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Comadres extraviadas

GIJÓN

Comadres extraviadas

10.02.10 - 03:32 -
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Decía mi admirado Oscar Wilde: «Los hombres quieren ser siempre el primer amor de una mujer. Ahí está su torpe vanidad. Las mujeres, más inteligentes, prefieren ser el último romance de un hombre». Supongo que Wilde se refería a cuál de las dos actitudes es la más inteligente en el amor, no a que la inteligencia de la mujer sea superior a la del hombre, porque no es así. No cabe duda de que la inteligencia y la estupidez humana se hallan repartidas por igual entre ambos sexos. Una buena prueba de ello es la reciente concesión del premio 'Babayu' 2010 al escritor Juan Manuel de Prada, por parte de la Tertulia Feminista 'Les Comadres'.
Tildar de 'babayu' a Juan Manuel de Prada es algo que ejerce un efecto 'boomerang' sobre quien lo hace, calificándose a sí mismo con su burrada. ¿Cómo es posible que alguien utilice tal adjetivo con uno de los mejores escritores de este país, de tan vasta cultura y tan alta categoría intelectual? ¿Cómo es posible que alguien confunda con exabruptos machistas lo que, en el caso de este escritor, constituye, únicamente, la defensa de una ideología conservadora? ¿Muestran tolerancia los que se consideran propietarios exclusivos de la misma, ante las posturas que ideológicamente no coinciden con las suyas? Es evidente que no, y es que, en este país, todo el mundo presume de ser muy tolerante, pero a la hora de la verdad, algunos lo son sólo con los que piensan igual que ellos. ¡Así cualquiera!
Como el amable lector sabe, nuestro Estado de derecho no es discriminatorio contra la mujer; por consiguiente, las mujeres no necesitamos de la intervención de asociaciones, grupos, foros, tertulias o similares, donde se defiendan los derechos de la mujer, porque la ley ya lo hace. Las discriminaciones -positivas o negativas- son sencillamente eso, discriminaciones, y no son democráticas. En este país aún quedan grupos de feministas -o 'feminazis', término acuñado por Arturo Pérez-Reverte-, que piensan que todas las mujeres nos sentimos representadas por sus exabruptos. Me veo en la obligación de decir que en ello andan muy, pero que muy extraviadas. A mí, y a un montón de españolas más, no nos representa más que nuestra propia valía, nuestro esfuerzo y nuestros méritos, defendidos en igualdad de condiciones que los varones. Y precisamente porque creemos en la igualdad, la que de derecho y de hecho existe en este país, nos sobran este tipo de premios mal dados.
No tengo inconveniente en compartir una comida de comadres con mis amigas o compañeras -por descontado, sin 'sexy-boys'-, de la misma manera que no tengo reparos en llamar tonterías a las cosas y actitudes que lo son. Que sepan las tertulianas que un premio no sólo califica al que lo recibe; también refleja la inteligencia y el conocimiento de quien lo concede.
El día en que desaparezcan los ministerios de Igualdad, las asociaciones de mujeres por «esto» y por lo «otro», los reductos limitados de manera exclusiva a la mujer y las discriminaciones positivas, basadas en la opinión de los que aún nos toman por lisiadas mentales necesitadas de una ventaja añadida, ese día y sólo ese día, empezaré a creerme que en este país vivimos en igualdad. Porque al fin, todas las mujeres nos creeremos capaces de serlo. Me temo que aún quedan comadres que no se lo creen.
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