Un vermú 'despacito'

Un vermú 'despacito'

Algunos ovetenses se animaron a tomarse el aperitivo en las casetas del paseo del Bombé, animadas por éxitos como el de Luis Fonsi

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

'Pasito a pasito, suave suavecito'. Así lo dice la letra de 'Despacito', el gran éxito de Luis Fonsi, y así acudieron los ovetenses a las casetas de los hosteleros en el paseo del Bombé, donde fue una de las canciones estrella junto a otros éxitos más añejos del electrolatino como 'La gozadera' o 'La bicicleta'.

En el primer vermú de este San Mateo, hubo una protagonista que, no por esperada, fue más repudiada: el agua. «Está un poco flojo por la lluvia, pero esperamos remontar. Limpiamos y secamos mesas y hay mucho niño», comenta Julio Menéndez, del puesto de La Genuina, sin dejar de sonreír. Se ha acabado aprendiendo la canción del verano: «Ayer (por anteayer) igual escuchamos 'Despacito' cinco veces».

No muy lejos de allí, el matrimonio formado por Adolfo Soto y Canita Ruiz se tomaba un vermú y una cerveza entre chubasco y chubasco. Ovetenses de toda la vida, salían ayer por primera vez: «La lluvia estropea el vermú».

Ruiz no echó de menos la vieja ubicación de las casetas, el popular 'Gastromateo': «Aquí están mejor situadas que en los Álamos, hay más espacio». Por su parte, Soto alabó las medidas de seguridad de este año: «Colocar bolardos puede ser antiestético, pero han encontrado la eficacia y la elegancia».

La pareja es más de pasear y de teatro que de conciertos. Para no perderse ninguna función, Soto ya se ha comprado las entradas en su reloj inteligente, que lucía orgulloso. «Se cachondeaban mis hijos, pero soy capaz», aseguró.

De otras fiestas, él rememoraba los bailes de La Herradura, «cuando veníamos desde Trubia a bailar lo moderno de la época, como Los Archiduques». Ella, los recitales del Dúo Dinámico, a los que no faltaba: «Con quince años ya iba a verlos a Mieres». Sin olvidar cuando llevaban a una nieta a ver a Susana.

Ya por la tarde, la coral Polifónica de Asturias Cruz de la Victoria caldeó los ánimos. El matrimonio apreciaba la novedad de estas actuaciones, aunque reclamó una reparación del kiosco, que «está que da pena». Pero la mayor animación, apuntaba Menéndez, llegaría con las orquestas, a las once; anoche le tocó a Ciclón. Soto y Ruiz eran duda: ella, más tranquila, no se entusiasmaba, pero él quería algo de folixa: «Alguna vez, sí».

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