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Alta suciedad en la élite de Manhattan

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Alta suciedad en la élite de Manhattan

Óscar de la Renta, el diseñador favorito de la gente rica de Nueva York, vistió y protegió a Brooke Astor, la 'dama de América', de los malos tratos que le infligió su hijo. El juicio ha mezclado violencia, codicia y glamour

14.03.10 - 02:31 -
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Además de ser el diseñador favorito de la élite neoyorquina, Óscar de la Renta ha mantenido en vilo durante los últimos meses, junto a su mujer Annette, a la alta sociedad de Manhattan con un juicio mediático en el que no ha faltado de nada: glamour, una desmesurada codicia, traiciones familiares y, lamentablemente, malos tratos a mayores. Por el medio han saltado a la palestra los apellidos más poderosos de la ciudad: Rockefeller, Kissinger, Reagan, Graydon Carter, editor de la revista 'Vanity Fair'...
El modista puertorriqueño se convirtió en el salvavidas de Brooke Astor, la anciana más excéntrica, enérgica y encantadora de Nueva York, a la que su hijo, Anthony Marshall, y su nuera, Charlene, intentaron desplumar y arrebatarle toda su fortuna, calculada en 140 millones de euros. Sometieron a la 'dama de América' a todo tipo de vejaciones para conseguir el botín, además de robarle joyas y unos cotizados cuadros que colgaban de las paredes de su apartamento de Park Avenue. El juez sentenció recientemente que su único vástago manipuló la última voluntad de su madre, ya enferma de Alzheimer, en colaboración con su abogado, declarado culpable de conspiración y falsificar la firma de la finada en 2007. Sin embargo, estafarle no fue lo peor que le hicieron a esta entrañable mujer, que se lo pasaba en grande de fiesta en fiesta y repartiendo entre los más necesitados gran parte de la inmensa fortuna que le cayó en gracia al casarse con el último de sus tres maridos, Vincent Astor. Ha entregado 200 millones para obras de caridad.
La reina de la sociedad neoyorquina vivió sus últimos años encerrada en unas condiciones deprimentes en su espacioso dúplex. Su lujoso apartamento parecía un vertedero. Con las ventanas rotas de su habitación, pasaba las noches muerta de frío, durmiendo sin calefacción y pisando moquetas repletas de heces caninas. Los perros campaban a sus anchas por el comedor donde compartieron mantel el ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, el influyente ex secretario Henry Kissinger y Kofi Annan. La desdichada Brooke Astor solía pasar las tardes recostada sobre sofás repletos de manchas de orina. «Todo estaba muy sucio», lamentaban sus nietos. Fallecida a los 105 años, festejó su penúltimo cumpleaños sin satisfacer uno de sus caprichos: lucir una pieza de alta costura, a ser posible de su admirado De la Renta, que vistió a Cameron Díaz en la reciente entrega de los Oscar.
«'La cerdita Peggy'»
Su hijo, que fue agente de la CIA y embajador en la época de Richard Nixon, no le compró ningún vestido, le redujo las visitas del médico a una vez al mes y descartó habilitarle una cama con rieles para evitar que volviera a caerse al suelo. No acabaron aquí los maltratos. La enfermera de guardia, Pearline Noble, testificó en el juicio contra Anthony y su letrado Francis Morrisey: ambos «habían arrastrado por el recibidor» a la anciana antes de obligarla a cambiar el testamento. «Él no ha hecho nada malo», intercedió Charlene en defensa de su marido. Que en los estertores de su vida la privasen de su crema facial favorita -Estée Lauder- y se la cambiasen por un bote de vaselina resulta pecata minuta.
Posiblemente, Anthony no contaba con que uno de sus dos hijos - Phillip- terminara denunciándole harto de los malos tratos que sufría su adorada abuela, a la que solía consolar leyéndole poesía y dándole masajes en la cabeza.
Si bien es verdad que Brooke Astor nunca mantuvo una relaciones excelentes con Anthony, las cosas se torcieron definitivamente cuando apareció en escena Charlene. No es que no se aguantaran; sencillamente, se odiaban. La divertida Brooke la consideraba una arpía de cuidado: «No tiene clase ni cuello», fue lo más fino que soltó de su nuera. Al día siguiente, se vio a ésta con una bufanda azul. El desprecio adquirió tintes humillantes cuando 'The New York Times' publicó un reportaje en el que se contaba que el servicio doméstico de Astor se refería a Charlene como 'la cerdita Peggy'.
Temerosa de que a su muerte viviera a todo tren, Brooke lo dejó todo bien atado antes de sufrir demencia senil para que no tocara ni un dólar suyo. En caso de que su hijo falleciera antes que Charlene, toda la herencia iría a parar a la beneficencia. Astor sólo le dejó a 'Peggy' dos abrigos de piel... de segunda mano.
Óscar de la Renta y su mujer consiguieron la tutela legal de esta rica dama antes de fallecer. Les arroparon las sagas más poderosas de Nueva York, en un juicio donde la siempre presumida alta sociedad quedó retratada.
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Codicia. Anthony Marshall sometió a malos tratos a su madre, Brooke Astor, arriba. :: REUTERS

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