El camino hacia la igualdad de oportunidades en el ámbito laboral es largo, y aún queda mucho por recorrer. Tanto, que la presencia de mujeres en sectores tradicionalmente 'masculinos' como la metalurgia o la construcción es algo extraordinario digno de motivar una jornada para su análisis.
El palacio de Valdecarzana fue ayer escenario de un acto de ese tipo, en el que la asociación juvenil sindical Alcuentru, adscrita a la federación del Metal, Construcción y Afines (MCA) de UGT, quiso poner de relieve experiencias concretas de algunas de las 'pioneras' de esos sectores en Asturias.
La gruísta Ana Valles, la operaria de acería Raquel Valdés y la trabajadora del sector maderero Silvia Fernández fueron las tres mujeres llamadas por el sindicato a exponer su caso con el ánimo de que sirva de ejemplo y anime a otras trabajadores y a las propias empresas a superar clichés en el mercado de trabajo. Ellas lo hicieron en estos últimos años. «Cuando empecé me miraban con extrañeza, pero me acogieron bien. Siempre se han mostrado dispuestos a ayudarte. A veces era como si quisieran protegerte, pero al final acabas siendo una más», relataba Ana Valles, una de las pocas mujeres gruístas en el sector de la construcción en Asturias.
Ese 'paternalismo' del resto de compañeros parece ser la tónica en casos como el suyo. «Coincido con ella. En mi caso, empecé a trabajar con 25 años en un ambiente en el que todos eran más mayores, que venían de la antigua Ensidesa. Entre ellos me encontré con dos tipos de compañeros, los que eran más paternales, me ayudaban o me decían 'deja, que esto ya lo hago yo', y los que me veían como la usurpadora del puesto de un hombre», relata, por su parte, Raquel Valdés. «Y en el vestuario, cuando entraba, se hacía el silencio», recuerda.
Buena consideración
El posterior rejuvenecimiento de la plantilla en las instalaciones en las que trabaja, la acería LD-III de ArcelorMittal, motivó un cambio en esas actitudes. «Me ven como una compañera más», dice al tiempo que apunta que no está sola. De hecho, siente que no existen diferencias en la consideración que se tiene en su empresa al trabajo realizado por hombres y mujeres. «Cuando se cubren las vacaciones del maestro, siempre ocupa el puesto alguien del turno, y en el mío es precisamente una mujer», indicó como ejemplo.
Según destacaron ayer los responsables de la jornada, ejemplos como el de estas trabajadoras debería servir para «demostrar que es posible», que se puede «romper los roles», como se titulaba la charla del experto Pablo Nalón que precedió a la intervención de ambas.
Pero el camino parece difícil. «En Asturias, las mujeres cobran de media un 25% menos que los hombres por el mismo trabajo, algo que tiene mucho que ver con que más del 65% de asturianas tiene un contrato laboral precario», apuntó la responsable de igualdad de MCA-UGT, Mónica Fernández.