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La crisis de Grecia y el efecto dominó

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La crisis de Grecia y el efecto dominó

España tiene una situación mejor en cuanto a deuda pública, pero su vertiginoso aumento, el grave dato del paro y el elevado déficit público hacen temer que seamos la siguiente ficha de dominó que vaya a caer

04.05.10 - 03:25 -
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Grecia está de actualidad debido a los graves problemas financieros y económicos que atraviesa. El elevado volumen de la deuda pública del Estado heleno y el fundado temor a una suspensión de pagos que impida hacer frente a la liquidación de intereses del próximo 19 de mayo e incluso no poder devolver el principal de la deuda, han disparado todas las alarmas. La cifra que estimaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) que será necesario inyectar en Grecia para cubrir los vencimientos de la deuda pública de los próximos tres años, asciende a 110.000 millones de euros, pero, probablemente, dentro de unos días aflore una cantidad mayor. En este sentido, el hecho de que el tipo de interés que exigen los inversores en el mercado, para asumir el riesgo de un posible impago del país heleno, sea cada vez más alto, con un diferencial brutal sobre el bono alemán a 10 años de un 11%, es un perfecto termómetro y un claro indicativo del sentimiento del mercado respecto a la no fiabilidad de Grecia como deudor. La deuda pública griega ha sido rebajada por la agencia S&P al rango de 'bonos basura', mientras a Portugal se le han rebajado dos niveles y a España uno en el 'rating' de su deuda.
La grave crisis financiera internacional que desde el verano de 2007 se ha extendido por todo el mundo, ha castigado con especial dureza a aquellos países que han vivido por encima de sus posibilidades, tanto por el elevado consumo de la población, como por el excesivo y desordenado gasto público de sus gobiernos, siendo el caso griego un exponente claro de todo ello. Achacar a movimientos de especuladores las razones de esta situación es como culpar al tiempo de que llueva en lugar de abrir el paraguas para no mojarse. Si no existiese una debilidad previa, no habría ataque especulativo. Dicho de otro modo, los virus atacan a muchos organismos vivos, pero los que están más débiles y con menos defensas sufren más ese ataque.
La llegada de la crisis, con la consiguiente disminución de ingresos públicos, unido a las malas gestiones de los gobiernos presididos, sucesivamente, por Kostas Karamanlis y Papandreu, que no han adoptado medidas regeneradoras del tejido económico y se han limitado a contentar voluntades a corto plazo, han conducido al país a una situación cercana a la bancarrota. La actitud de sus dirigentes negando el problema y falseando cifras, ha empeorado notablemente la situación y les ha restado credibilidad internacional. En este escenario, surge la polémica por las diferentes posiciones adoptadas por sus socios europeos, siendo algunos partidarios de una ayuda incondicional y otros, en cambio, como el Gobierno alemán presidido por Angela Merkel, defienden la ayuda, pero condicionada a la adopción de las medidas regeneradoras y purificadoras necesarias. No ayudar dañaría la imagen de la Unión Europea , situaría a Grecia fuera del euro y llevaría al país heleno a una fuga de capitales y a una situación de 'corralito' semejante a la vivida por Argentina hace años, además de aumentar las probabilidades de que se extendiese el 'virus financiero' a países como Portugal, Irlanda y España, pero ayudar sin condición alguna puede sentar un peligroso precedente. Esperan tiempos convulsos para la sociedad griega.
España tiene una situación mejor en cuanto al volumen de deuda pública, pero la velocidad vertiginosa de aumento de la misma, unido al grave dato del desempleo que duplica el que tiene Grecia y el elevado nivel del déficit público, hacen temer que seamos la siguiente ficha de dominó que vaya a caer. No obstante, en este momento, los mercados no imponen a la deuda pública española unos tipos de interés como los de Grecia, lo cual es un indicio positivo. Además, por población y peso del país, un terremoto financiero en España dejaría al euro al borde del precipicio, lo que hace pensar que, si llegase aquí un momento de tal gravedad, las ayudas tanto de la UE como del FMI serían muy fuertes. No es probable que España quedase sola ante el peligro, pero la factura a pagar en los próximos años, en cuanto a dureza del ajuste, sería tremenda para los ciudadanos. Y, por otro lado, pensar en salirse del euro suena a suicidio, ya que supondría una gran devaluación y conllevaría no tener la protección de la UE. Es imprescindible que nuestros productos sean competitivos, para lo cual o se ofrece más calidad al mismo precio o mejor precio con igual calidad que los competidores. Por ello, o salimos del euro y asumimos esa devaluación, o habrá una especie de 'devaluación interna', con un ajuste drástico, bajada de precios y disminución de ingresos de los ciudadanos y del nivel de vida. Realmente, ambos caminos conducen a lo mismo, que es a apretarse el cinturón, pero la opción de salir del euro deja a un país solo e indefenso a la intemperie.
La crisis financiera internacional ha provocado grandes movimientos en el mercado de capitales, lo cual ha hecho que vuelva a estar de actualidad la idea defendida por el que fuera Nobel de Economía del año 1981 James Tobin, conocida como la 'tasa Tobin', consistente en que todo cambio de divisa implique el pago de una tasa, con la idea de frenar los movimientos especulativos propios de las situaciones de pánico financiero. La aplicación de dicha tasa poría atenuar algo los fuertes desplazamientos de capitales, pero no impedirlos y, además, el mercado de capitales, como cualquier otro, se guía por la búsqueda de la eficiencia y el aplicar esa tasa podría reducir dicha eficiencia, lo cual no sería bueno a largo plazo, ya que frenaría algo el desarrollo económico. El Banco Central Europeo ha recordado a España que la situación de Grecia debe hacernos reflexionar y el FMI pronostica que hasta 2016 no disminuiremos el desempleo. La aplicación de medidas económicas erráticas y a corto plazo, cediendo a grupos de presión, gobernar pensando en la próxima encuesta de intención de voto, la parálisis político-institucional, así como el maquillaje de los datos, unido a la negación de la evidencia del problema y a la toma de medidas muy poco creíbles para corregir el déficit, no constituyen buenas recetas para salir de la crisis. Además, tenemos un alto endeudamiento de las familias y una delicada situación del sistema financiero con bancos y cajas de ahorros con problemas de morosidad y liquidez, lo que les dificulta la concesión de créditos, así como un desempleo, camino de los 5.000.000 de parados, que causa perplejidad a escala mundial. Todo ello nos sitúa sentados sobre un polvorín que puede estallar en cualquier momento.
Las medidas de ajuste que no se han tomado por ser impopulares y tener un coste electoral, se acabarán tomando multiplicadas, pero, al venir impuestas desde afuera por la UE o por el FMI, parecerá que no son culpa de nadie y que no queda más remedio que adoptarlas. El Gobierno debe tomar medidas ya, con carácter de extraordinaria urgencia.
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