Lo vio venir, pero ni siquiera le dio tiempo a reaccionar. Afortunadamente, y aunque por momentos llegó a pensar que no podría contarlo, consiguió salvar su vida. Fue, tal vez, gracias a unos pocos centímetros; al mínimo espacio que la separaba de dos mujeres mayores que esperaban junto a ella para cruzar un semáforo. María del Carmen y María Isabel murieron al instante sobre la acera de Gaspar García Laviana. Eva se recupera, despacio, en la Unidad de Cuidados Intermedios del Hospital Central de Asturias. Su estado es grave, pero está evolucionando favorablemente de sus múltiples heridas. Ha estado consciente todo el tiempo y ya no precisa de mascarilla para respirar, pero continúa intubada, le fatiga hablar y se mantiene con calmantes para soportar el dolor de sus lesiones. La peor es la que le afecta a la zona torácica, con cinco costillas dañadas y un pinzamiento en el pulmón. Intervenciones como la operación de una pierna rota deberán esperar a que se recupere de los daños más graves.
Cuentan sus familiares que en los últimos días Eva se sentía optimista. Hace un mes había sufrido un accidente. Viajaba a Avilés con dos compañeras de trabajo cuando un vehículo cambió sorpresivamente de carril y se colocó delante de su coche. La conductora, una de sus compañeras, frenó a tiempo para evitar el impacto, pero un tercer turismo, que venía justo tras ellas, no tuvo los mismos reflejos y se produjo una colisión por alcance. Eva sufrió daños cervicales que desde entonces la obligaban a ir cada día a rehabilitación a los servicios médicos de una mutua situados en el centro de Gijón. «Contaba con que le dieran el alta ahora», apuntaba ayer la madre de la joven herida.
No pudo reaccionar
El lunesa media tarde salió de su domicilio de la calle del Río Eo, en Contrueces, para ir a una de las que esperaba que fueran las últimas sesiones de recuperación. Lo hacía, como cada día, caminando. No cogía el coche. A las 17.15 esperaba a que el semáforo se pusiera en verde para cruzar un paso de cebra de la avenida de Gaspar García Laviana, a la altura de Cataluña. Estaba situada en pleno rebaje de la acera, en el lado más próximo a la esquina entre ambas calles. A su derecha, dos mujeres mayores y, un poco más allá, un panel publicitario y un árbol.Pasó todo de repente. Su padre, Juan Antonio Calvo, cuenta cómo su hija le relató que «vio venir un coche muy lanzado y gritó 'se la pega, se la pega'».
Fue su única reacción posible. No le dio tiempo a apartarse. «No sabe muy bien cómo fue el atropello, sólo que la enganchó y entonces se vio arrastrada, rodando. Pensaba que no se iba a parar. Creía que se moría». Pese a la brutalidad del golpe, Eva no perdió la consciencia en ningún momento. Quedó tendida en el suelo, varios metros más allá del árbol contra el que quedó empotrada la furgoneta, hasta que llegó el equipo médico de urgencias. Tras estabilizarla la llevaron al Hospital de Cabueñes, donde, a raíz de la gravedad de sus heridas, se decidió un nuevo traslado, en esta ocasión al Hospital Central.
Al cierre de esta edición la joven continuaba ingresada en la Unidad de Cuidados Intermedios de Oviedo. Sufría daños en cinco costillas y en un pulmón. Tenía la muñeca derecha rota. También esa misma pierna, además de un aplastamiento de tibia y peroné en la pierna izquierda. Con el golpe se rompió el tabique nasal y fue necesario darle varios puntos en la nuca. Pese a todo, su familia se consuela con poder verla lúcida y viva. Recuperándose poco a poco. «Viendo lo que pasó, tuvo suerte».
Esta gijonesa nació hace 32 años en Cabueñes, pero actualmente vive en Contrueces. Desde hace dos años trabaja como ingeniera informática en la empresa SATEC, en Avilés. Tiene dos hermanos y está soltera. Hace siete años su compañero sentimental falleció en un accidente de tráfico en Siero. Contrariamente a lo que se comentaba el lunes en el lugar del accidente, no estaba embarazada.