Alberto Hernández: «Cada día hay hasta 50.000 redes comprometidas en España»

Alberto Hernández Moreno, director general del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) / Jorge Peteiro
20 años de ELCOMERCIO.es

El director general del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) intervino en el vigésimo aniversario del ELCOMERCIO.es y aseguró que «poca gente entiende qué son los ciberriesgos y cómo debemos protegernos»

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

Hace dos décadas, pocos atisbaban la revolución tecnológica en la que hoy nos encontramos inmersos. Uno de ellos fue EL COMERCIO que, allá por 1995, se lanzó al ruedo digital «de una forma pionera, bastante experimental, con un proyecto piloto en la Escuela de Ingenieros Industriales de Gijón. Un plan que nos permitió ser el primer diario español en llevar sus contenidos a aquello se llamaba internet o la red», contó ayer el director de este diario, Marcelino Gutiérrez, ante las decenas de invitados de todos los sectores que se reunieron en el Hotel Abba Playa de Gijón para conmemorar los '20 años de ELCOMERCIO.es'. Y es que, apenas tres años más tarde, en 1998, «nuestros lectores comenzaron a disponer de una edición digital íntegra. Eso sí, con una apariencia muy distinta de la que hoy tenemos». Un momento en el que «las agencias ni siquiera auditaban las audiencias de los diarios on-line» y en el que «resultaba difícil pensar que íbamos a estar no solo en los ordenadores, sino también en las tablets o en los móviles». Un viaje apasionante, recordó Gutiérrez, en el que «se hizo realidad el sueño de cualquier periodista» y que ha desembocado en que «hoy por hoy, tenemos más de dos millones de personas distintas que cada mes pasan por nuestras páginas». Pero, si «la revolución digital nos ha permitido comunicarnos mejor que nunca, con ella han llegado también otras realidades que cada día nos preocupan más»: del ciberespionaje al ciberacoso pasando por las ciberguerras. Y, de hecho, explicó el director de EL COMERCIO, «en 2017, España registró más de 123.000 incidentes de ciberseguridad, una cifra que no ha dejado de aumentar cada año».

Así que, «para luchar contra los no pocos peligros de este mundo y proteger a individuos y empresas frente a la amenaza de grupos criminales que han encontrado en el ciberespacio un nuevo terreno en el que realizar sus acciones, nació en Instituto Nacional de Ciberseguridad de España (INCIBE), dependiente del Ministerio de Industria». Y a sus mandos se encuentra el ingeniero de Telecomunicaciones Alberto Hernández, que fue el encargado de ofrecer ayer la ponencia inaugural sobre un asunto que «no solamente es una cuestión de seguridad nacional, sino también de cooperación internacional, fundamental en este ámbito». Pero es que, además -defendió-, la ciberseguridad «es también una oportunidad para que nuestras empresas se internacionalicen y creen puestos de trabajo, para generar riqueza».

«Por suerte» -comenzó Hernández-, «en España tenemos desde 2013 una estrategia de ciberseguridad nacional» que marca las directrices y que «está sirviendo de modelo a otros países». Una estrategia que vivió su primera prueba de fuego el pasado año, cuando «nos enfrentamos a la primera crisis nacional» en este terreno, denominada Wannacry. Un ciberataque sin precedentes en el mundo que se produjo cuando un virus infectó los ordenadores de grandes empresas como Telefónica. Un secuestro informático en toda regla en el que, a cambio de liberar los sistemas, los 'hackers' pedían un rescate en bitcoins.

«Trabajamos mucho, estuvimos estresados y dormimos poco, pero creo que gestionamos bien la crisis, compartimos información con otros países y se la contamos adecuadamente a la gente. Reino Unido tuvo que cerrar quirófanos. Aquí lo que pasó fue que se infectaron diez compañías con un impacto muy pequeño», resumió Hernández, quien extrajo algunas lecciones de aquel episodio como que, por ejemplo, «la pregunta ya no es si nos va a pasar algo o no, sino cuándo nos va a pasar y si vamos a estar adecuadamente protegidos».

Y esto es así, apuntó el experto, porque «el ciberespacio tiene unas características que lo hacen muy atractivo» para el delito. «En primer lugar, hay 3.600 millones de internautas y van en aumento. Además, es muy barato, porque, con un teléfono de cien euros o menos, accedemos a internet. En tercer lugar, el tiempo se mide en milisegundos, es fácil establecer mecanismos de cifrado que garanticen el anonimato y, además, es asimétrico porque, con pocos medios, obtienes impactos muy grandes».

Así que Alberto Hernández llamó a extremar las precauciones a empresas y ciudadanía, extrañado de que «con la tecnología hacemos cosas que en la vida real jamás haríamos. Tenemos un nivel de confianza enorme. Cuando estamos en casa, en un sitio en el que nos sentimos seguros, abrimos las puertas de par en par y ellos van a tocarnos el lado más débil». Por ejemplo, a la hora de compartir nuestros datos personales en las redes sociales, advirtió: «Lo primero que tengo que hacer es plantearme qué información quiero intercambiar. Después, con quién quiero intercambiarla. Tercero, a quién se la estoy cediendo. Y, por último, cuáles son las condiciones de cesión, porque está escrito qué pueden hacer con nuestros datos, pero no nos lo leemos».

Nuestra ingenuidad en este proceloso universo es tal que el director general de Instituto Nacional de Ciberseguridad advierte de que, pese a que la tecnología ha llegado para quedarse, «poca gente entiende qué son los ciberriesgos y cómo debemos protegernos». Y a fe que el catálogo es extenso: «Abrir facturas falsas adjuntas en un mail que copian nuestros datos. Comprar camisetas por diez euros cuando cuestan cien porque soy más listo que nadie y resulta que así me roban el número de la tarjeta. Pedir un falso crédito en el que pago una comisión de apertura y nunca me llega el préstamo. Aceptar falsas ofertas de trabajo en las que te piden dinero. Estafas en alquileres. Herencias de un tío que no conozco o loterías a las que no he jugado y, sin embargo, pico».

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«Luego están las novias por internet, porque suelen ser novias y no novios. Contactan contigo y pueden pasar cosas muy duras como que la chica se desnuda, luego se desnuda él, ella lo graba todo y extorsiona al incauto enamorado amenazando con mandarle el vídeo a todos sus contactos». Así que el especialista y el sentido común dictan: «Si no ligas con una chica guapísima en un bar, difícilmente lo vas a hacer en internet».

Y, sin embargo, resulta, según Hernández, que no observamos las recomendaciones básicas como «actualizar los dispositivos, tener un antivirus, proteger también el móvil, no poner la misma contraseña en todos los dispositivos y cuentas bancarias, desconfiar de lo que no conozco, de las gangas o de lo que es gratis».

Así pudo comprobase en el transcurso de su ponencia, cuando mostró un mapa en tiempo real de la ciudad y de sus conexiones a internet: «Ahora mismo, hay 181 redes comprometidas en Gijón, 54 que no se actualizan desde 2007 y cuatro que no lo hacen desde el ataque de Wannacry, lo que significa que el nivel de concienciación es bajísimo. Tenemos un problema que no hemos entendido ni muchísimo menos interiorizado», concluyó sobre un trabajo, el suyo, ingente y al alza: «Detectamos de 20.000 a 50.000 redes comprometidas todos los días en nuestro país y solo en 2016 se registraron más de 66.000 hechos delictivos».

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