El paso del tiempo se deja sentir sobre las personas, ciudades y continentes, pero la huella de épocas pasadas siempre estará ahí, de una u otra forma, para narrar de dónde venimos. Esa es una de las funciones de la numismática, una actividad que es a la vez coleccionismo y ciencia. Justo Ureña, cronista oficial de la villa, ha reunido un interesante conjunto de piezas a lo largo de toda su vida. Diez de esas monedas, datadas entre los años 68 y 217 d.C., en el esplendor de la Roma imperial, serán cedidas en depósito por Ureña para el futuro Museo de Avilés. La particularidad de estas piezas radica en que todas ellas fueron encontradas en la comarca, fruto de excavaciones arqueológicas o de hallazgos totalmente casuales, y en algún caso ilustran perfectamente de cómo el recorrido de una moneda desde su forjado hasta el álbum del coleccionista es cuando menos inaudito.
Las monedas que Ureña conserva desde los años 50 del pasado siglo son todas de la época imperial. Las más antiguas son tres ases de tiempos de Nerón (58-64), fabricadas en bronce y con un peso de 25 gramos cada una. La más gruesa muestra el busto del 'emperador loco' con toda nitidez, si bien su forma irregular acusa el paso del tiempo. El cronista explica que «también se debe a que estas piezas se hacían a troquel, de un modo muy basto, razón por la que nunca fueron perfectamente circulares, ni siquiera recién salidas de la ceca (fragua de moneda)».
Del mismo emperador se encontró en Sabugo otro as muy erosionado, en cobre y por tanto de valor monetario más bajo. El resto de piezas las cataloga su propietario bajo el título de 'soberanos', una suerte de 'calderilla' de la época, con piezas de Caracalla, Cómodo, Antonino Pío, Lucio Arménico y otra «sin datar, con la efigie de una tal Ígora, seguramente una emperatriz».
Valor histórico
El cronista rememora que «todas llegaron a mis manos de modo casual», señalando que «algunas aparecieron en las excavaciones de la iglesia vieja de Sabugo, otra en un dragado en la ría...». Aunque Ureña no concreta de dónde surgió cada una, sí recuerda que «un 'paisano' que excavaba una obra en Ruiz Gómez encontró la de Cómodo, y me la ofreció gratis. A cambio le di un par de botellas de vino...».
En todo caso, el valor pecuniario en el mundo del coleccionismo de todas ellas «es bajo, no son piezas raras». Y resalta que «su interés radica en que se encontraron en Avilés, demostrando la presencia romana, pero no se puede comparar a lo que cuesta un sestercio de plata, por ejemplo», zanjando el tema con que «en Tarragona aparecen monedas de estas por días de bueyes, en los sembrados o en obras urbanas».
En otro orden de cosas, Ureña manifiesta su «contrariedad» ante una noticia de agencias de la que se hicieron eco los medios de comunicación la semana pasada. Su difusión ha creado « un malentendido en el que se indica que voy a ceder toda mi colección, cuando sólo voy a aportar en depósito estas modestas piezas de origen romano» halladas en distintos puntos de Avilés.