La confesión de la asesina de Gabriel: «El niño me insultó, me dijo que no era su madre y que no le mandaba»

Agentes de la Guardia Civil buscan pruebas junto al pozo donde la detenida arrojó a Gabriel. / E. P.

Tras el hallazgo del hacha, el juez prorroga la detención de la presunta asesina de Gabriel Cruz para nuevas diligencias

M. SÁIZ-PARDO / F.GAVILÁNMadrid / Almería

Ana Julia Quezada volverá hoy a los juzgados de Almería. El juez Rafael Soriano acordó ayer, tras apenas dos horas de declaración de la asesina confesa del niño Gabriel Cruz, suspender el interrogatorio y prorrogó la detención de la acusada para ordenar nuevas diligencias policiales.

Entre estas diligencias estarían los análisis periciales del hacha con el que la mujer golpeó al pequeño en la cabeza dejándole inconsciente antes de asfixiarle con sus propias manos. El estudio de este arma, clave en el caso, no había sido remitido al juzgado porque los efectivos de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil encontraron el hacha al filo de las 11 de la mañana de ayer. La herramienta fue hallada en la finca La Cañada de la Soledad, de Roldalquilar (Almería), propiedad de la familia del padre del niño y donde la asesina confesa mató al menor.

El señuelo a la autora del crimen fue pedirle las llaves de la finca para hacer un nuevo registro

Sobre la incompleta declaración judicial de Quezada no trascendió nada, aunque fuentes jurídicas adelantaron que la intención de Ana Julia es ratificarse en la versión autoexculpatoria de los hechos que dio a la Guardia Civil el martes a primera tarde cuando confesó que mató al pequeño. Ayer trascendieron nuevos detalles de los atestados de la Guardia Civil sobre esa declaración, que la UCO ve inverosímil. Revelan que la asesina adujo que hizo desaparecer el cuerpo del pequeño para ahorrarle el dolor a Ángel Cruz, padre del niño y su pareja, de saber que su novia había matado a su único hijo.

«Enterré el cadáver porque no quería hacer daño a Ángel. Así, él no sabría nunca lo que había pasado», llegó a afirmar en su declaración. «Cuando estaba muerto me di cuenta de que tenía un problema importante. Saqué el paquete de tabaco y me fumé un cigarrillo. Cogí una pala y lo enterré», son otras de las frases pronunciadas por la presunta asesina.

Según el relato de Ana Julia, se llevó a la finca de Rodalquilar al niño porque Gabriel no llegó a entrar en casa de sus primos aquel 27 de febrero, tal y como había anunciado la propia víctima. Quezada afirmó que cuando iba en coche, después de salir de la casa de la abuela del pequeño, se encontró al menor «jugando solo en la calle con un palito». En la Cañada de la Soledad, afirmó, se puso a pintar el exterior de la casa de la finca, que ella y Ángel estaba reformando para habitarla tras meses en alquiler. El niño se quedó dentro de la vivienda. «Me asomé y vi que estaba jugando con un hacha». Ana Julia sostuvo ante los guardias que le recriminó que estuviera jugando con la herramienta y que intentó quitársela. «El niño me insultó y me dijo que no era su madre y que no le mandaba», apuntó.

En el forcejeo, dijo, le quitó el hacha. No diodetalles en la primera parte de su declaración de cómo fue el golpe con la parte roma del hacha. En una segunda parte fue cuando habló de que, efectivamente, le había dado un «mal golpe» en la cabeza al niño, de forma accidental.

La trampa

También se refirió a la trampa que le tendieron los agentes de la UCO para forzarla a mover el cadáver, aunque en ese momento la Guardia Civil todavía albergaba la esperanza de que el niño estuviera vivo y custodiado por una segunda persona. «Me puse nerviosa cuando me pidieron la llave de la finca para inspeccionarla», revelan los atestados del instituto armado. Otro de los aspectos claves tratados en la comparecencia fue la ropa. Tras enterrar al pequeño «me lleve la ropa a la casa de la abuela y la escondí allí». Ana Julia reconoció que dejó la camiseta en los juncos de la depuradora de Las Negras «para despistar» y que tiró el resto de las prendas en un contenedor de vidrio «frente a un hotel» (en la urbanización Retamar, a 30 kilómetros de la finca del asesinato). El pantalón y la sudadera fueron recuperados el martes.

Sobre la camiseta de Gabriel hallada por ella misma en Las Negras, la Guardia Civil cree que la intención de Quezada no era solo despistar, sino intentar incriminar a su expareja burgalesa, Sergio, con quien se trasladó hace cuatro años a vivir a Almería y con el que había regentado un bar. La camiseta se halló a solo 300 metros de la casa del exnovio, con quien Ana Julia había acabado con muy mala relación tras el fracaso de la aventura hostelera. Incluso, llegó a señalarle como sospechoso cuando la Guardia Civil en los primeros días le preguntó sobre las personas del círculo cercano de la familia de Gabriel que podrían tener motivos para hacerle daño.

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