Isidro Rivadulla Lema, el médico residente que en junio de 2008 cosió a puñaladas a la ovetense Diana Rodríguez -su compañera en el Hospital Marqués de Valdecilla- tras sufrir un brote psicótico, saldrá de la cárcel dentro de tres meses. El procesado, que se encuentra en prisión desde que ocurrieron los hechos, ha sido condenado a dos años de cárcel después de que tanto el fiscal como las acusaciones particulares y defensa, llegaran ayer a un acuerdo antes de la vista oral que iba a celebrarse en Santander.
El médico, de 29 años, padece un trastorno esquizoide de personalidad y ha indemnizado a la víctima con 60.000 euros, circunstancias por las que las acusaciones pública y privada han rebajado la petición de condena a dos años. Inicialmente, el fiscal pedía dos años y medio de prisión, pena que la acusación elevó a cuatro y medio, además de 12 años de internamiento en un centro psiquiátrico.
El MIR reconoció los hechos y aceptó la pena de dos años de cárcel. El procesado lleva ya 21 meses recluido, por lo que el próximo mes de junio habrá cumplido la condena en su integridad y saldrá en libertad.
El acuerdo previo entre las partes evitó que la víctima, la doctora Diana Rodríguez, de 27 años y principal testigo de cargo, se encontrara cara a cara con su agresor. La mujer acudió al tribunal acompañada de sus padres y abandonó la sede judicial nada más conocerse el acuerdo de conformidad.
Sentado en el banquillo de los acusados, Rivadulla escuchó imperturbable y en silencio el relato de hechos probados que leyó la secretaria judicial.
Todo sucedió cerca de la once de la noche del 3 de junio de 2008 en el servicio de Anatomía Patológica del Hospital Valdecilla de Santander. Isidro Rivadulla sufría una alteración psíquica y estaba en tratamiento desde el año 2005, pero semanas antes de los hechos había abandonado la medicación. Su inestabilidad mental fue advertida en su entorno familiar y laboral, hasta el punto de que sus padres decidieron trasladarse desde La Coruña para estar a su lado.
La noche de autos el procesado, de manera inopinada e imprevisible, cogió un cuchillo de cirugía de 25 centímetros de longitud y cuando su compañera Diana entró al departamento la apuñaló. No medió palabra alguna, no hubo discusión ni había resentimiento entre ambos compañeros.
En total, sufrió ocho heridas en los brazos, las piernas, el tórax y el abdomen. «¡Tú no eres así, mira lo que estás haciendo, no eres así!», le gritó la víctima a su compañero mientras intentaba zafarse. Estas palabras hicieron reaccionar al agresor, quien «se quedó paralizado» y él mismo avisó de lo sucedido a la Policía. Le dijo al agente que había acuchillado a una doctora y le indicó dónde estaba. Cuando los funcionarios de Policía llegaron al servicio, se encontraron un espectáculo dantesco. La joven, de 27 años, estaba tendida en el suelo en medio de un charco de sangre.
Ella sigue de baja
Diana Rodríguez esquivó la muerte porque fue atendida rápidamente. Tenía diversas punzadas en las manos, con las que intentó inútilmente defenderse, y el cuerpo sembrado de cuchilladas. En los días siguientes la joven ovetense tuvo que pasar por varias intervenciones y necesitó casi un año para curar las heridas físicas, porque las del alma siguen vivas. Continúa de baja y en tratamiento para superar el miedo nacido de aquella noche aciaga.
Como es preceptivo, el presidente de la Audiencia ofreció a Isidro Rivadulla la última palabra. El médico se limitó a comentar que no tenía nada que decir.