La villa llanisca de Posada y la localidad riosellana de Sebreño celebraron ayer sus fiestas en honor a San José. En Posada los vecinos sacaron cinco ramos a la calle y en Sebreño la banda de gaitas El Esbardu puso calor y color a la jornada festiva. En ambos enclaves los lugareños se vieron acompañados por un elevado número de turistas y curiosos.
Los vecinos de Posada empezaron a movilizarse a mediodía y desde Posada la Vieja salieron con cinco ramos. El de rosquillas lo llevaban los niños Enol Vicente, Diego Sustacha, Lucas Somoano y Pelayo Borbolla, y el de pan dulce lo trasladaban Jorge Díaz, Gorka Santoveña, Guillermo de la Vega y Cristian Álvarez. El más pequeño de los tres armazones de mayor tamaño lo conducían Saúl Gutiérrez, Jesús Sustacha, Fernando Herrero y Álvaro Gutiérrez. El mediano lo transportaban Fernando Ruenes, Francisco Sustacha y los hermanos Aser y Noel González, mientras que en el más grande oficiaban como voluntarios costaleros Manuel Torga, David Gutiérrez y los hermanos Carlos y Alberto Vena.
Llevaban por delante la banda de gaitas Llacín, con 54 gaiteros y tamboriteros, y por detrás a más de 50 mozas ataviadas de llanisca, con Amparo Fuente tañendo el tambor.
La comitiva llegó a la iglesia parroquial y desde allí partió la procesión con la imagen de San José, hasta la Vega del Palaciu, donde se celebró la eucaristía, oficiada por el sacerdote Aurelio Burgos.
A continuación tuvo lugar el festival folclórico en el que los lugareños, acompañados por el gaitero Julián Herrero y el tamboritero Monchu Cue, bailaron la jota de Cadavedo, la danza del señor San Pedro, la jota del Cuera y el Pericote. Los niños interpretaron el Terpeletré.
La mañana se remató con una comida campestre a base de borona preñada, empanadas y mucha sidra. Por la tarde se celebró un festival de tonada con la participación de los acreditados interpretes Anabel Santiago y Celestino Rozada.
En Sebreño la fiesta comenzaba una hora más tarde. Vecinos y curiosos se congregaron en las inmediaciones del palacio de los Junco y el primer acto fue la procesión, que transitó por casi todas las calles de la aldea. Abría el cortejo la banda de gaitas El Esbardu, llegada de Avilés y dirigida por Borja Casas. En el grupo actúa como genial gaitero el niño Mark Krolikowski, de diez años y nacido en Avilés, de padres polacos. Todo un lujo el chaval.
Seguían las andas del santo, de cuyo traslado se ocupaban los devotos Gilberto Valle, José María Toraño, Ramón Cerra y Vicente Pendás. Y para demostrar su devoción basta con significar que Gilberto Valle lleva 58 años ejerciendo dicha función. A continuación aparecía un humilde ramo de pan artesanal llevado por Indalecio Ureta, José Navacerrada, Moisés Pendás y Ángel Aguado. Seguidamente aparecía el sacerdote Marcelino Montoto, párroco de Lastres, y un nutrido grupo de mozas vestidas con el traje regional. La misa puso broche de oro a la jornada matinal.