Rondaban las once de la noche y los vecinos del número 30 de la calle General Elorza ya con pijama y zapatillas veían la tele o charlaban con sus familias. Algunos ya estaban en la cama cuando llamaron al timbre de sus puertas: «¡Salga rápido, hay un incendio!», advertían otros residentes mezclados con agentes de la Policía Local. Hasta el lugar de los hechos se desplazaron cuatro patrullas de agentes municipales, otras tantas de la Policía Nacional, una ambulancia y dos dotaciones de bomberos. Al parecer, el incendió se inició en el noveno, «por un cortocircuito». Así lo explicó Ángel Díaz, uno de los inquilinos de la vivienda.
«Estaba viendo la televisión cuando mi cuñada me dijo que había fuego en una habitación que utilizamos para guardar cosas. Debió de ser un cortocircuito porque no había nada que pudiera provocar fuego», comentó Díaz. En el momento en que se originó el fuego, en la vivienda había ocho personas, cuatro niños y cuatro adultos, aunque ninguno resultó herido. Tampoco el resto de residentes precisó atención médica. Sólo una mujer de edad avanzada fue atendida por los servicios sanitarios mientras esperaba para regresar a su casa.
El edificio tiene un total de 69 viviendas, con otras tantas familias que esperaban tras la zona acordonada a que los bomberos sofocaran el fuego, mientras los agentes regulaban el tráfico y se ocupaban de que nadie se acercara a la fachada por si se producía algún desprendimiento de cascotes. «Había mucho humo y llamas de dos metros», describía Bladimir Pary, que lo primero que hizo fue llevar a su niño a casa de un amigo para que pasase la noche. De hecho, los bomberos tuvieron que desplegar la autoescala para poder acceder al piso abuhardillado.
Mientras unos observaban como los bomberos apagaban las llamas, muchos otros se refugiaban en el bar anejo al portal del incendio. Pedro González era uno de ellos. Vive en el 8ºC, «justo debajo del fuego», narraba. Estaba preocupado por su casa: «Estará inundada y destrozada. Me voy a quedar con lo que llevo puesto, la bata y las zapatillas», lamentó. También había mucho niños, que dormitaban sobre el regazo de sus madres o sobre las mesas del bar. Los bomberos trabajaron durante casi una hora para acabar con el incendio, que se saldó sin heridos.