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Fondo y forma universitaria

08.02.10 - 02:28 -
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En una versión anterior de este mismo tema, ya dije que Wilde decía que «sólo los vacuos no juzgan por las apariencias». Además de nuestra propia trayectoria vital, nuestro criterio bebe de muchos maestros. Él fue uno de los míos y siempre he procurado no olvidar esta enseñanza, que en una primera lectura puede parecer equivocada, porque todos tendemos a pensar que sólo el interior importa. Mi experiencia universitaria me ha demostrado la imperiosa necesidad de que exista una armonía en todo. La armonía es fundamental para que la música suene bien. También lo es para que una persona 'suene' bien desde el primer instante: tanto con su presencia, como con su palabra, hablada o escrita. Un universitario es, o ha de llegar a ser, no sólo una buena persona -que no es poco-, sino también culta y preparada, y todo en esa persona ha de ser el reflejo de su interior. En mi opinión, ser universitario implica hablar, escribir y vestirse como tal. Es preciso tener la 'forma' universitaria si es que el 'fondo' también lo es. Y al salir de la Universidad, los que no sean vacuos sabrán que somos universitarios. Y además, excelentes.
La presencia, fundamental. ¿Es de recibo universitario que un caballero se presente en clase con una camiseta de obsceno mensaje? ¿Es de recibo universitario que una señorita porte un vaquero de talle bajo, que deja perfectamente visible su tanga al caballero que se sienta detrás, distrayendo su atención, mientras yo estoy explicando la estimación del coste de capital de una empresa? ¿Es de recibo universitario que los alumnos se presenten en julio, a las revisiones de los exámenes, en bañador -hasta la rodilla, afortunadamente-, toalla al hombro y chanclas llenitas de arena, que quedará sembrada en el despacho de la profesora, dado que ellos han estado previamente disfrutando de 'Lorenzo' en la playa que lleva su nombre? Eso sí. Cateados, pero bien bronceados. ¡Pues no! No es de recibo universitario.
Tras la presencia, la palabra hablada. ¿Es de recibo universitario que se utilicen palabras malsonantes en el aula? «Joder, me equivoqué. No quería decir eso», me contestó un alumno no hace mucho. ¡Pues no! Las palabras malsonantes tampoco son de recibo universitario. Un universitario no puede hablar soltando tacos cada vez que abre la boca. Ni en la Universidad, ni en su futuro centro de trabajo, en el que se espera que no sólo su labor, sino también su forma de hablar, reflejen su universitaria educación.
Y cuando llega el momento de escribir, ídem de lienzo. ¿Es de recibo universitario tener que corregir exámenes con faltas de ortografía impropias de un alumno mayor de edad? Por no hablar del traslado a los exámenes de parte de ese lenguaje que se utiliza en chats, sms, etcétera. Por supuesto, esto tampoco es de recibo universitario. No es más que el reflejo del fracaso de nuestro sistema educativo, de la creciente pérdida de calidad en la enseñanza secundaria, que lógicamente, al trasladarse a la Universidad, obliga a ésta, irremediablemente, a reducir los niveles de exigencia, ergo la intensidad de la preparación. Y seguiremos así, reforma tras reforma, hasta que los políticos no caigan de la burra y se decidan, de una vez por todas, a llevar a cabo un pacto de Estado por la educación. Uno más de los que tienen pendientes. Tampoco hay que pedirles que sean unos iluminados, tal y como andan algunos de ellos. Basta con que se fijen en el sistema educativo y los resultados de los países nórdicos. Finlandia, por ejemplo. Dado que parece que no saben hacer otra cosa, es suficiente con que copien. Lo cual, dicho sea de paso, tampoco es de recibo universitario.
Conste que mis opiniones no van sólo dirigidas a los discentes, que en modo alguno debieran entenderlas como un ataque. Los docentes también podemos cometer errores en estos aspectos. Algunos más que otros. De los numerosos correos recibidos en días pasados con relación a este tema, quisiera hacer mención al de un chico que, agradeciéndome mi opinión, recordaba con bochorno algunos momentos de su etapa universitaria, mencionando por ejemplo a un profesor que confesaba a sus alumnos que él, antes y después de cada jornada laboral, calmaba su estrés con un porro «bien aliñadito»; otro que se dejaba llevar por el entusiasmo juvenil, declarando que estaría encantado de ir de 'botellón' con ellos, u otro que instaba a sus pupilos a venir a clase cada día bien «follados», para poder prestar más atención. ¡Esto pasa en la Universidad española! Hay profesores que deciden actuar de colegas con sus alumnos. Y no somos sus colegas, sino sus profesores. Me parece un grave error educativo, como lo es que algunos padres actúen de colegas con sus hijos. A tal actitud, sólo le encuentro una explicación: intentar mejorar las valoraciones que obtienen de sus alumnos. Como el amable lector sabrá ya, actualmente en la Universidad, no sólo evaluamos los profesores a los alumnos, sino también viceversa, a través de unas encuestas de evaluación que valoran diversos aspectos como la claridad en la explicación, nuestros conocimientos -aunque seamos nosotros quienes debamos dárselos-, y la actitud hacia el alumno, entre otras. Creo que estas encuestas son una excelente idea porque el 'feed-back' siempre es positivo. Ahora bien, lo de ir de 'guai' con los alumnos tal vez pueda ayudar a algunos profesores a mejorar su valoración o suplir carencias en otros aspectos. Algunos docentes no se percatan de que el mero hecho de subir el peldaño de la tarima de madera del aula conlleva unas obligaciones. También otorga algunos derechos, y que el derecho a ser respetado en el aula se vea menoscabado tampoco es de recibo universitario.
Quisiera aclarar, además, dado que parece preciso hacerlo en los tiempos que corren, que cuando digo profesores o alumnos me refiero a ambos sexos. Por muy extendida que esté la práctica, especialmente entre la clase política, de diferenciar a ambos sexos con el lenguaje -profesores y profesoras, alumnos y alumnas-, además de ser una incorrección gramatical, genera un lenguaje tedioso, aburrido, que tampoco es de recibo universitario.
Yo no añoro una Universidad del pasado, en la que seguramente era muy difícil, por no decir imposible, encontrar alumnos que cometiesen graves faltas de ortografía, o que se dirigieran al profesor de manera irrespetuosa, o que se presentasen en el aula incorrectamente vestidos. Yo vivo la Universidad en el presente y miro hacia el futuro universitario. Y precisamente 'Ad futurum' es el nombre del proyecto que, defendido en Madrid, nos permitió salir de allí como los buenos toreros en las tardes de gloria: por la puerta grande de la excelencia internacional.
Pues que así sea para la Universidad de Oviedo, y que así lo parezca.
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Susana Otero, autora del texto.
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