Beatriz Rico: «La vida te da cosas cuando ella lo decide»

Beatriz Rico: «La vida te da cosas cuando ella lo decide»
DIEGO DÜRDEN

El próximo sábado actúa en Oviedo con su banda de rock y en noviembre ofrecerá un concierto en Turón

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

Beatriz Rico (1970) fue 'trending topic' recientemente por responder a un admirador que le confesó sus ardores a través Twitter tirando de retranca. Solo un indicio del buen rollo que desprende esta mujer comprometida y soñadora que se fue de Asturias con los 18 años cumplidos para convertirse en azafata en 'El precio justo' y que hoy triunfa en los escenarios por partida doble: en el teatro, con 'Mejor muerta que convicta', y en su faceta más rockera, con su grupo, Rico & Roll.

-Menudo ajetreo que lleva.

-Sí, estoy muy contenta porque el día 2 de septiembre actúo con mi banda en Oviedo, en La Casona de la Montaña del Parque de Invierno, y el 24 de noviembre tenemos concierto en el Turón Rock. Así que muy feliz de poder pisar Asturias aunque sea trabajando, porque voy a arañar dos o tres días como sea para quedarme.

-Aunque la nacieron en Avilés, usted se declara gijonesa de pro.

-Es que, cuando tenía meses, ya me llevaron a vivir a Gijón. Mi mejor amiga, Bea, está en Gijón y mi tía y mi tío del alma también. De hecho, me quedo en su casa cuando voy, y mi madre pasa también ahí el verano, en el piso familiar de Magnus Blikstad. Porque, claro, como buena asturiana, aunque se vino cerca de sus dos cachorros, que somos mi hermano y yo, dice que los calores de Madrid no los aguanta. Y bien que hace. Pero reconozco que Avilés también me tira. Será el subconsciente o algo (Risas).

-¿A los más cercanos les sorprendió su vena rockera?

-A mi familia no, porque, cuando todos escuchaban a Parchís, yo cogía el bote de laca de mi madre y me podía delante del espejo para hacer playbacks de Tina Turner, mi ídolo de siempre. Así que lo de tener una banda parecía una utopía. Y, de repente, la vida te pone delante cosas sorprendentes. Eso demuestra que te da las cosas cuando ella decide que es el momento, no cuando tú quieres.

-¿La crisis ya es agua pasada?

-De eso, nada. En Bruselas pueden decir lo que quieran, pero no tienes más que salir a la calle y hablar con la gente. Lo que pasa es que yo no me quejo porque, a pesar de trabajar cinco veces más y ganar cinco veces menos de lo que cobraba hace años, me considero una privilegiada total y absoluta porque vivo de lo que me gusta. Y eso no hay dinero que lo pague.

-¿Qué queda de aquella chica que empezó en 'El precio justo'?

-Todo. Porque, aunque mi cuerpo y mi cara van cumpliendo años, mi mente no. Hay como un desajuste ahí un poco extraño. Lo que sí es cierto es que tienes la piel un poco más dura. Cosas que antes te hacían daño o te destrozaban, ahora ya no. Pero de lo demás queda todo. Yo todavía tengo todos los sueños por cumplir.

-¿La presión sobre el físico es el pan suyo de cada día?

-Un físico bonito te abre la primera puerta. El resto te las abres tú a base de tesón, trabajo, talento... Pero la presión está ahí. Yo lo noto: cuando voy arreglada a un sitio me tratan diferente que cuando voy con los vaqueros y la coleta y sin pintar. Y eso que tuve tiempos mejores. Ahora estoy un poco escuchimizada porque trabajo mucho, pero, para mi edad, no me quejo, porque tengo buena genética. Y que me cuido también, ¿eh? No me creo a esas modelos estupendas que dicen que todo es genética.

-¿Se machaca en el gimnasio?

-Hago body-pump y yoga, pero tuve una lesión que fue bastante gorda. Y, aunque ahora sigo con la disciplina, intento controlar, porque los piscis somos muy dados a que, cuando nos gusta algo, no vemos el fin.

-Guapa y, además, mujer.

-Sí. Para las mujeres es mucho peor porque la gente sigue tu trayectoria y te compara. No deja de ser llamativo que, cuando alguien te saluda por la calle, lo primero que te dice es: «Pues estás más guapa, pues estás más delgada o más gordita». Te condicionan mucho y hay veces que te dan ganas de responder: «Déjame. No me hables de mi físico. Pregúntame qué tal estoy». Algo que también pasa con las revistas. Y luego la gente se echa las manos a la cabeza cuando ven a esas actrices americanas que se hacen un destrozo con el bisturí. Primero os lleváis las manos a la cabeza porque están envejeciendo y luego, porque se hacen un destrozo en la cara. Es cruel e injusto.

-Y usted es muy de rebelarse contra la crueldad. De hecho, se fue de luna de miel al Sáhara.

-Sí. Dijimos: ya tendremos tiempo de ver playas bonitas y de cenar en sitios estupendos. Lo que queríamos era que se hablara del pueblo saharaui en los medios. Y ahora estamos preparando otra bajada a los campamentos. Pero antes, ahora en septiembre, nos vamos de safari a Kenia. Llevo toda mi vida soñando con ir a Kenia a ver los animales en libertad. Y mi marido este año ha dicho: «Nos vamos a Kenia sí o sí». Cada vez que lo pienso, tiemblo. Me va a entrar un Síndrome de Stendhal en cuanto vea a las leonas sueltas, por ahí corriendo, que me voy a morir de la felicidad. Y nos llevamos también a mi hijo.

-De él ha dicho: «Que sea lo que quiera menos torero o político».

-La política siempre la intento dejar aparte porque crispa. En cuanto te quejas o estás de parte de los refugiados o de los desahuciados, te llaman antisistema. Yo solo levanto la voz contra las injusticias, sin color político. Y, en cuanto a los toros, por encima de todo, pongo el pacifismo. De hecho, siempre digo: yo no soy anti-toros. Yo soy pro-paz. No me gusta que se derrame sangre ni de un animal ni de un torero, pero me sigue pareciendo una fiesta nacional sangrienta y violenta. No me gusta.

-¿Qué sintió cuando vio al Rey emérito junto a aquel elefante?

-¿Qué puede pasar por la cabeza de una persona para sentir placer en disparar y matar a un animal tan magnífico? No necesito que me lo expliquen, no lo entenderé nunca. Aparte de una pena tremenda, sentí mucha vergüenza como española. Nos quedamos con sus disculpas y su «no lo haré más». No nos queda otra.

-Ha interpretado obras como 'Qué bello es morir', 'Mejor viuda y mal casada' y 'Antes muerta que convicta'. ¿Cómo se lleva con la parca?

-Desde que falleció mi padre tengo muy presente el tema de la muerte. Leo mucho sobre ella y, además, trabajo de voluntaria en un hospital y lo que me ha dado eso es perderle el miedo al verla tan cercana y como algo que forma parte de la vida. Algo que, en un momento determinado, puede ser hasta bonito y una liberación. Hay veces que los pacientes me dicen: «Pues aquí, esperando a ver si me llama el de arriba». Y me dan una lección. Además, yo soy de las que piensan que hay algo al otro lado del velo y que ese velo que nos separa es muy fino. Y me digo: «Por qué voy a tener miedo a algo que probablemente es mucho más bonito que esto que tenemos aquí». Pero es verdad que me ha costado mucho aceptarlo, noches de insomnio y pedir ayuda, porque le he dado muchas vueltas al tema y lo llevaba fatal.

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