Cuando hace diez años abandonó la casa más famosa de la televisión, casi llamaba más la atención por la calle que cuando, mucho antes, quedaba con sus amigos en pleno verano para ir disfrazados a El Jardín. Lejos queda ya la mascarada del Gran Hermano. Iván Armesto se centra ahora en sus labores de empresario, con proyectos como el documental 'Convergentes', que se estrenará en marzo y que enseña el resultado de juntar por parejas a artistas de diferentes ámbitos y estilos, como los dúos Xuan Bello y Dark la Eme o Ricardo Menéndez Salmón y Tejedor. Si entre casting y casting tiene tiempo, promete no faltar al desfile de Antroxu con su hija.
-¿Por qué le encuentro vestido de lobo?
-Siempre me hizo gracia la frase de 'ser un lobo con piel de cordero', y yo he decidido ser un cordero con piel de lobo.
-¿Qué tiene Iván Armesto de lobo y qué de cordero?
-En mi vida he sido más cordero que lobo. Me han comido más veces que he comido.
-¿Y en la sociedad hay, como dice, mucho lobo vestido de cordero?
-Muchos. Están en todos los ámbitos y más cerca de lo que creemos. Aún así, yo siempre creo que la mayoría de la gente es buena.
-¿Nos ocurrió eso con la crisis? ¿Venía escondida y sin enseñar los dientes?
-Es innegable que hay crisis, pero todo esto también es muy mediático. Las noticias, los políticos... Nos meten todos el miedo en el cuerpo. Pienso que deberíamos vivir más tranquilos y, aunque hay mucha gente en el paro, creo que quien tiene trabajo no tendría por qué dejar de gastar y de consumir. La gente se guarda el dinero, no sé dónde lo mete...
-¿Cómo notan esta crisis quienes trabajan en el mundo del cine?
-Nosotros de momento no hemos entrado en crisis. Sí es verdad que a veces te recortan más presupuesto, pero hay que aceptarlo y tratar nuevas fórmulas de ganar dinero. Hay que saber ser un buscavidas.
-¿Sería una solución teñirse de azul? A 'Avatar' le funcionó...
-No podemos pretender ser como los americanos, cuando no gastamos lo mismo que ellos. Aún así, hay producciones españolas, como en su momento 'El Orfanato', que pueden pegar un pelotazo. El problema es que aquí la gente no ve que el cine es una industria, que mueve a mucha gente: carpinteros, maquinistas, peluqueros...
-¿Le asustan los piratas que van sin parche en el ojo?
-Para mí lo que hacen es robar. Si una persona invierte dinero en hacer una película y el único sitio donde la puede vender es en la taquilla del cine, si se lo quitan antes eso es robar. Es como si uno abre un bar y le roban las botellas. Pero la gente se queda con el 'Avatar', con el actor millonario, y no ve que también está, por ejemplo, el que prepara los bocadillos, que también tiene una familia, unos hijos...
«No saldría vestido de Rouco»
-¿Iván Armesto es antroxeru?
-Siempre lo fui. Antes del primer Antroxu ya nos disfrazábamos en La Perala, en el barrio de La Arena, para ir a El Jardín. Lo hacíamos aunque no fuera la época de Antroxu, incluso en verano. Luego salí también con carrozas y con charangas.
-¿Recuerda algún disfraz en especial?
-Un año me disfracé de patata, casi iba rodando, y ya por la calle coincidí con una chica que iba de tomate.
-¿A quién ni se imaginaría encontrarse disfrazado en el Antroxu?
-A Rouco Varela. Aunque ya va bastante disfrazado.
-¿Y qué disfraz no se pondría jamás?
-Uno de Rouco Varela (Ríe). Y eso que he ido de cura, pero de obispo...
-¿Se corta más la gente a la hora de participar en un casting o para salir en Antroxu según con qué disfraz?
-Con el Antroxu la gente pierde cualquier tipo de vergüenza. Te atreves a hacer cosas que no harías un día normal. Es un día en el incluso se liga mucho, porque es cuando los chicos y las chicas más tímidos se desinhiben.
-¿Se sigue disfrazando?
-Ahora lo que me toca es acompañar a mi hija al desfile infantil, pero sí lo hago disfrazado, o al menos con algún complemento de Antroxu.
-Tras finalizar Gran Hermano, ¿le apeteció en alguna ocasión salir con un antifaz para que no le conocieran en la calle?
-Sí, de hecho estuve muchos años saliendo casi de incógnito, con gorra y gafas oscuras. Nunca me molestó que la gente me parara, pero a veces necesitas intimidad.