La convocatoria de un puesto de responsable de mantenimiento y conservación del Jardín Botánico Atlántico de Gijón ha acabado en polémica, en denuncias de «fraude» y en una instancia que ha llegado a manos de todos y cada uno de los miembros de la Corporación municipal (incluida la alcaldesa), así como a los integrantes del Consejo de Administración del Botánico. El denunciante es Ricardo Librero, paisajista y actual responsable de mantenimiento del equipamiento (es decir, que ocupa el puesto que se convoca). Lo es, de hecho, desde hace siete años (más otros tres años en los que trabajó en el proyecto). Pero dejará de serlo en breve, ya que no superó la primera prueba del concurso-oposición convocado y tan sólo una persona de las siete que comenzaron el proceso realizará el último examen, el próximo día 24.
Será así si Librero no consigue, tal y como ha solicitado en varias ocasiones, la «anulación del proceso por las irregularidades» que él dice haber demostrado. A saber. El pasiajista asegura que, para empezar, «dos de las siete personas que fueron admitidas para el proceso no cumplían los requisitos». Después, en la primera prueba, «20 de las 50 preguntas no tenían ninguna base científica». Él impugnó 14, tras haber presentado antes un recurso de alzada. La impugnación estuvo acompañada por un informe de justificación de los motivos que, según Librero, está apoyado por «el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio, el INDUROT, así como por el equipo científico de la Universidad de Oviedo, profesores de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y de la Universidad Politécnica de Valencia». Sea como fuere, Librero se quedó con 4,7 puntos, insuficiente para seguir adelante. Lamenta que el proceso se haya llevado a cabo mediante concurso-oposición en lugar de concurso de méritos, y que se le haya negado «ventaja alguna en la fase de méritos. Al menos por los servicios prestados merecía un proceso justo y limpio que no se está produciendo».
Por su parte, el tribunal del concurso-oposición, presidido por la concejala de Medio Ambiente, Dulce Gallego, le contestó justificando, entre otras cosas, que «no es competencia de los aspirantes a un proceso selectivo establecer los méritos valorables por la empresa». En cuanto a las preguntas impugnadas, dice el tribunal que Librero «pretende sustituir la competencia objetiva del tribunal de selección por valoraciones y consideraciones subjetivas» y defiende en todo momento la «discrecionalidad técnica» del tribunal. Éste revisó el test y «no aprecia error o falta de fundamentos técnicos». Por lo tanto, no aceptaron ninguna de las alegaciones presentadas.
«A todas luces injusto»
Librero no quedó ahí, y esta misma semana ha elevado una instancia a todos los miembros del Pleno. Por el momento, ya se ha reunido con el grupo municipal del PP. En la instancia, solicita anular el proceso o paralizarlo «hasta la resolución de los tribunales», donde piensa acudir para defender su postura. Mientras tanto, pide que se mantenga la situación actual, es decir, su puesto en el organigrama del Botánico, para «evitar así un daño irreparable tanto a mi persona como a la institución, por una decisión a todas luces injusta». Porque Ricardo Librero está convencido, y así lo expone en la misma instancia, de que «el proceso tenía la intencionalidad de apartarme legalmente del puesto que ocupaba».
Un puesto, por otro lado, al que ya había accedido mediante otro concurso-oposición en abril de 2003. Desde entonces, «he encadenado contratos hasta la fecha» y defiende que lleva más de un año sin firmar ninguno por lo que, «de facto, ya soy indefinido». Aún así, se había presentado a este nuevo proceso porque «me dijeron que era casi imperativo legal, para dejarme fijo».
El área municipal de Medio Ambiente, por su parte, consultado ayer por este periódico, evitó pronunciarse sobre la polémica.