Juanma Castaño: «Tener pueblo es una gran suerte»

Juanma Castaño, en la plaza del Marqués de Gijón, donde descansa desde el miércoles. / PALOMA UCHA

«No soy de barcos ni de mansiones, un chiringuito donde me den una cerveza fría y una playina con poca gente es mi planazo», afirma el director de 'El partidazo'

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Mira por dónde uno de los veranos más inolvidables de Juanma Castaño (Gijón, 1977) fue un invierno. Y eso que es hombre de calorcito, que no le gustan los fríos al director de 'El Partidazo', que solo aspira a un chiringuito y un poco de calma para ser feliz. Estos días descansa en Gijón a la espera de empezar el curso en la Cope con la final de la Supercopa de España.

-¡Menudo verano aquel invierno!

-Pues sí. Sudáfrica, 2010. Me fui del verano al invierno, hacía un frío que pelaba y fue increíble. Aparte de que ganó España, lo recuerdo con especial cariño por la gente. Imborrable más allá de lo deportivo.

-¿Ha viajado más por trabajo o por placer?

-Por trabajo, sin duda. De hecho, el haber viajado tanto por trabajo ha hecho que le cogiera manía a los viajes de placer. Antes viajaba tanto durante el año que cuando llegaban las vacaciones no quería moverme. He tenido años que he pasado ciento y pico días fuera, así que quería casa, no hotel. Todavía hoy soy perezoso para ir de viaje.

-¿Hay tiempo para el placer en medio del trabajo?

-Muy poco. En un Mundial sí, pero si vas a hacer un partido conoces el estadio y el hotel. Estás más o menos todo el día pringado.

-¿Cuál es su planazo veraniego?

-Un chiringuito de madera destartalado donde me den una cerveza fría. No soy de barcos ni mansiones, una playina y que no haya mucha gente.

-¿Su viajazo?

-Me apetece Japón, soy un fan loco de la comida asiática.

-¿Qué viajazo le marcó?

-No sabría decirle. He hecho tantos. Y además tengo muy mala memoria. Tan mala que a veces llego a un sitio y no sé si he estado ya. Pero es que yo he hecho mucho ciclismo y como duermes en una ciudad distinta cada noche, cuando te despiertas no sabes realmente dónde estás. Pero no, no tengo un viaje fetiche, el mejor siempre está por hacer.

-¿Cómo eran sus veranos de niño?

-En Gijón y Zamora. Mi padre es de un pueblo de Zamora, Cabañas de Tera, y para mí aquello era la libertad. Para un crío de ciudad estar en la plaza del pueblo hasta las doce de la noche o la una con sus amigos, andando en bicicleta, era alucinante... Estaba feliz de la vida. A mis hijos ahora les mando también una semana o diez días allí. Tener pueblo es una gran suerte.

-Entonces ya le daba duro al ciclismo.

-A tope. Había contrabando de bicicletas. Era tipo 'Verano azul', nuestra herramienta de vida era la bici.

-Y en Gijón, ¿cómo eran sus veranos de adolescencia?

-Tenía moto desde los 14 años y eso me daba una capacidad de movimiento buena. San Juan, las romerías, la playa de San Lorenzo... Hace 20, 25 o 30 años la ciudad era distinta. Yo disfruté de la época dorada de los conciertos, Dire Straits, los Rolling... Y todos se llenaban hasta la bandera. Es curioso que viví el esplendor de la Ruta de los Vinos, su muerte y ahora estoy viviendo el resurgimiento.

-¿Más del Sella o del Carmín?

-Más del Carmín. Al Sella habré ido dos veces, pero me parece demasiado desmadre. A mí las multitudes no me gustan mucho.

-Y ahora menos, ¿se hace pesado que le conozcan por la calle?

-No lo llevo mal. La relación con la gente en la calle es inversamente proporcional a la que tienes en redes sociales. No hay problema, lo que recibo es cariño.

-¿Su conciertazo?

-El de los Rolling Stones en 1992. Lo disfruté muchísimo. El ambiente en Gijón fue increíble. En mi casa en Madrid tengo un cartel original de ese concierto que me regalaron. Y yo he visto a los Rolling más veces, pero no fue lo mismo.

-¿Cómo son sus veranos ahora?

-Me gusta conocer Asturias. Me cojo el coche y voy con los niños.

-¿Sufre mucho un asturiano en Madrid cuando el termómetro se dispara?

-Llevo mucho mejor el calor que el frío. Y después de 16 años viviendo en Madrid, lo que me pasa es que llego a Gijón y tengo frío. ¡No sabéis lo que es calor! ¡Calor es que se te anulen los sentidos! El caso es que mi cuerpo ha mutado a madrileño y ahora por la noche paso frío aquí. Y antes de venir de vacaciones, garantizo playa fuera para no cabrearme.

-¿Los periodistas deportivos hacen mucho deporte?

-No. Yo hago lo que puedo. Me gustaría hacer más.

-Pero si ha hecho el Descenso de la ría del Navia, triatlones...

-Sí, pero soy un 'matao'. Cojo la bici en la Providencia ahora y me adelanta un señor de 70 años. El deporte amateur es una cura de humildad permanente. Haces una mediomaratón en Madrid y en el kilómetro 17 te adelanta una señora que va hablando con la amiga.

-Ya le tienen que quedar pocas vacaciones.

-Vuelvo con la Supercopa de España el 13 de agosto. No me queda nada, pero llevo ya mucho disfrutado, no me quejo.

-¿Cómo se presenta el otoño?

-Bien. Trabajo con un equipo con el que soy feliz. Estoy encantado de la vida con 'El partidazo'.

-¿No es muy dura la competencia y el trabajo en prensa deportiva?

-Es muy intenso. A veces muy ingrato, a veces muy difícil. Pero nosotros hacemos radio, un programa diario de dos horas y nos gusta utilizar el espacio para que entren más temas aparte del deporte. Lo paso pipa esas dos horas; la preparación es lo que me consume, pero una vez que me siento en el estudio estoy encantado de la vida, es como si fuera mi hábitat.

-La pregunta tonta: ¿Qué noticia espera dar este año?

-Evidente: el ascenso del Sporting.

-¿Y cómo lo ve?

-No tengo ni idea, no conozco bien la categoría, pero confío en que Torrecilla y Herrera hayan formado un tándem importante. Hay que darles margen de confianza.

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