuvieron preguntando en el edificio no llegaron a denunciarlo. Y es que su calvario no había pasado inadvertido y una voz de alarma alertó antes del fatal desenlace sobre posibles malos tratos a la menor de cuatro años que perdió la vida este jueves en la capital del Pisuerga.

Se remite al 11 de julio, 23 días antes de su muerte, cuando tras una consulta en un hospital privado de la ciudad el pediatra decidió poner en conocimiento de la policía que su paciente tenía demasiados golpes para ser accidentales y que debían de investigarse con el fin de aclarar si en su casa la pegaban. La comunicación de la Fiscalía llegó a los servicios sociales diez días después, y éstos empezaron acciones el día 24 y acordaron tomar medidas justo el día antes del fallecimiento, cuando ya no había solución. La madre y su novio ingresaron este viernes en prisión provisional como presuntos responsables, así como por reiterados maltratos y posible abuso sexual.

En concreto, la pequeña acudió el pasado 11 de julio en las urgencias del Hospital Campo Grande de Valladolid en compañía de su madre. Allí la progenitora había alegado que no se encontraba bien su hija y que tal vez podría tener una alergia, dado que tenía los labios «un poco hinchados», explicaron fuentes sanitarias. El pediatra que les pasó consulta procedió a realizarle unos análisis y a explorarla, concluyendo que no sufría ninguna patología y le dio el alta. No obstante, varios signos de posible violencia llamaron la atención del médico que arrancó con el protocolo de protección a la menor. Primero alertó de la situación a la Policía, que se personó allí, pero no satisfecho con el trámite acudió al día siguiente a la Comisaría a presentar una declaración voluntaria sobre el caso.

El rastro de esta denuncia continúa el 21 de julio, diez días después, cuando la Fiscalía de Menores dio traslado del asunto a la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León pidiéndole asistencia para investigar un posible caso de malos tratos, que no se tramita por el procedimiento de urgencia. Desde la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, sostienen que el expediente no recogió un riesgo inminente ni que las lesiones de la menor fueran de extrema gravedad por lo que se siguió el protocolo de actuación ordinario. Hasta el lunes no comenzaron los trabajos.

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El primer paso fue una reunión con la madre, el miércoles 26 de julio, cuyo contenido no ha trascendido y tras la cual no se apreció emergencia por parte de los técnicos, que emplazaron a la progenitora a una segunda cita dos días después en el domicilio familiar para ver cómo se relacionaba con las niñas –la víctima tenía una hermana de 12 años cuya tutela ha asumido la Junta de Castilla y León– y analizar el entorno en el que vivían. Sin embargo, llegada la fecha suspendió el encuentro a última hora alegando trabajo y lo retrasó para el martes 1 de agosto. Llegado este día, cuando los agentes de protección del menor acudieron a su casa en ella no hay nadie. Había eludido el «examen».

Ya que se habían desplazado hasta allí, los servicios sociales hablaron con los vecinos, que les dijeron que desde hace un mes oían a la niña llorar. No todos los días pero sí muchos. Que incluso alguna vez se acercaban al descansillo para tratar de averiguar los motivos, si eran golpes o que se encontraba sola. Que con su hermana mayor la madre y su pareja discutían mucho porque no les gustaban las compañías de la adolescente de 12 años, pero que no habían detectado mayores problemas desde que se mudaron hará un año y medio.

Un «accidente»

En vista de lo que contaron los vecinos y al doble «esquinazo» que les había dado la progenitora de la pequeña, los servicios sociales acordaron esa tarde adoptar medidas de protección, las cuales se dispusieron a comunicar a la madre a la mañana siguiente. No obstante, cuando la llamaron por teléfono, al otro lado de la línea, ésta les explicó que estaba en el hospital porque su hija había tenido un «accidente». La pequeña de cuatro años entró en urgencias en parada cardiorrespiratoria, a la que siguió ya la muerte cerebral. La exploración no sólo confirmó distintos hematomas por todo su cuerpo de distinta antigüedad sino también signos de posibles abusos sexuales que se están investigando.

No ha trascendido si la hermana de la pequeña fallecida sufrió también algún tipo de maltrato o abuso. Fuentes oficiales apuntan que está «bien» y fuera de peligro.

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