«La Universidad puso el carro antes de los bueyes con el grado de Deportes»

Gotor, en el laboratorio. Abajo, junto a 'Superpública', en la época más cruda del Rectorado. / MARIO ROJAS
Gotor, en el laboratorio. Abajo, junto a 'Superpública', en la época más cruda del Rectorado. / MARIO ROJAS

Vicente Gotor, exrector de la Universidad de Oviedo: «Yo con el asturiano hice lo que tenía que hacer: apoyarlo. Pero de eso a la oficialidad va un trecho»

AZAHARA VILLACORTA OVIEDO.

«No quiero molestar». Esa es la frase que más repite Vicente Gotor (Calatayud, Zaragoza, 1947). Porque el que fuera el rector más votado de la historia de la Universidad de Oviedo ahora es profesor emérito «para ayudar en lo que pueda. No vengo al despacho a leer periódicos ni a estar en el ordenador con las redes sociales. No las uso. Con el WhatsApp tengo bastante», bromea. Este futbolero del Barça, fiel a su tertulia diaria, padre de dos hijos, abuelo de dos nietos y marido de Rosa (que se recupera de una grave enfermedad), 'Vicentín', hijo menor de dos tenderos que «con sacrificio» le dieron estudios, heredó de ellos los madrugones «para ir a con la fruta a las ocho de la mañana» y un alma estajanovista que lo llevaba al laboratorio sábados y domingos. Hoy anda preocupado por la deriva de la universidad y por Cataluña: «Tiene mala solución».

-Ha cumplido 71 años.

-Aunque no se me noten (Ríe).

-¿No es hora ya de descansar?

-No. Yo aquí disfruto, estoy con el grupo de investigación... Afortunadamente, me siguen respetando y me siguen tratando muy bien. Si me trataran mal y viera que estorbo, me iría.

-Hagamos memoria: llegó a Asturias desde Alemania en medio de una huelga de basura...

-Exacto. Con lluvia y todo gris...

-En una camioneta con los electrodomésticos.

-Así es. Con la lavadora y una Telefunken en color (Ríe).

-Junto a su inseparable Rosa.

-Pues sí. Éramos compañeros de curso y nos casamos en el 73. Ella dejó el trabajo en Zaragoza, donde estaba como profesora de instituto, para acompañarme a Alemania. Luego volvimos y, como es muy constante, hizo la tesis y fue profesora titular de bioquímica. Toda una vida juntos.

-Sé que es usted un manazas y que ella es la que lleva los pantalones.

-En casa, sí, desde luego. Y en general también. Y sí: soy un manazas. Aunque el otro día acerté a poner con el martillo una escarpia de esas. Cuando ha habido que poner un cuadro, lo ha puesto ella. Yo destrozo la pared.

-Y que, afortunadamente, están saliendo de una etapa complicada.

-Es que los últimos cuatro años del Rectorado fueron muy duros, con la crisis, su enfermedad... Ese segundo mandato lo sufrí y me quitó muchas noches de sueño. Ahora ella está mejor gracias a que tenemos unos grandes profesionales en el HUCA. Rosa les debe la vida y ha sido un error que jubilaran a gente a los 65 años. No sé por qué hicieron eso. Ojalá toda esa gente buenísima pueda estar hasta los setenta. También es tremendo lo que va a pasar en Medicina. La gente se jubila y no hay relevo.

-Entonces, el actual concejal de Economía ovetense, Rubén Rosón, y otros alumnos lo perseguían vestidos de 'Superpública'.

-¡Y mira ahora dónde está! Me acuerdo de que un día me dijeron los guardas: «¿Qué hacemos?». Y yo: «Dejadlo. A aguantar y ya está». Ahora, si fuese rector, le pediría dinero. Él me hizo un escrache. No me dejaron entrar en el Consejo Social porque no estaban de acuerdo con los presupuestos. Ahora habría que hacer al revés. Decirle: «Bueno, Rubén, ¿cuánto dinero hay para la Universidad?».

-¿Se sintió maltratado por el equipo rectoral entrante?

-Sí. No se reconoció nuestro trabajo y muchas cosas se están haciendo ahora porque nosotros dejamos la Universidad sin deudas y fuimos austeros. Me gané algunos enemigos por seguir las normas y ser racional. Podía haber habido un poco más de agradecimiento y tampoco me gustaron las formas de la toma de posesión.

-¿La Universidad es cainita?

-A veces sí, pero tenemos que intentar sacarla adelante porque la universidad española está cayendo. Antes, el laboratorio hervía y ahora hay mesas vacías. Ese es uno de mis mayores traumas y para el país es terrible.

-Pero, en lugar de apostar por la I+D+i, en Asturias andamos enzarzados con el grado de Deportes.

-Antes de planificar un grado, lo que tienen que hacer el Principado y la Universidad es trabajarlo, ver pros y contras, qué salidas tiene, qué profesorado... Antes de salir a la palestra, hay que estudiar las cosas bien. Aquí se puso el carro antes de los bueyes.

-Oficialidad.

-Yo, con el asturiano, creo que hice lo que tenía que hacer: apoyarlo, poner estudios reglados... Pero de eso a apoyar la oficialidad va un trecho.

-Deduzco que no es partidario...

-No. Mira los nacionalismos... Pero no me quiero meter. Tienen que ser los políticos los que lo decidan.

-El máster de Cifuentes.

-Es incomprensible.

-¿En la Universidad asturiana no se puede dar un caso similar?

-Yo creo que, en estos momentos, es imposible. Nadie se prestaría a validar un trabajo que no existe. Otra cosa es convalidar algunas asignaturas con trabajos, que parece ser que es lo que ha pasado con Pablo Casado. No me gusta, pero es lícito.

-Otra polémica: adiós al convenio que usted suscribió con la Cofradía de los Estudiantes.

-Sí. Se votó que no se renovaba, pero todos sabemos el porqué.

-¿Por qué?

-Porque ese es un compromiso que el rector tenía con los estudiantes de Podemos, que votaron en bloque.

-¿Es hora de retirar los símbolos franquistas de la institución?

-El otro día, alguien le pedía al rector que, ya que estamos con lo de los símbolos, explique también lo del 34, cuando se destrozó la Universidad. Si estamos con la memoria histórica, eso es historia también.

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