Temporal de emociones en la barra

La afición del Sporting celebró el gol de su equipo a lo grande. /  FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA
La afición del Sporting celebró el gol de su equipo a lo grande. / FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA

Poco importó la lluvia a los sportinguistas que eligieron ver, y sufrir, el partido fuera del hogar. La alegría inicial acabó en huida tras el pitido final La afición llenó hasta las terrazas de los bares de El Molinón para empujar a su equipo

JESSICA M. PUGA GIJÓN.

No era el mejor día para pasarlo fuera de casa, pero el derbi es más que un partido de fútbol y así lo vivieron los aficionados que eligieron verlo en el bar con amigos o familia y bolsas de pipas que se contaban por 'puñaos'. Poco importaron la lluvia y el frío dominical. La mayoría de terrazas de El Molinón estaban llenas. En ellas, tan pronto se festejaron los goles como se oía un «¡uyy!» fruto de las ocasiones perdidas. Dentro no se percibía ni el vuelo de una mosca. Chocaba ver un bar a rebosar tan en silencio. El silencio solo se rompía ante alguna jugada buena o polémica. Solo en el descanso del encuentro las charlas volvieron a ser animadas. Había nervios y ganas. Tantas, que más de uno empujaba la pelota para ayudar al futbolista que aparecía en la televisión a colocarla entre los tres palos.

Mucho antes del inicio del partido en los bares ya no cabía un alma; no hacía falta llegar a El Molinón para ser testigo del llenazo que se esperaba cuando el árbitro pitara el inicio. Por eso, muchos aficionados tuvieron que verlo en la terraza y abrir el paraguas cuando empezaba a llover. Los dueños más entregados habían decorado de rojiblanco sus establecimientos con globos, banderas, camisetas y bufandas. Muchos de los pedidos iniciales fueron cafés y 'colacaos'. Pocos se animaron a cambiar de bebida. No fue un día de fiesta en la ciudad, aunque empezó pareciéndolo. Tras el gol del Sporting, la emoción y la alegría lo llenaron todo. Fueron los minutos más distendidos del partido, del que los aficionados no perdían detalle. Sobre todo en la última ocasión que tuvieron los de Baraja y en la que el portero, Mariño, fue el nombre más coreado.

«Daba igual que estuviera lloviendo, había que salir de casa para verlo. Ha sido un partido emocionante e ilusionante, porque empezó ganando y ya imaginábamos los tres puntos, pero al final... Se estropeó», explicaba Álvaro Díaz según pitó el árbitro el final. Fue entonces cuando todos los aficionados, en su gran mayoría del Sporting aunque había algún hincha 'azul', huyeron sin demora. Hacía frío, no había nada más que ver, las bebidas llevaban rato acabadas y ya no quedaban pipas.

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