Arturo Fernández: «Ya no se piropea a las mujeres por miedo»

Arturo Fernández, a las puertas del Jovellanos. / E. C.
Arturo Fernández, a las puertas del Jovellanos. / E. C.

«Cuando a una persona se le vota masivamente como ha ocurrido con Donald Trump es por algo»

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Nada de vacaciones. Para Arturo Fernández (Gijón, 1929) no hay mejor manera de pasar el estío que subido a un escenario, de hotel en hotel, girando por España y haciendo reír. Y si hay escala en Gijón (como es el caso, llega el 29 de agosto al Jovellanos con 'Alta seducción'), mejor que mejor.

-Verano y gira. ¿Sinónimos?

-Efectivamente. Soy el turista más importante de todo el norte de España: San Sebastián, Santander, Palencia, Gijón, Valladolid... Hago la ruta gastronómica del norte.

-¿Y cómo lo pasa?

-Muy bien. Las mujeres que hay en las playas son guapísimas.

-Uff, a ver si con tanto piropo se van a meter con usted.

-Pues sí. Ahora decir estas cosas está mal visto. Por esa razón ya no se piropea a la mujer, porque tienes miedo. Con lo bonito que es. Nunca ha sido una grosería. Yo ahora cuando veo una mujer guapa le digo: «Vaya usted con Dios, porque como se vaya con otro, me voy a morir de celos».

-¿El verano qué?

-El verano es para vivirlo, nos da una inyección magnífica. Pero todas las estaciones son bárbaras, lo que ocurre es que nunca estamos a gusto con lo que nos toca. Fíjese que ahora quieren cerrar las puertas a los turistas. ¡Manda narices! ¡Todavía no hemos aprendido que la cabeza sirve para pensar!

-¿Qué hace usted cuando coge vacaciones?

-No suelo tener. Mi descanso es encima de un escenario, es cuando me relajo y me divierto. Hace poco estuve como cinco semanas sin hacer nada y me aburrí que me maté.

-¿Es viajero?

-No. Primero porque desconozco los idiomas. He sido viajero en Francia porque tenía una novia en París y en Italia, porque tenía otra en Roma, pero hace tantos años... Me cansa mucho viajar. La gente va a ver catedrales, pero a mí ver las piedras me trae sin cuidado. Lo que me gusta es bailar un bolero. Si algo viajo es por ver a una buena orquesta, para bailar. Esos son mis monumentos.

-Usted que siempre va de punta en blanco, ¿cómo hace la maleta para que no se le arruguen las camisas?

-Fatal. Lo reconozco. Cuando llego a los hoteles las doy para planchar. Una de las cosas que más odio es hacer la maleta. Me fastidia, me horroriza. Una cosa le digo: cuanto más ropa llevas, menos te pones. Yo me pongo siempre lo mismo, limpio, pero lo mismo.

-¿Hay que ir bien 'planchao' hasta a la playa?

-Impecable. Una raya vale un mundo. Y un zapato, también. Las mujeres se fijan en todo. Yo procuro ir bien peinado. Siempre llevo peine, y si alguien me ve mirar un escaparate es para ver si estoy bien peinado.

-Digo yo que en verano los hombres abusan un poco de la bermuda. ¿Usted qué dice?

-No lo sé. Hace tiempo que no voy a la playa. Suelo ir a tomar el sol tres cuartos de hora como mucho. Los de mi generación, que ha sido la mejor, sí vamos de punta en blanco, pero ahora hay un descuido total en el vestir en invierno y en verano. Algunos políticos van que dan pena.

-¿Aprueba a alguno?

-Eche una ojeada a la televisión y verá. El Congreso a veces da vergüenza.

-Volvamos al verano. ¿Cómo fueron los de su infancia?

-Magníficos. La infancia siempre ha sido muy bella para todos, qué duda cabe. Lo recuerdo con gran nostalgia. Estaban mis amigos, mis padres, aquellas personas que he querido y he perdido.

-¿Algún verano inolvidable?

-Aquel 9 de septiembre de 1950 que cogí la maleta para ir a Madrid. El tren tardaba quince horas, y tres veces me enamoré en el camino. Eran otros tiempos, antes estrenabas por Pascua un traje para ir a las verbenas, existían las orquestas, pero ahora no hay, y a los cantantes de hoy no los entiendo porque gritan, ¿dónde está un Antonio Machín? Eran tiempos mejores. O al menos éramos más jóvenes.

-¿Tiene algún refugio?

-El hotel. Me paso más tiempo en hoteles y restaurantes que en mi propia casa.

-¿Se anima a mandar a alguien de vacaciones para no volver?

-No tengo ningún rencor hacia nadie. A mí todo el mundo me cae bien. He sido un hombre muy feliz. Mi aspiración era llegar a donde estoy, de modo que lo tengo todo, no necesito más. Y se lo debo al público. Me siento muy halagado y muy contento de tener la compañía más longeva de España. Nunca existió otra con 56 años, jamás, y eso me honra. Además tengo la sensación de que tampoco he hecho daño a nadie, porque nunca he sentido envidia.

-¿No se mete en charcos políticos mandando a alguno muy lejos?

-Ya me metí en bastantes charcos y me sigo metiendo. Yo digo las verdades. Pero no merece la pena. Da igual, la vida va a seguir exactamente igual diga lo que diga.

-Pasamos al otoño. ¿Será muy caliente en Cataluña?

-Probablemente sí. Pienso que se impondrá la sensatez. Cataluña pertenece a España y no creo que llegue la sangre al río.

-¿Cómo ve España?

-Fantásticamente bien. Vamos prosperando, la economía funciona y parece ser que el trabajo, también. Rajoy es un político que está consideradísimo en el mundo entero, menos aquí en España.

-¿Qué me dice del pelazo de Trump?

-¡Que tiene pelo, coño! ¡Vale más tener pelo que estar calvo!

-¿Y de las corbatas?

-Nada. A mí me parece que es un señor que ha luchado, ha ganado una gran fortuna y ha llegado a ser el hombre más importante del mundo... Y además tiene una mujer bellísima, ¿qué coño le voy a aconsejar yo?

-¿Usted le hubiera votado?

-Pues no lo sé, pero cuando a una persona se le vota masivamente es por algo. Si su discurso político ha convencido al americano, será por algo. No soy nadie para hablar.

-En nada se viene para Asturias con 'Alta seducción'.

-Sí. Del 29 de agosto al 3 de septiembre. Es una comedia elegante y divertida, comedia en estado puro. El mismo título lo dice: trata del amor, y el amor ha sido y será fuente de inspiración. Doy vida a un hombre maduro, madurísimo, que encuentra el amor y es capaz de cualquier cosa, incluso de quedar en ridículo, porque no acepta su edad y eso le lleva a vivir situaciones divertidísimas y disparatadas. Es una historia inteligente, sorprendente y llena de ternura. El Jovellanos va a disfrutar.

-Cuando viene a Gijón, ¿qué le gusta hacer?

-Me gusta mucho recorrer las calles. Tengo un íntimo amigo al que conozco desde los cuatro años y quedamos, vamos a comer, nos reímos, hablamos del ayer. Gijón es mi Gijón del alma. Soy un hombre muy feliz en Asturias. Lo que ocurre es que cuando me voy me duele mucho. Me marcho con pena.

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