Cantera de ingenieros

Los niños trastearon con cuanto se le puso delante. :: P. UCHA/
Los niños trastearon con cuanto se le puso delante. :: P. UCHA

Centenares de niños aprovechan el certamen para trastear con drones, robots e impresoras 3D. A todos les encanta y muchos descubren su futura profesión

J. M. PUGA

Ni los videojuegos son solo cosa de niños ni los jóvenes únicamente piensan en pasar el rato pegados a las 'maquinitas'. Los drones, los robots y las impresoras 3D han llegado para quedarse y, por eso, todo lo que tenga que ver con nuevas tecnologías despierta cada vez un mayor interés entre los escolares y sus familias. «Más vale que sepan manejarse en este mundo cuanto antes porque, junto al inglés, esto es el futuro», apunta Daniel Pastor. Su hijo, Adrián, tiene ocho años y lleva tres apuntado a una extracurricular de robótica en su colegio, el Condado de Noreña. «Actividades como estas, entretenidas y didácticas, son perfectas para los niños», concluye Pastor.

«El FIMP es una feria genial, que sí, se centra en los videojuegos, pero es que también hay muchas cosas más, un montón de talleres y actividades que estimulan nuestra creatividad», explica Manuel Ángel Maldonado, el niño de 10 años que hace un mes dejó atónito al Premio Princesa de Investigación Científica y Técnica Rainer Weiss por su interés en las ondas gravitacionales. Él y su amiga Ana Lucio, de 12 años, llevaban días esperando a que fuera fin de semana. «Estuvimos el viernes, repetimos el sábado y volveremos el domingo, asegura Ruth Rodríguez, la madre de la niña, quien aplaude la oferta y la organización del certamen. «De muy pequeña, Ana se aficionó a los Lego y ahora le encanta la tecnología, tanto que hasta se pone a montar y desmontar el ordenador», cuenta de su hija, mientras esta asiste a un taller de programación. «También me apunté al de arcilla polimérica moldeable, programación de drones, mini blocks e impresión 3D», cuenta esta niña con altas capacidades, que actualmente cursa segundo de ESO en el colegio Paula Frassinetti de Avilés, pese a que, por edad, debería estar en primero. De mayor quiere estudiar medicina y poder aplicar tecnología y robótica, porque lleva años queriendo ayudar a un amigo que nació sin un brazo.

Quizá ingeniero, como su padre, sea el ovetense Raúl Álvarez, de 11 años. Lo dice nada más salir de un taller de iniciación a la programación en el que «utilizamos placas led y sensores de movimiento», cuenta. «Después, en casa, le contaré bien lo que he aprendido», asegura. Mientras, su hermana, Marta, pasa el rato coloreando con la app 'Tiny Swipers'. Primero eligió el diseño de su dibujó en una tablet y, tras imprimirlo, se dedicó a ponerle color. Opciones para pasar el rato tienen de sobra en el FIMP.

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